{"id":5122,"date":"2013-08-24T14:03:40","date_gmt":"2013-08-24T14:03:40","guid":{"rendered":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/?p=5122"},"modified":"2021-04-25T10:08:06","modified_gmt":"2021-04-25T10:08:06","slug":"investigacion-el-estado-del-debate-sobre-desarrollo-extractivismo-y-acumulacion-de-capital-en-el-ecuador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/investigacion-el-estado-del-debate-sobre-desarrollo-extractivismo-y-acumulacion-de-capital-en-el-ecuador\/","title":{"rendered":"Investigaci\u00f3n: El estado del debate sobre desarrollo, extractivismo y acumulaci\u00f3n de capital en el Ecuador"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Centro de Derechos Econ\u00f3micos y Sociales &#8211; CDES<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>El estado del debate sobre desarrollo, extractivismo y acumulaci\u00f3n de capital en el Ecuador<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>David Ch\u00e1vez<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>Diciembre 2013<\/strong><\/p>\n<p>Descargar documento en formato Word:\u00a0<a href=\"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/cdes_debate_extractivismo_informe_final.docx\">cdes_debate_extractivismo_informe_final<\/a><\/p>\n<hr \/>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 muchos de los problemas actuales son percibidos como problemas de intolerancia, antes que como problemas de desigualdad, explotaci\u00f3n o injusticia? \u00bfPor qu\u00e9 la propuesta de soluci\u00f3n es la tolerancia, antes que la emancipaci\u00f3n, la lucha pol\u00edtica, incluso la lucha armada? La respuesta inmediata descansa en la operaci\u00f3n ideol\u00f3gica b\u00e1sica del multiculturalismo liberal: la \u201cculturalizaci\u00f3n de la pol\u00edtica\u201d. Las diferencias pol\u00edticas \u2013diferencias condicionadas por la desigualdad pol\u00edtica o la explotaci\u00f3n econ\u00f3mica- son naturalizadas o neutralizadas como diferencias \u201cculturales\u201d, esto es, como diferentes \u201cestilos de vida\u201d que son algo dado, algo que no puede superarse. Ellas solo pueden ser \u201ctoleradas\u201d.<\/p>\n<p>Slavoj \u017di\u017eek<\/p>\n<p><em>Violence. Six Sideways Reflections<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc373742409\"><\/a>Contenido<\/h1>\n<p><a href=\"#_Toc373742409\">Contenido. 3<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742410\">Introducci\u00f3n. 4<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742411\">Las dos rutas de la cr\u00edtica al neoliberalismo. 8<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742412\">\u00bfNeo o Post? El problema del desarrollo.. 19<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742413\">Postdesarrollismo: la cr\u00edtica al extractivismo y al desarrollo.. 19<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742414\">La cr\u00edtica al extractivismo.. 20<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742415\">El desarrollo como problema.. 33<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742416\">La cr\u00edtica al neodesarrollismo.. 41<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742417\">Aproximaci\u00f3n al neodesarrollismo.. 45<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742418\">\u201c\u00a1Tan lejos, tan cerca!\u201d Lo com\u00fan y lo diferente en el debate. 50<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742419\">Coincidencias entre neodesarrollismo y postdesarrollismo.. 50<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742420\">El \u00e1mbito espec\u00edfico de la contraposici\u00f3n entre neodesarrollismo y postdesarrollismo.. 51<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742421\">El ausente problema del capitalismo. 54<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742422\">Los callejones sin salida del postdesarrollismo.. 54<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742423\">El problema del capital: una discusi\u00f3n ausente. 66<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742424\">Conclusiones. 84<\/a><\/p>\n<p><a href=\"#_Toc373742425\">Bibliograf\u00eda. 87<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h1><a name=\"_Toc373742410\"><\/a>Introducci\u00f3n<\/h1>\n<p>Este informe no trata de hacer un recuento de hechos, enumeraci\u00f3n de las innumerables violaciones de derechos, menci\u00f3n a la historia de abusos, etc. Tampoco hace una cuantificaci\u00f3n de los da\u00f1os del petr\u00f3leo o los posibles impactos de la mega-miner\u00eda. No efect\u00faa una estimaci\u00f3n de las cifras econ\u00f3micas y sus contrastes con los discursos gubernamentales que prometen el desarrollo en la otra esquina. No asume el tono de denuncia y repite reflexiones que han terminado por convertirse en lugares comunes. Por el contrario, este informe asume una labor m\u00e1s modesta e inc\u00f3moda, la de buscar los l\u00edmites, las paradojas, las ambig\u00fcedades contenidas en la discusi\u00f3n sobre el extractivismo y el desarrollo. Por lo tanto, con la enorme dificultad que implica, este documento escapa obsesivamente a la autocomplacencia de las posiciones insertas en el debate que es objeto de nuestro an\u00e1lisis, indagar por las fisuras existentes en este es el objetivo que se propone.