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“Cristina distribuyó el ingreso pero no la riqueza”

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Jonathan Báez, integrante del Centro de Derechos Económicos y Sociales (CDES), un colectivo ecuatoriano parte, como nosotros, de la red latinoamericana Latindadd, acaba de presentar un estudio académico para diferenciar dos conceptos, ingresos y riqueza, en principio equiparables pero, claro está, con un peso muy diferente en la estructura económica.

Maestrante de Sociología en FLACSO Ecuador, Báez -autor de interesantes trabajos como “Hilando la desigualdad: Grupos Económicos y paraísos fiscales en Ecuador”, utiliza, incluso, la denominada década ganada argentina, tomando la narrativa kirchnerista, para ilustrar el doble movimiento paradojal que se dio en esos años: concentración de los “activos productivos” y democratización del ingreso. “El índice de Gini de concentración de ingresos disminuyó en Argentina de 0.578 en 2003 a 0.470 en 2014. No obstante, la riqueza pareció tener una vía contraria. Así, en el caso de la propiedad de la tierra se observa un elevado nivel de concentración, con un índice de Gini de 0,83 en el año 2008, seguramente articulado a las necesidades del capital agroexportador relacionado con la soja”, argumenta Báez en diálogo con SES América Latina desde Quito.

-¿Por qué pusiste el ojo en Argentina para diferenciar dos conceptos, ingresos y riqueza, que suelen ser usados erróneamente como categorías semejantes?

-Es muy común escuchar que Latinoamérica es la región más desigual del mundo. Sin embargo, la medición del ingreso presenta subes y bajas, y en eso la coyuntura política es determinante. Durante el extinguido ciclo regional de gobiernos progresistas, incluso, la desigualdad disminuyó significativamente. Sin embargo, durante esos años, los gobiernos no atenuaron la concentración de los activos productivos, básicamente posesión de tierra o empresas, es decir de la riqueza.

Ese déficit genera que hoy, con un ciclo político zonal diferente en Sudamérica, la brecha del ingreso se haya resentido seriamente en contra de los sectores populares. Concretamente, ese doble estándar, continuidad en la distribución de la riqueza con graduales cambios en la democratización del ingreso, se vio con mucha claridad en Argentina durante los gobiernos de Néstor Kichner y Cristina Fernández.

Por ejemplo, a partir del año 2003, el indice de Gini en Argentina disminuye del 0.57 hasta el 0.47 en el año 2014. Es claro, entonces, que se logró una tendencia hacia la disminución de la desigualdad. Ahora, una vez llegado el presidente Mauricio Macri al gobierno, esa tendencia tomó un camino opuesto hacia una menos equitativa distribución de ingresos. En apenas dos años se revierte en Argentina lo logrado durante once años. La conclusión es que el principal escudo para conseguir una sociedad más justa pasa por repartir la producción de la riqueza en más manos.

-A partir del nuevo momento político regional, ¿Observas una reconcentración de los ingresos?

-Sí, es evidente cómo difiere el indice Gini cuando estudias un país gobernado por una administración conservadora en comparación con gestiones donde las políticas de asistencia sociales son más sólidas. Por ejemplo, volviendo al caso argentino, fue muy notorio como la mejora del salario mínimo fortaleció el ingreso de los quintiles más desfavorecidos. Sin embargo, el perfil de inserción económica internacional decidido en ese período dibujó, según mi punto de vista, contornos contradictorios en la disputa por el ingreso.

Es decir, durante el conocido boom de las materias primas, que benefició tanto a la Argentina como a sus vecinos, el decidido arbitraje estatal para tomar parte de las renta de las élites para financiar planes sociales fue fundamental para mejorar los índices sociales ya referidos. Pero, en paralelo, esa matriz productiva extractivista, expulsora de mano de obra y donde los grandes actores económicos dominan toda la escala de la producción, ya sea sojera o en minería, también generó, durante el mismo período estudiado, una mayor concentración de la riqueza.

-¿Una política tributaria más equitativa puede ser un paliativo en la política de ingresos?

-Claro, la estructura impositiva regresiva en Latinoamérica es una constante desde hace décadas. Lamentablemente, los impuestos indirectos sostienen buena parte de nuestros presupuestos públicos. Solo podemos alcanzar un horizonte más democrático si gravamos a las personas con mayores ingresos. No hay distribución si antes no hay una buena política recaudatoria.

Por ese motivo, un buen prisma para leer a los gobiernos pasa por ver su política impositiva. (Donald) Trump viene haciendo hincapié, por ejemplo, en suavizar el gravamen público a los multimillonarios y también a los grandes players del mercado. Y, precisamente, en Estados Unidos, el presidente Roosevelt en su momento subió del 25% hasta el 80% el impuesto federal a la renta, una tasa que sigue siendo resistida a los actores concentrados de la economía porque es un gran antídoto público contra la elusión fiscal privada. Y, al contrario de lo que se pregona, ese impuesto promovido por Roosevelt no enfrió la economía y, por supuesto, ayudo a mejorar el reparto del ingreso. La conclusión es clara: los impuestos progresivos y directos contribuyen a disminuir la desigualdad.

-¿El actual momento de la economía global tiende a hacer más ricos a los ricos?

-La investigación de Thomas Piketty es reveladora cuando demuestra que el crecimiento económico no genera por sí mismo una mejor distribución, como afirman desde otras escuelas de la economía. Sus estudios de larga data demuestran que el mercado global acentúa unas estructuras económicas favorables a los deciles más ricos y una centralización muy aguda del capital. Además, Piketty resalta que una mejor distribución, durante un ciclo de crecimiento, solo puede darse por la intervención de actores políticos. Que el mercado por sí sólo no puede, ni quiere, alimentar las dos variables: crecimiento e inclusión.

-¿Qué otras medidas graduales aconseja el CDES, aparte de la ya mencionada agenda tributaria, para democratizar el ingreso?

-Nuestra propuesta es generar una fuerte articulación civil en torno a un eje: no podemos depender de los ciclos económicos favorables para mejorar el ingreso. Durante la era progresista regional fue evidente que el Estado intervino en pos de ayudar a los sectores más relegados pero no fue tan activo para alterar las cuotas de poder de las élites.

Entonces, esa ambivalencia dejó un campo vacío que hoy es aprovechado por los gobiernos conservadores en favor de los deciles más ricos. Recapitulando, la afectación democrática de los activos productivos es clave para distribuir riqueza de forma constante y así no ser vulnerable a los momentos recesivos de la economía, y a la actuación de los gobiernos con un sesgo neoliberal.

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