Distribución de ingresos y riqueza en Argentina
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Distribución de ingresos y riqueza en Argentina

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Jonathan Báez [1]

Un rasgo de los últimos gobiernos en América Latina es disminuir la desigualdad de ingresos en sus países. Sin embargo, no ocurre lo mismo con la riqueza. De esta manera, esto puede incidir en una nueva ola de desigualdad. Este es el actual caso de Argentina.

Introducción

La desigualdad en América Latina es un tema persistente. La trillada frase “la región más desigual del mundo”[2] todavía es una característica, pero que se ha modificado en el transcurso del tiempo.[3] En consecuencia, todos los países de América Latina en el año 2000 muestran elevados índices de concentración del ingreso, superiores a 0,40. Así, la concentración de ingresos en Argentina es de 0,52. Esto sitúa a este país en el sexto lugar de un ranking de concentración de ingresos en países de América Latina (Solimano 2015, 199).[4] No obstante, existen momentos en los que esta tendencia se transforma y, al mismo tiempo, se mantiene. Es decir, la desigualdad de ingresos disminuye pero la concentración de la riqueza persiste. Este es el caso de Argentina.

Distribución del ingreso en Argentina: el tiempo de Perón

El rasgo característico del gobierno de Perón en Argentina (1946-1955) fue su relación con la clase trabajadora, lo que se tradujo en la implementación de políticas orientadas a mejorar las condiciones de vida de este conjunto de personas. Específicamente se creó una amplia red orientada al bienestar social. Uno de los puntos clave fue el aumento del salario real: “entre 1946 y 1949 los salarios reales de los trabajadores industriales aumentaron un 53 por ciento [lo que implicó a su vez el aumento del peso de los salarios en la renta nacional]que subió del 40,1 por ciento al 49 por ciento.” (James 2010, 24). A pesar de estos avances sociales para la clase trabajadora, parece ser que el programa de Perón no estaba dirigida a trastocar la estructura de la propiedad privada o la concentración de riqueza (entendida como la posesión de activos productivos. Entre ellos se encuentran la tierra, “la propiedad del capital físico de las empresas, la banca y activos financieros” (Solimano 2009, 11). Esto se expresó en su aversión a exacerbar la lucha de clases, buscando en su lugar la conciliación entre capital y trabajo, convirtiéndose el Estado en aquel conciliador.[5]

La historia del peronismo exhibió un rasgo particular: la posibilidad de que los gobiernos mejoren la condición de vida de las masas (en el caso argentino, de los trabajadores) sin afectar los beneficios de las clases dominantes. Es decir, sin alterar la apropiación de la riqueza apropiada por parte de estas últimas.[6] En este sentido, el presente ensayo pretende responder a la siguiente pregunta: ¿Es posible observar una disminución de la desigualdad de ingresos, sin que esto trastoque la concentración de la riqueza en Argentina? ¿Cómo ocurre este proceso?

Distribución del ingreso y riqueza en Argentina: el Kirchnerismo

En el análisis clásico de este tipo de gobiernos,[7] la posibilidad de disminuir la desigualdad de ingresos implica que:

(…) se impulsa una política redistributivista, mas que no actúa tanto sobre la relación obrero-patronal directa como sobre la redistribución global del excedente económico capitalista, a través de (…) [la]consiguiente creación de condiciones de acumulación en la industria que permitan elevar los salarios sin afectar la tasa de ganancia de la burguesía y más bien ampliando significativamente el mercado interno. (Cueva 2012, 231).