<\/p>\n<p>De modo que, el tratamiento del debate sobre desarrollo y extractivismo que aqu\u00ed ensayamos procura un an\u00e1lisis que busca circunscribirlo en relaci\u00f3n con lo que puede definirse como la izquierda contempor\u00e1nea y su posicionamiento en el campo pol\u00edtico e ideol\u00f3gico. En concreto, nuestro enfoque intenta determinar ciertos elementos que hagan posible observar la relaci\u00f3n entre la cr\u00edtica ecol\u00f3gica y la cr\u00edtica marxista en la conformaci\u00f3n del campo de debate desarrollado en los \u00faltimos a\u00f1os en el Ecuador. Para ello seguimos los trabajos de Paul Burkett Burkett, 1999; 2006) y John Bellamy Foster (2000) respecto de la posibilidad te\u00f3rica y pol\u00edtica de un encuentro de ambas perspectivas en la posibilidad de construcci\u00f3n de lo que puede denominarse como una alternativa \u201cecosocialista\u201d. \u00bfEsta vinculaci\u00f3n ha sido posible en el debate actual sobre desarrollo y extractivismo?, \u00bfse puede hablar de la consolidaci\u00f3n de una cr\u00edtica ecosocialista? Estas las preguntas que conducen el balance del campo de debate que proponemos.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta referencia te\u00f3rica hace parte de un contexto interpretativo de mayor alcance. El examen de las distintas posiciones del debate se efect\u00faa bajo su localizaci\u00f3n en el espacio general de la pol\u00edtica contempor\u00e1nea. En este sentido, retomamos las tesis de \u017di\u017eek (1998; 2001) y Ranci\u00e8re (1995; 1996; 2005) respecto de la imposici\u00f3n de la pol\u00edtica postmoderna entendida como una \u201cpol\u00edtica del consenso\u201d, es decir, una pol\u00edtica en que la dimensi\u00f3n antag\u00f3nica ha sido borrada o denegada; y, en la cual ha sido destituida la preocupaci\u00f3n por lo universal en favor de la explosi\u00f3n de las particularidades. As\u00ed, \u017di\u017eek (2001) anota que lo que se halla amenazado por la el capitalismo contempor\u00e1neo no son las identidades particulares, sino la posibilidad de la pol\u00edtica misma, la imposibilidad de la universalidad. Su propuesta es clara, la izquierda puede reconstituir la necesaria vuelta a la politizaci\u00f3n solo recuperando el sentido de universalidad (pp. 199-200) y reafirmando el antagonismo radical que supone la pol\u00edtica (p. 191). En este contexto nuestras inquietudes apuntan a descifrar cu\u00e1l es la relaci\u00f3n del debate que analizamos con esta forma peculiar de conformaci\u00f3n del campo pol\u00edtico. Dicho de otro modo, en qu\u00e9 medida este debate se encuentra inscrito dentro de la \u201cpol\u00edtica consensual\u201d, es decir, de la denegaci\u00f3n de la \u201cpol\u00edtica real\u201d.<\/p>\n<p>La configuraci\u00f3n de este campo pol\u00edtico \u201cconsensual\u201d es significativamente compleja. A primera vista se puede afirmar que sencillamente las tendencias multiculturalistas \u201cliberales\u201d difieren radicalmente de las tendencias decoloniales \u201crevolucionarias\u201d. Aunque aqu\u00ed no es posible discutirlo extensamente, lo sustancial es que ambas posturas, a pesar de sus diferencias evidentes, comparten ciertos fundamentos te\u00f3ricos derivados del \u201cgiro cultural\u201d, del paso de la preocupaci\u00f3n por la reproducci\u00f3n material al campo de la \u201ccultura\u201d como espacio privilegiado para la explicaci\u00f3n de la vida social. Hay una gran diversidad de posiciones resultantes de ese profundo cambio te\u00f3rico que van desde Habermas hasta Mignolo, lo que les es com\u00fan es el desplazamiento de la clave interpretativa hacia lo simb\u00f3lico o lo cultural. Ah\u00ed radica \u2013adem\u00e1s- el n\u00facleo de la discusi\u00f3n pol\u00edtica que esto plantea. Debemos aclararlo, la preocupaci\u00f3n por la relaci\u00f3n entre la cultura y la reproducci\u00f3n material nunca ha sido ajena a la mejor tradici\u00f3n marxista (basta pensar en Luk\u00e1cs, la Escuela de Frankfurt, Gramsci o Echeverr\u00eda), quienes cerraron filas radicalizando esa oposici\u00f3n fueron los detractores del marxismo que resultaron del giro cultural. Esto es lo que vincula a dichas posiciones con el postmodernismo, con todas las dificultades que contiene este concepto. Es cierto, hay diferencias, hasta contradicciones con los enfoques m\u00e1s liberales,\u00a0 pero hay un consenso en relaci\u00f3n con el tema de la vida material. En suma, se trata del famoso paso del \u201cparadigma de la producci\u00f3n\u201d al \u201cparadigma de la significaci\u00f3n\u201d. Cuando \u017di\u017eek habla de \u201cconsenso liberal multicultural\u201d se est\u00e1 refiriendo a este problema te\u00f3rico y pol\u00edtico; de ah\u00ed que buena parte de sus cr\u00edticas se dirijan contra los \u201cprogresistas europeos\u201d que eluden plantear el problema del capital como un problema irresoluble dentro de la misma l\u00f3gica del capital, aunque adscriban al ecologismo, luchen por el respeto a las diversidades y defiendan el Estado de bienestar.<\/p>\n<p>Ahora bien, nuestro planteamiento procura hacer un balance del campo de debate sobre la base de un balance de cada posici\u00f3n en disputa as\u00ed como de las tensiones e indeterminaciones derivadas tanto de su estructuraci\u00f3n interna como de su relaci\u00f3n con otras posiciones. Esto tratando de llevar ese an\u00e1lisis inicial a un contraste con este marco general sobre las dimensiones pol\u00edticas a las que puede referirse el campo del debate. De lo que se trata es de reconstruir una especie de ruta de construcci\u00f3n de las distintas posiciones, de modo que podamos establecer los puntos nodales que las soportan. En este sentido conviene examinar los aspectos generales que delinean ese campo de debate y sus posiciones como un necesario punto de partida. Nuestra hip\u00f3tesis indica que hay una convergencia en la manera de problematizar el extractivismo y el desarrollo as\u00ed como en la necesidad de superarlos. Por supuesto, se pueden evidenciar diferencias y matices, pero estos no afectan los postulados fundamentales de ambas posiciones.