Los elementos planteados por Cueva indican que la redistribución opera en la esfera del excedente (rentas o ingresos) y no en la esfera que determina la división obrero-capitalista (riqueza). De esta forma, existe una redistribución que no implica modificar la estructura basada en la propiedad privada; a su vez, dicha redistribución permite la ampliación del mercado interno. Una de las principales condiciones para que la mencionada redistribución tenga lugar tiene que ver directamente con el ciclo de la economía. Si bien Cueva menciona a la industria como el sector eje, este puede variar, como lo demostró el aumento de los precios de los bienes primarios en la región durante los últimos 15 años. Este condicionamiento le permite al Estado convertirse en el conciliador de todos los intereses (arbitraje); dicha situación parece repetirse en los procesos políticos contemporáneos, como lo menciona Singer (2013) analizando el caso del lulismo:

(…) durante el ciclo expansivo del capitalismo, el arbitraje se vuelve más fácil, ya que las pérdidas se pueden compensar con los beneficios a distribuir. En el lulismo, se pagan altos intereses a los dueños del dinero y al mismo tiempo se aumenta la transferencia de ingresos a los más pobres. Se remunera el capital especulativo internacional y se subsidian las empresas industriales perjudicadas por el cambio sobrevaluado. Se aumenta el salario mínimo y se contiene el aumento de los precios con productos importados. Se financian simultáneamente los agronegocios y la agricultura familiar. (88).

En el caso del Kirchnerismo[8] se observan las condiciones clásicas que posibilitan una salida populista, un pre-proceso de crisis económica acompañada de una crisis política.[9] Ambas dejaron a Argentina en una complicada situación social, con sus consecuentes deterioros en la población. En este contexto, el PIB real del país mostraba una tendencia declinante, disminuyendo hasta tal punto que parecía alcanzar niveles parecidos a los de inicio de la década del 90. De esa manera, en el año 2002 el PIB real alcanzaba los USD 261 miles de millones. Lo mismo ocurre con el salario mínimo real, que aumenta ligeramente hasta el año 1994 y en años siguientes se estanca, disminuyendo hasta su nivel más bajo en 2002. No obstante, ese año fue un punto de quiebre. A partir de los años siguientes (entre 2002 y 2011) se observa un cambio en la tendencia declinante, tanto el PIB real como el salario mínimo real muestran un rápido crecimiento, con tasas promedio anuales de cerca del 6,39% en el primer caso y, en el segundo, de un 18,14%.

Gráfico 1: PIB real (1) y Salario Mínimo Real (2) en Argentina, 1990-2011.

Nota: 1) Producto Interno Bruto (PIB) total anual a precios constantes en dólares, 2010 = 100 y 2) Salario Mínimo anual medio a precios constantes 2000=100
Fuente: CEPAL- Estimaciones propias con base en fuentes oficiales. Elaboración: Jonathan Báez

Por consiguiente se observa que, por un lado, existe la condición de un ciclo expansivo de acumulación y, por otro, el aumento de los salarios es constante. Esto implica una redistribución del ingreso favorable a los trabajadores. Sin embargo, esta redistribución del ingreso no favorece en mayor medida a la población con menores ingresos. Como lo muestra la distribución del ingreso por quintiles en Argentina. Se observa que el quintil más rico (Quintil 5) disminuye considerablemente su peso en la distribución, pasa de representar el 62% en 2004 al 52% en 2014. Es decir, reduce su participación en 10 puntos porcentuales aproximadamente. En un sentido contrario, los quintiles 2, 3 y 4 aumentan su peso en 3 puntos porcentuales, mientras que el quintil más pobre (Quintil 1) aumenta su participación en tan solo un punto porcentual entre 2004 y 2014. Por lo tanto, durante el periodo de los Kirchner, si bien no se ha redistribuido el ingreso hacia el quintil más pobre, los demás quintiles si han aumentado su participación en el ingreso en detrimento del quintil más rico. [10] Lo que revirtió el aumento de la concentración del ingreso del quintil más rico en Argentina entre 1990-2002, periodo del auge neoliberal.

Gráfico 2: Distribución del ingreso por quintiles en Argentina (1), 1990-2014.

Nota: 1) Los datos de los que se disponían corresponden al sector urbano. El ingreso de las personas está ordenado por quintiles de ingreso per cápita. El quintil 1 corresponde a las personas más pobres y el quintil 5 a las personas más ricas.