<\/p>\n<p>Pues bien, para el an\u00e1lisis de estas posiciones se ha realizado una selecci\u00f3n bibliogr\u00e1fica de documentos que recogen el enfoque te\u00f3rico-pol\u00edtico tanto de las posiciones neodesarrollistas gubernamentales y las cr\u00edticas postdesarrollistas. Nos hemos concentrado en el an\u00e1lisis de los elementos del debate que se ha llevado a cabo desde el inicio del proceso pol\u00edtico del actual gobierno. Esto en consideraci\u00f3n de que este nuevo proceso representa cambios significativos en la configuraci\u00f3n del campo de debate y de los conflictos relacionados con los proyectos que se impulsan como parte del programa gubernamental. En cuanto es posible, intentamos referir el debate nacional a las discusiones regionales sobre el postextractivismo y el postdesarrollo, no obstante, en enfoque se ci\u00f1e a la discusi\u00f3n en el contexto nacional.<\/p>\n<p>En el primer cap\u00edtulo nos aproximamos a la problematizaci\u00f3n planteada por la cr\u00edtica postdesarrollista. En concreto se trata de un examen de la cr\u00edtica que esta posici\u00f3n efect\u00faa en relaci\u00f3n con el extractivismo y el desarrollo. Se intenta evidenciar algunas contradicciones y tensiones al interior de esta posici\u00f3n. Luego, en el segundo cap\u00edtulo, se pone en relaci\u00f3n esta perspectiva cr\u00edtica con la que postula el gobierno, aqu\u00ed se hace \u00e9nfasis en los elementos comunes y las diferencias entre ambas posiciones. En un tercer cap\u00edtulo hacemos un desplazamiento conceptual hacia la problematizaci\u00f3n del capitalismo en el marco del debate, intentamos mostrar los l\u00edmites de las propuestas alternativas y la relaci\u00f3n que esto tiene con el modo de abordar el capitalismo al interior de este campo de debate. Finalmente proponemos algunas breves conclusiones preliminares.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc373742411\"><\/a>Las dos rutas de la cr\u00edtica al neoliberalismo<\/h1>\n<p>Sin conjurar del todo el riesgo de simplificaci\u00f3n es posible encontrar los antecedentes del debate actual en las diferentes posturas cr\u00edticas esbozadas desde las izquierdas durante el per\u00edodo de hegemon\u00eda del programa neoliberal en el Ecuador. Haciendo un recorte algo grosero de la historia reciente se puede decir que las pol\u00edticas neoliberales en el pa\u00eds se aplican \u2013con mayor o menor grado de intensidad- desde mediados de la d\u00e9cada de los 80 hasta mediados de la d\u00e9cada de los 2000; pero es en la d\u00e9cada de los 90 en la que este programa se consolida, aunque no se puede perder de vista que \u2013debido a varios factores- aquel programa nunca llega a aplicarse de modo definitivo ni alcanza la profundidad que tuvo en otros pa\u00edses de la regi\u00f3n. En cualquier caso, esta \u00e9poca se caracteriza principalmente por el desmantelamiento del intento de \u201cdesarrollo end\u00f3geno\u201d que se puso en pr\u00e1ctica en la d\u00e9cada de los setenta con el impulso decisivo del llamado <em>boom<\/em> petrolero.<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a><\/p>\n<p>Detenerse en las razones que explican el relativo \u201cfracaso\u201d de la implementaci\u00f3n del neoliberalismo en el Ecuador es \u00fatil para contextualizar la situaci\u00f3n del debate sobre desarrollo y extractivismo existente en la actualidad. En t\u00e9rminos generales, es posible se\u00f1alar dos elementos fundamentales que obstaculizaron su aplicaci\u00f3n, ambas referidas a la crisis de hegemon\u00eda cr\u00f3nica del Ecuador:<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> a) la imposibilidad de los sectores dominantes por articular una cohesi\u00f3n suficiente de sus intereses en una expresi\u00f3n pol\u00edtica estable capaz de representar su unidad; como es sabido, la inestabilidad pol\u00edtica desatada en este per\u00edodo lleg\u00f3 al paroxismo en los 90, lo que \u2013en buena medida- se deb\u00eda a que ning\u00fan grupo pol\u00edtico en el gobierno pod\u00eda convertirse en representaci\u00f3n del \u201cinter\u00e9s com\u00fan\u201d de los sectores dominantes; la hist\u00f3rica fragmentaci\u00f3n regional de estos sectores estuvo presente a lo largo de todo este tiempo;<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> y, b) fuertemente vinculado con el punto anterior, la recomposici\u00f3n pol\u00edtica de los sectores populares que tuvo en el centro la emergencia del movimiento ind\u00edgena a inicios de los 90 y su proyecto de Estado plurinacional que podr\u00eda catalogarse como \u201cnacional-popular\u201d, es decir la conjunci\u00f3n de los derechos colectivos de pueblos y nacionalidades con un proyecto de unidad nacional con los sectores populares como actores fundamentales; es precisamente esta interesante conjunci\u00f3n la que convirti\u00f3 al movimiento ind\u00edgena en el opositor fundamental, desde los sectores dominados, al programa neoliberal. Sobra decir que esta doble din\u00e1mica configur\u00f3 un proceso pol\u00edtico que dista mucho de ser ineluctable y monol\u00edtico; por el contrario, estuvo lleno de avances y retrocesos, consolidaciones y fisuras, etc.<\/p>\n<p>En este contexto, tanto la identidad pol\u00edtica de la izquierda como la configuraci\u00f3n de su discurso ideol\u00f3gico y te\u00f3rico se desarrollar\u00e1n teniendo a la cr\u00edtica al neoliberalismo como n\u00facleo de sus formulaciones y sus acciones. Desde diversas perspectivas las cr\u00edticas se enfilar\u00e1n contra la imposici\u00f3n del llamado \u201ccapitalismo salvaje\u201d, es decir, se confrontar\u00e1 con la liberalizaci\u00f3n econ\u00f3mica, la reducci\u00f3n del Estado, las privatizaciones, la desregulaci\u00f3n favorable a los capitales transnacionales, la crisis de representaci\u00f3n democr\u00e1tica, el desmantelamiento de los pol\u00edticas sociales, la apertura comercial v\u00eda tratados de libre comercio, etc. Pero, en este marco tambi\u00e9n hab\u00eda tenido lugar algo as\u00ed como la \u201ceclosi\u00f3n de las diversidades\u201d, las demandas pol\u00edticas hab\u00edan sufrido una significativa modificaci\u00f3n, frente a los efectos del neoliberalismo las demandas pol\u00edticas exig\u00edan respeto y reconocimiento a los derechos de la diversidad reclamados por distintos sectores que se identificaban como excluidos o marginados por la imposici\u00f3n neoliberal. Un tercer elemento hab\u00eda aparecido en escena en este proceso: la cr\u00edtica ecologista al modelo neoliberal; en el campo de la izquierda los cuestionamientos del ecologismo pon\u00edan \u00e9nfasis en la tendencia a la destrucci\u00f3n de la naturaleza que resultaban inherentes a las pol\u00edticas econ\u00f3micas neoliberales, la desregulaci\u00f3n y la liberalizaci\u00f3n econ\u00f3micas conduc\u00edan inevitablemente a un incremento significativo de las presiones y los impactos negativos sobre los recursos naturales.<\/p>\n<p>Todo esto habr\u00eda configurado algo que algunos definen como \u201cnueva izquierda\u201d o \u201cizquierda moderna\u201d. Esto significada que hab\u00eda ocurrido una recomposici\u00f3n de las fuerzas pol\u00edticas identificadas con la izquierda definida principalmente por una importante modificaci\u00f3n en sus demandas y su proyecto pol\u00edtico (Pachano, 2003). Es aqu\u00ed donde se debe tener en cuenta un factor adicional de extraordinaria importancia: la crisis de la llamada \u201cizquierda tradicional\u201d. Evidentemente vinculada con la crisis mundial de la izquierda revolucionaria, en el Ecuador esa izquierda se hallaba en una situaci\u00f3n de agotamiento pol\u00edtico que se expresaba en varios fen\u00f3menos importantes: el debilitamiento del que fuera un poderoso movimiento de trabajadores en los a\u00f1os ochenta, la derrota de un intento de insurrecci\u00f3n armada que fue violentamente reprimido en esa misma d\u00e9cada; y, la conversi\u00f3n de gran parte de sus cuadros pol\u00edticos a la socialdemocracia o abiertamente a la derecha.\u00a0 No obstante, buena parte de esta izquierda encontr\u00f3 posibilidades de acci\u00f3n y reflexi\u00f3n en el nuevo campo pol\u00edtico abierto por las condiciones descritas l\u00edneas arriba.<\/p>\n<p>Pero indudablemente las condiciones eran distintas. De hecho, el n\u00facleo de la nueva identidad pol\u00edtica de la izquierda se construye sobre la base de una cr\u00edtica expl\u00edcita a la izquierda de inspiraci\u00f3n marxista. Los nuevos movimientos sociales tendr\u00e1n como elemento com\u00fan la consideraci\u00f3n de que la izquierda marxista subordin\u00f3, reprimi\u00f3 o sencillamente nunca consider\u00f3 sus demandas centrales debido al predominio de la pol\u00edtica de clase y la adscripci\u00f3n incuestionable al \u201cparadigma del desarrollo\u201d. De cualquier modo, la \u201cvieja izquierda\u201d no desapareci\u00f3 sino que logr\u00f3 articularse al campo pol\u00edtico dirigido por los nuevos movimientos sociales, cuyo actor central era \u2013sin duda- el movimiento ind\u00edgena. Todo hace pensar que las diferencias existentes entre la izquierda revolucionaria, sindicalista y partidista que ven\u00eda de los procesos de las d\u00e9cadas de los 70 y los 80\u00a0 y la izquierda de los movimientos sociales de los 90, se neutralizaron notoriamente por la unificaci\u00f3n que provoc\u00f3 la lucha contra el programa neoliberal impulsado por los sectores hegem\u00f3nicos; esto es significativo porque estas diferencias se volver\u00e1n m\u00e1s visibles y determinantes con la crisis del neoliberalismo y la transformaci\u00f3n del campo pol\u00edtico que ocurre en la segunda mitad de la d\u00e9cada de 2000.<\/p>\n<p>Sin embargo, no se puede perder de vista que lo ocurrido con el neoliberalismo representa un profundo retroceso pol\u00edtico del que a\u00fan hasta ahora no podemos salir del todo. Bien se puede decir que ese fue un proceso mundial cuya extensi\u00f3n y profundidad todav\u00eda est\u00e1 por descifrarse. La derrota de la revoluci\u00f3n mundial y la mejor tradici\u00f3n pol\u00edtica de la izquierda comunista supuso la entrada en una \u00e9poca caracterizada por la \u201cactualidad de la contra-revoluci\u00f3n\u201d como dir\u00eda Bol\u00edvar Echeverr\u00eda prafraseando en sentido inverso la conocida expresi\u00f3n de Luk\u00e1cs. Pero es necesario precisar en qu\u00e9 consiste ese retroceso, en concreto se trata de la neutralizaci\u00f3n o exclusi\u00f3n de la posibilidad de transformaci\u00f3n hist\u00f3rica del capitalismo hacia formas de sociedad postcapitalistas. La supresi\u00f3n de las alternativas al capitalismo ser\u00e1 el fundamento del nuevo campo pol\u00edtico. Para la \u201cnueva izquierda\u201d el horizonte radical en ese nuevo campo ser\u00e1 la apuesta por propuestas reformistas radicales basadas en pol\u00edticas fuertes de redistribuci\u00f3n, reconocimiento de derechos, democracia radical, ampliaci\u00f3n de la participaci\u00f3n pol\u00edtica y defensa de la naturaleza. A primera vista, cierto sentido parad\u00f3jico atraviesa a la \u201cnueva izquierda\u201d, representa