Fuente: CEPAL- Estimaciones propias con base en fuentes oficiales. Elaboración: Jonathan Báez.

La distribución de los ingresos en Argentina posee una tendencia hacia la disminución de su concentración. El índice de Gini de concentración de ingresos disminuye de 0.578 en 2003 a 0.470 en 2014.[11] No obstante, la riqueza parece tener una vía contraria. Así, en el caso de la propiedad de la tierra se observa un elevado nivel de concentración, con un índice de Gini de 0,83[12] en el año 2008 (seguramente articulado a las necesidades del capital agroexportador relacionado con la soja[13]). Respecto a otros activos productivos[14], se observa que en Argentina están concentrados en un nivel muy superior al de los ingresos con un índice de Gini de 0,740 en el año 2000[15]. Mientras que, según el Global Wealth Report, en el año 2016 el índice de Gini era del 0,787. Si bien ambos datos no son comparables en el tiempo por las distintas metodologías empleadas para el cálculo, si indican el elevado nivel de concentración de la riqueza que existe en el país. No obstante, lo que muestran es que la concentración de la riqueza se ha mantenido constante a pesar de la disminución de la concentración del ingreso. 

Conclusiones

Es posible observar en el Kirchnerismo una mejora de las condiciones de vida de los trabajadores, expresado en un alza del nivel del salario mínimo real, así como una mejor redistribución del ingreso que beneficia a los quintiles más bajos de la población. No obstante, esta situación es posible o condicionada por el ciclo expansivo del capital, mismo que se observa en toda América Latina a partir del aumento de los precios de las materias primas (en el caso de Argentina se trata de la soja). Por otro lado, se observa que la riqueza está concentrada en niveles superiores a los del ingreso y, al parecer, se mantienen constantes. Por consiguiente, es posible mencionar que la estructura social de Argentina todavía mantiene el rasgo característico de propiedad privada de la riqueza en un limitado número de personas. En este sentido se plantea el siguiente cuestionamiento: si en el ciclo expansivo del capital es posible el arbitraje, durante una fase recesiva la redistribución de la renta se vuelve compleja y, dado que no se redistribuyó los activos productivos, ¿Es posible que exista una regresión en la distribución del ingreso, lo que probablemente se derive en un regreso a la concentración del ingreso que se observó durante el neoliberalismo, periodo en el que el quintil más rico concentraba cada vez una proporción superior? 

 


Bibliografía

Alvaredo, Facundo, y Leonardo Gasparini. Recent Trends in Inequality and Poverty in Developing Countries. Documento de Trabajo Nro. 151, Universidad Nacional de la Plata, 2013.

Credit Suisse. Global Wealth Report 2016. 2016.

Cueva, Agustín. «El populismo como problema teórico-político.» En Ensayos Sociológicos y Políticos, de Agustín Cueva, 221-234. Quito, 2012.

GRAIN. «Hungry for land dataset.» https://www.grain.org/. Mayo de 2014. https://www.grain.org/attachments/3011/download (último acceso: 25 de Mayo de 2016).

James, Daniel. Resistencia e Integración: el peronismo y la clase trabajadora argentina 1946-1976. Buenos Aires: Siglo Veintuno, 2010.

Piketty, Thomas. Capital in the Twenty-First Century. Cambridge: The Belknap Press of Harvard University, 2014.

Singer, André. «Los sentidos del lulismo ¿Será el lulismo un reformismo débil?» Revista de Trabajo, nº 11 (2013): 77-99.

Solimano, Andrés. Concentración Económica, Heterogeneidad productiva, Políticas Públicas y Contrato Social en Chile. Santiago de Chile, 2009.

—. Elites económicas, crisis y el capitalismo del siglo XXI. La alternativa de la democracia económica. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica Chile S.A., 2015.