avances en la incorporaci\u00f3n de nuevas demandas, al tiempo que constituye un retroceso en la posibilidad de la pol\u00edtica como superaci\u00f3n del capitalismo en b\u00fasqueda de la igualdad y una sociedad distinta de tipo socialista. Sin embargo, lo parad\u00f3jico es mera apariencia, en el campo pol\u00edtico es esta \u00faltima condici\u00f3n la que resulta determinante, puesto que anulada la posibilidad de una alternativa solo queda insertarse con mayor o menor radicalidad en el \u00e1mbito de acci\u00f3n definido por la politicidad neoliberal que \u2013adem\u00e1s- dista much\u00edsimo de ser lineal, homog\u00e9nea o \u00fanica; por el contrario el signo del capitalismo contempor\u00e1neo \u2013quiz\u00e1 del de todas las \u00e9pocas- es la heterogeneidad, la diversidad, el consumo \u201cconsciente\u201d, el trabajo \u201clibre\u201d, etc.\u00a0 El s\u00edntoma m\u00e1s dram\u00e1tico de esta condici\u00f3n se refleja en el car\u00e1cter que asumen las alternativas en ese campo de nueva izquierda, se trata de propuestas excesivamente generales en las que resulta sumamente dif\u00edcil encontrar una dimensi\u00f3n pol\u00edtica concreta. Los dos lados de la anulaci\u00f3n pol\u00edtica: la negaci\u00f3n fatalista o la mixtificaci\u00f3n de una alternativa radical al capitalismo.<\/p>\n<p>Pues bien, en medio de este contexto pol\u00edtico son reconocibles dos tendencias al interior de la cr\u00edtica al neoliberalismo desarrollada desde la izquierda. Aunque ambas presentan elementos comunes sus modos de problematizaci\u00f3n del neoliberalismo difieren en la construcci\u00f3n de sus objetos de an\u00e1lisis, as\u00ed como los distintos \u00e9nfasis en aspectos espec\u00edficos.<\/p>\n<p>En primer lugar est\u00e1 la tendencia que puede definirse como \u201cneokeynesiana\u201d; en el centro de su campo de problematizaci\u00f3n est\u00e1 el \u00e1mbito econ\u00f3mico. Su cr\u00edtica pone en cuesti\u00f3n los efectos sociales y econ\u00f3micos de la liberalizaci\u00f3n econ\u00f3mica tales como el desmantelamiento de las pol\u00edticas sociales, la reprimarizaci\u00f3n de la econom\u00eda, el predominio del capital financiero, el incremento de la pobreza y la desigualdad en la distribuci\u00f3n del ingreso, etc. Contrapone a esta perspectiva la necesidad de fortalecer el Estado y mediante su intervenci\u00f3n en la econom\u00eda garantizar derechos y asegurar una redistribuci\u00f3n del ingreso (Correa, 2005; S\u00e1nchez, 2005; Carrasco, 2005). Pero esta l\u00ednea cr\u00edtica no se limita solamente a la recuperaci\u00f3n de las pol\u00edticas de reforma de inspiraci\u00f3n keynesiana, incorpora tambi\u00e9n otros elementos provenientes de la cr\u00edtica ecologista a la econom\u00eda neocl\u00e1sica. A los efectos econ\u00f3micos y sociales se suman los impactos negativos sobre el ambiente y la afectaci\u00f3n a los equilibrios ecol\u00f3gicos que el neoliberalismo genera (Falcon\u00ed, 2002; Falcon\u00ed &amp; Larrea, 2003; Larrea, 2006; Mart\u00ednez Alier &amp; S\u00e1nchez, 2004). Entonces, en su conjunto esta tendencia contrapone al neoliberalismo cuestionamientos derivados de la necesidad de un desarrollo que permita ajustar la din\u00e1mica del crecimiento econ\u00f3mico, por un lado, a los l\u00edmites ecol\u00f3gicos; y, por otro, al mejoramiento de las condiciones de vida de la poblaci\u00f3n. Algunas de las versiones de esta perspectiva ampliaron el enfoque hacia la necesidad de incorporar criterios relacionados con el respeto a las formas diversas de organizaci\u00f3n de la econom\u00eda de acuerdo a enfoques \u00e9tnicos y de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>En segundo lugar, aparece la tendencia cr\u00edtica que se deriva de aquello que puede definirse como la \u201ccr\u00edtica a la modernidad\u201d. En ella se incluyen diversos enfoques relacionados principalmente con la post o decolonialidad (Walsh, 2002). El centro de su cr\u00edtica al neoliberalismo se sostiene en una mirada m\u00e1s amplia que pone en cuesti\u00f3n a esta doctrina como parte de un concepto m\u00e1s general: el progreso (que incluye al desarrollo). Desde este enfoque, el concepto de progreso ser\u00eda uno de los m\u00e1s importantes fundamentos de la modernidad, cuya versi\u00f3n hist\u00f3rica de origen euroc\u00e9ntrico permiti\u00f3 el dominio de la civilizaci\u00f3n occidental sobre otros pueblos destruyendo o supeditando sus formas de vida (organizaci\u00f3n econ\u00f3mica, pol\u00edtica y econ\u00f3mica). En este sentido, las distintas versiones del desarrollo no ser\u00edan otra cosa que diversas manifestaciones de un mismo proceso de dominaci\u00f3n cultural y material que favorecer\u00edan la imposici\u00f3n de la modernidad europea. La cr\u00edtica ecologista se identifica fuertemente con esta perspectiva, en particular en el ecologismo m\u00e1s radical, dado que sus cuestionamientos no se limitan a los ajustes keynesianos sino que demandan una cr\u00edtica m\u00e1s amplia a toda la concepci\u00f3n moderna del desarrollo. En este sentido, tanto la cr\u00edtica desde la decolonialidad como desde el ecologismo radical se inscriben en un nivel m\u00e1s amplio que corresponde a la dimensi\u00f3n civilizatoria.<\/p>\n<p>Aunque, como hemos dicho, existen diferencias entre ambas posiciones no se puede decir que se trate de una contradicci\u00f3n entre ellas ni mucho menos. Se trata de la distinci\u00f3n entre \u00e1mbitos de reflexi\u00f3n pol\u00edtica y te\u00f3rica sobre el neoliberalismo, la necesidad de cambiar la concepci\u00f3n de desarrollo predominante, de parar con la destrucci\u00f3n de la naturaleza, de cambiar las pol\u00edticas econ\u00f3micas, entre otras, hacen parte de los fundamentos comunes que al final de cuentas constituyen el panorama pol\u00edtico de la nueva izquierda postmarxista. Esto no se limita a la construcci\u00f3n de un discurso acad\u00e9mico, es la expresi\u00f3n de un proceso que ha configurado un programa pol\u00edtico con aquel contenido, el mismo que ha sido exigido a trav\u00e9s de la constante movilizaci\u00f3n social que va desde 1990 hasta mediados de los a\u00f1os 2000 con el movimiento ind\u00edgena en el centro.<\/p>\n<p>Se ha insistido en que ese proceso es el indudable antecedente para el aparecimiento del movimiento Alianza Pa\u00eds y el viraje pol\u00edtico que tiene lugar con su llegada al poder en 2007. \u00bfQu\u00e9 duda cabe? Efectivamente as\u00ed es, una r\u00e1pida mirada al listado de cr\u00edticos al neoliberalismo en aquella \u00e9poca y se puede ver f\u00e1cilmente varios nombres de los actuales ministros de Estado, as\u00ed como de los l\u00edderes de la izquierda opositora. La resistencia al neoliberalismo no solo hab\u00eda socavado sus posibilidades de aplicaci\u00f3n sino que hab\u00eda configurado una especie de agenda m\u00ednima para iniciar el tr\u00e1nsito hacia el \u201cpostneoliberalismo\u201d. Este no es el lugar para hacer una amplia discusi\u00f3n sobre el significado del cambio pol\u00edtico, pero es necesario tener en cuenta que el actual gobierno lleva a cabo un proceso de desmantelamiento del Estado neoliberal, para ello se incrementa significativamente la inversi\u00f3n p\u00fablica en todos los \u00e1mbitos, con especial \u00e9nfasis en el aumento de la inversi\u00f3n social, mayores regulaciones y control sobre la econom\u00eda, recuperaci\u00f3n de la planificaci\u00f3n, etc. Pero no solo esto, quiz\u00e1 lo m\u00e1s importante de la actual situaci\u00f3n pol\u00edtica es el efectivo cumplimiento de metas relacionadas con el mejoramiento de las condiciones de vida de la poblaci\u00f3n, as\u00ed como la disminuci\u00f3n de la pobreza y la desigualdad. Al mismo tiempo, especialmente en los \u00faltimos a\u00f1os, son evidentes los l\u00edmites al programa de reformas, estas parecen haberse detenido en unos casos y retrocedido en otros. Un balance general muestra la aplicaci\u00f3n de un reformismo moderado de parte del gobierno que, m\u00e1s all\u00e1 de la reforma institucional del Estado, no presente cambios estructurales de importancia.<\/p>\n<p>En este contexto, el tema que transform\u00f3 las diferencias entre las posiciones descritas l\u00edneas arriba en contradicciones irreconciliables tiene que ver con la pol\u00edtica sobre industrias extractivas implementada por el gobierno. Esta se ha caracterizado por dos elementos centrales; por una parte, la recuperaci\u00f3n del control nacional sobre los recursos por medio de una renegociaci\u00f3n de los contratos con las empresas petroleras que revirti\u00f3 completamente la situaci\u00f3n de desventaja que ten\u00eda el Estado en el per\u00edodo neoliberal; por otra, una intensificaci\u00f3n y extensi\u00f3n de las actividades hidrocarbur\u00edferas y mineras justificadas en la necesidad de un flujo mayor de recursos a la econom\u00eda nacional para garantizar el avance del programa de reformas llevado adelante por el gobierno. Es este \u00faltimo aspecto el que prevalece en la confrontaci\u00f3n actual entre el gobierno y la izquierda opositora, lo cual ha generado \u2013como hemos referido- una distinci\u00f3n antag\u00f3nica en las posiciones de uno y otro lado, as\u00ed como una significativa conflictividad local relacionada con la implementaci\u00f3n de los proyectos gubernamentales en esos sectores econ\u00f3micos.<\/p>\n<p>Lo que hace compleja la aproximaci\u00f3n al campo de debate actual sobre este tema es que, dado que provienen de un campo pol\u00edtico com\u00fan, ambas posiciones comparten ciertos fundamentos sobre los que se construye su discurso y acci\u00f3n pol\u00edticos. Un buen ejemplo de ello es lo que ocurre con el concepto de <em>Sumak Kawsay<\/em> o Buen Vivir, ambas reivindican ser las portadoras del verdadero contenido del concepto, lo curioso es que cuesta mucho encontrar en cualquiera de las dos posturas una definici\u00f3n que le asigne un contenido pol\u00edtico claro y concreto a ese concepto; adem\u00e1s, son notables -m\u00e1s bien- las coincidencias en las aproximaciones generales\u00a0 y las consideraciones declarativas que se hacen sobre el mismo.<\/p>\n<p>No obstante, creemos que se puede decir que por efecto del proceso pol\u00edtico actual se han configurado dos posiciones pol\u00edticas que se derivan, a su vez, de las dos l\u00edneas cr\u00edticas al neoliberalismo. Las posiciones en debate corresponden a lo que vamos a definir como: \u201cneodesarrollismo\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a> y \u201cpostdesarrollismo\u201d.<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>En t\u00e9rminos generales, la discusi\u00f3n tiene un car\u00e1cter regional y puede describirse \u2013de modo simplificado- como la contraposici\u00f3n entre las perspectivas de los gobiernos \u201cprogresistas\u201d (neodesarrollismo) y las de las organizaciones sociales que los cuestionan (postdesarrollismo).