Weyland, Kurt. «Clarificando un concepto: “el populismo en el estudio de la política latinoamericana”.» Diálogos, 2004: 9-50.


[1] Economista, maestrante en Sociología FLACSO-Ecuador. Autor de investigaciones sobre temas de desigualdad, concentración, mercado laboral, y grupos económicos. Entre ellas destacan “Acumulación en la Revolución Ciudadana: Concentración de mercados y grupos económicos en el sector agropecuario” y “Tendencias en la estructura agraria, inequidad rural y derecho a la alimentación y nutrición en el Ecuador post-neoliberal”. Miembro de la Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos (LATINDADD).

[2] “Deininger y Squire (1996), por ejemplo, afirman que sus datos confirman el hecho conocido de que la desigualdad en América Latina es considerablemente más alta que en el resto del mundo” (Alvaredo and Gasparini 2013, 12).

[3] En 2000 el coeficiente de Gini del ingreso en la región latinoamericana fue de 0,53 seguida por el G7 y Asia del Sur con unos índices de 0,41 y 0,40 respectivamente (Solimano 2015, 199). Sin embargo, “este tipo de evaluación se suele hacer combinando Ginis de ingreso para ALC con el consumo de Ginis para otras regiones. Con el ajuste (…) la media para ALC es de 43,8, ligeramente menor que en SSA (44,4) (Alvaredo and Gasparini 2013, 12).

[4] Los países que superan la desigualdad de ingresos son Brasil (0,59); Bolivia, Colombia y Chile (0,58); Paraguay (0,57) y Ecuador (0,54).

[5] En un discurso del primero de mayo en 1944 Perón decía: “Buscamos suprimir la lucha de clases suplantándola por un acuerdo justo entre obreros y patrones al amparo de la justicia que emana del Estado” (Peralta 1972, 120 citado en James 2010, 51).

[6] Se excluye de este análisis el caso de Cárdenas en México, que realizó una Reforma Agraria, trastocando la propiedad privada que determinaba el poder económico y político de la oligarquía.

[7] Así se denomina al estudio de los procesos políticos de Juan Perón, Getulio Vargas y Lázaro Cárdenas. Ver (Roxborough 1984, 11-14 citado en Weyland 2004, 22).

[8] Término con el que se designa al periodo en el que gobernaron los esposos Kirchner en Argentina (2003-2015), primero con Néstor Kirchner (2003-2007) que alcanzó la presidencia con la coalición política “Frente para la Victoria”, coalición que a su vez pertenece al Partido Justicialista; después, con Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015) que ganó en dos elecciones consecutivas con la misma coalición.

[9] La crisis económica del sistema neoliberal en Argentina estalló entre 2001 y 2002, específicamente se trató de una crisis del capitalismo financiero, expresado en el sistema bancario con la depreciación del peso, “lo que fue acompañado de una expropiación de los depósitos en los bancos quebrados, el llamado corralito” (Solimano 2015, 120) lo que implicó una inestabilidad política que se tradujo en la renuncia de Fernando de la Rúa como presidente, seguido de la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá después de su corto periodo como presidente (un poco más de un mes) y finalmente la relativa estabilidad que se dio en el gobierno de Eduardo Duhalde, antes de la entrada del Kirchnerismo.

[10] Lo que implicó una disminución importante del índice de Gini entre 2004 y 2014, pasa del 0,58 al 0,47 en ese periodo.

[11] Datos válidos a nivel urbano.

[12] Según datos del Censo Nacional Agropecuario realizado en 2008 por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Ver (GRAIN 2014).

[13] La soja es el principal producto de exportación de Argentina, si en 2004 las exportaciones ligadas a este producto representaba el 22% del total (7,7 miles de millones de dólares), en 2014 representa el 28% (19,1 miles de millones de dólares).

[14] Ver (Solimano 2015, 199).

[15](Solimano 2015, 199) en base a Davies et al. (2006) [Proyecto WIDER-UNU sobre la distribución de la riqueza en el mundo].

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