<\/p>\n<p>Para la definici\u00f3n del neodesarrollismo seguimos el planteamiento que Ruy Mauro Marini (2008) hac\u00eda a fines de los setenta al respecto. En su opini\u00f3n esta corriente supon\u00eda un retorno a las tesis desarrollistas del pensamiento cepalino de los 50 que sustentaban la idea de un posible desarrollo capitalista nacional o end\u00f3geno que pod\u00eda poner a los pa\u00edses latinoamericanos a la altura de las sociedades capitalistas desarrolladas. Marini habla de un retorno puesto que esas tesis hab\u00edan sido duramente cuestionadas en los sesenta y setenta por la Teor\u00eda de la dependencia, en particular por aquella que se sustentaba en la cr\u00edtica marxista. Para Marini era claro que esta \u201cvuelta desarrollista\u201d significaba un retroceso en el avance te\u00f3rico y pol\u00edtico de la lucha social, pero es evidente que cuando escrib\u00eda sobre el surgimiento de esta corriente como expresi\u00f3n de una tendencia hacia la derechizaci\u00f3n de las sociedades latinoamericanas no pod\u00eda prever que el retroceso ser\u00eda a\u00fan m\u00e1s radical con la llegada del neoliberalismo. En el debate contempor\u00e1neo que es objeto de nuestro estudio en el Ecuador, la tendencia \u201cneokeynesiana\u201d se transforma en la posici\u00f3n neodesarrollista puesto que se halla sustentada en un remozamiento de los postulados desarrollistas de origen cepalino y de los procesos pol\u00edticos reformistas de los gobiernos \u201cnacional-populistas\u201d que predominaron en la regi\u00f3n entre los a\u00f1os 50 y 70. Esta reedici\u00f3n incluye todos los elementos nuevos anotados: pol\u00edticas de la diferencia, preocupaci\u00f3n por la problem\u00e1tica ambiental, institucionalizaci\u00f3n de la participaci\u00f3n, etc. Sin embargo, en esencia el programa gubernamental se plantea la necesidad de un \u201ccambio en la matriz productiva\u201d que permita la superaci\u00f3n del subdesarrollo y ponga al pa\u00eds en condiciones similares a las de los pa\u00edses de mayor desarrollo capitalista.<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a> Pero, siendo rigurosos en el an\u00e1lisis esta propuesta no reduce\u00a0 la cuesti\u00f3n del desarrollo al puro crecimiento econ\u00f3mico, ni tampoco asume sin m\u00e1s la idea de que las formas de vida de los \u201cpa\u00edses desarrollados\u201d es el horizonte a seguir, ah\u00ed es donde su posici\u00f3n se matiza con todos los elementos que ampliaron la perspectiva neokeynesiana anterior. Es indudable que esto genera tensiones y contradicciones evidentes en el gobierno.<\/p>\n<p>Las diferencias m\u00e1s significativas que el actual neodesarrollismo presenta en relaci\u00f3n con el desarrollismo \u201ccl\u00e1sico\u201d son dos. La primera tiene que ver con los intentos por incluir la pol\u00edtica de la diferencia y la dimensi\u00f3n ecol\u00f3gica en las pol\u00edticas p\u00fablicas que se aplican; la segunda, en cambio, se relaciona con la preservaci\u00f3n de un espacio de continuidad de ciertas pol\u00edticas neoliberales relacionadas principalmente con la estabilidad macroecon\u00f3mica tal como lo sostiene Bresser-Pereira (2007).<\/p>\n<p>El postdesarrollismo, por su parte, se deriva de la corriente decolonial y ecologista radical. Esta corriente se origina \u2013principalmente- en las reflexiones de Arturo Escobar (1995). Lo que se plantea \u2013en lo sustancial- es la necesidad de abandonar el \u201cparadigma del desarrollo\u201d. La radicalizaci\u00f3n pol\u00edtica de esta tendencia ubica el problema en el desarrollo en s\u00ed mismo; no se tratar\u00eda de discutir qu\u00e9 v\u00eda, la neoliberal o la neokeynesiana, es la m\u00e1s adecuada para alcanzar el desarrollo, sino dejar de plantearse el desarrollo como objetivo. Algo m\u00e1s, sus constantes y vehementes cr\u00edticas a la izquierda marxista se fundan en la idea de esta perspectiva comparte la misma \u201cmitolog\u00eda\u201d del progreso con liberales y keynesianos. En este sentido, la dimensi\u00f3n pol\u00edtica de esta tendencia postula la opci\u00f3n por los avances en la definici\u00f3n de los elementos de una sociedad postdesarrollista que \u2013a su ver- se encuentran en lo que podr\u00edamos definir como la \u201csituaci\u00f3n de alteridad\u201d de las sociedades no moderno-europeas. Opciones civilizatorias reprimidas por la modernidad y su etnocentrismo tendr\u00edan las claves para esa sociedad postdesarrollista, en ellas estar\u00edan presentes formas de relaci\u00f3n con la naturaleza y entre los seres humanos diferentes.<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a><\/p>\n<p>En t\u00e9rminos generales, el paso hacia el neodesarrollismo y el postdesarrollismo puede entenderse como una profundizaci\u00f3n de los aspectos esbozados en el momento anterior; pero, m\u00e1s que eso, responde a una ruptura entre las dos versiones de la cr\u00edtica al neoliberalismo. A pesar de ello, en aquellas dos tendencias actuales en conflicto es posible identificar a\u00fan un campo com\u00fan, lo que da lugar a una conformaci\u00f3n ambivalente que determina algunas tensiones internas tanto en la postura gubernamental como en la de la izquierda opositora. As\u00ed por ejemplo, si bien el gobierno adscribe al neodesarrollismo, su horizonte pol\u00edtico habla de una transformaci\u00f3n sustentada en el Buen Vivir y la modificaci\u00f3n radical del sentido del desarrollo; de igual modo, mientras los postdesarrollistas asumen la necesidad de un cambio civilizatorio, sus propuestas concretas sobre las medidas para la transici\u00f3n se parecen mucho al reformismo neodesarrollista. Esto hace del campo de debate un espacio intricado y complejo que requiere examinarse con detenimiento para lograr determinar esas tensiones.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc373742412\"><\/a>\u00bfNeo o Post? El problema del desarrollo<\/h1>\n<h2><a name=\"_Toc373742413\"><\/a>Postdesarrollismo: la cr\u00edtica al extractivismo y al desarrollo<\/h2>\n<p>Al revisar la cr\u00edtica postdesarrollista se puede encontrar un conjunto heterog\u00e9neo de definiciones sobre extractivismo y desarrollo. El extractivismo puede referirse a las actividades usualmente identificadas con ese concepto como hidrocarburos y minerales; tambi\u00e9n puede incluir otras como la agricultura de exportaci\u00f3n o las actividades forestales. En ocasiones hace referencia a las \u201cmentalidades\u201d o \u201cnarrativas\u201d constituidas en el marco de la modernidad o de la \u201craz\u00f3n occidental\u201d. Con menos frecuencia aparece junto a la noci\u00f3n de capitalismo ya sea como una de sus modalidades de acumulaci\u00f3n o como una de sus elementos caracter\u00edsticos; puede ser la estrategia central de un capitalismo mundial cuyos or\u00edgenes se remontan al siglo XVI o un equivalente del \u201cmodelo primario-exportador\u201d. Otras veces forma parte del concepto m\u00e1s amplio de <em>desarrollo<\/em>. De igual modo, este concepto har\u00e1 referencia a un conjunto dis\u00edmil de definiciones que bien pueden describirse sustituyendo extractivismo por desarrollo en las proposiciones precedentes. As\u00ed, el desarrollo tambi\u00e9n puede ser una \u201cnarrativa\u201d de larga data, localizado en la m\u00e9dula de la civilizaci\u00f3n occidental y su hist\u00f3rico desprecio por la naturaleza y otros pueblos; o, puede tener una extensi\u00f3n m\u00e1s corta: desde la posguerra hasta nuestros d\u00edas. Para unos el desarrollo debe transformar sus estrategias, para otros debe superarse.\u00a0 Este repaso de las posibles definiciones permite identificar dos cuestiones b\u00e1sicas. En primer lugar, es inevitable se\u00f1alar una considerable ambig\u00fcedad e indeterminaci\u00f3n en este excesivamente amplio espacio conceptual; esto es particularmente importante cuando es posible observar esas distintas definiciones en una misma postura, en un mismo autor o en un mismo documento. En segundo lugar, a pesar de lo anterior, es evidente que dos son las <em>b\u00eate noire <\/em>de las actuales posiciones cr\u00edticas: el extractivismo y el desarrollo. \u00bfCu\u00e1les son sus relaciones?, \u00bfa qu\u00e9 aluden uno y otro concepto en el marco de las distintas posiciones cr\u00edticas?, \u00bfc\u00f3mo se definen los diversos niveles y alcances de las posiciones cr\u00edticas a partir de la problematizaci\u00f3n de uno u otro concepto? En las l\u00edneas que siguen tratamos de hacer una propuesta de sistematizaci\u00f3n de las distintas interpretaciones.<\/p>\n<p>De cualquier forma, es posible distinguir dos modos de plantear el problema al interior de esta perspectiva cr\u00edtica general: una referida a la discusi\u00f3n del modelo econ\u00f3mico y otra al esquema civilizatorio. Aunque no se puede trazar una clara l\u00ednea demarcatoria es visible una distinci\u00f3n en los \u00e9nfasis de an\u00e1lisis y los enfoques de interpretaci\u00f3n seg\u00fan se trate de una cr\u00edtica al neoextractivismo o al neodesarrollismo. Dicho de otro modo, si el en el centro de la discusi\u00f3n se encuentra el extractivismo, la discusi\u00f3n gira alrededor del problema del modelo econ\u00f3mico; en cambio, si se trata de poner en cuesti\u00f3n al desarrollo, la propuesta se inscribe en otro \u00e1mbito: la dimensi\u00f3n civilizatoria. Podemos decir, entonces, que habr\u00eda una cr\u00edtica postextractivista y otra postdesarrollista; sin embargo, hay que recalcar, en ocasiones es dif\u00edcil establecer una categ\u00f3rica diferenciaci\u00f3n entre ambas. As\u00ed por ejemplo, al referirse a la perspectiva de transformaci\u00f3n posible, Acosta se\u00f1ala:<\/p>\n<p>El tema de fondo radica en no seguir extendiendo y profundizando un modelo econ\u00f3mico extractivista, es decir primario-exportador. Tratar de desarrollarse priorizando esa modalidad de acumulaci\u00f3n primario-exportadora, que sobrevalora la renta de la naturaleza y no el esfuerzo del ser humano, que prefiere el mercado externo y descuida el mercado interno, que fomenta la concentraci\u00f3n de la riqueza y margina las equidades, no ha sido la senda para el desarrollo de ning\u00fan pa\u00eds. Tampoco lo ser\u00e1 para la construcci\u00f3n de una opci\u00f3n posdesarrollista como el \u00abbuen vivir\u00bb o <em>sumak kawsay<\/em> (Acosta A. , 2010, p\u00e1g. 60).<\/p>\n<p>De todos modos se puede establecer que el extractivismo define el modelo econ\u00f3mico, en tanto que el desarrollo corresponde al estatuto civilizatorio, es decir, este \u00faltimo es el fundamento de algo que podr\u00eda llamarse \u201ctotalidad civilizatoria\u201d y que incluir\u00eda todas las dimensiones de la vida social.<\/p>\n<h3><a name=\"_Toc373742414\"><\/a>La cr\u00edtica al extractivismo<\/h3>\n<p>La cr\u00edtica postextractivista adquiere dos dimensiones. La primera tiene que ver con la presi\u00f3n que este tipo de econom\u00eda ejerce sobre las condiciones ecol\u00f3gicas que sustentan la din\u00e1mica y expansi\u00f3n de esa forma econ\u00f3mica. Los fundamentos para esta primera versi\u00f3n cr\u00edtica del extractivismo como sistema econ\u00f3mico provienen de la econom\u00eda ecol\u00f3gica la ecolog\u00eda pol\u00edtica y los enfoques del desarrollo sostenible (Mart\u00ednez Alier, 1995; 1998; Falcon\u00ed, 2002; Larrea, 2006). En s\u00edntesis, el centro de la cr\u00edtica hace referencia a que el extractivismo tiende permanentemente a superar las condiciones ecol\u00f3gicas que sustentan la econom\u00eda (\u201ccapacidad de carga\u201d) lo que ocasiona efectos ambientales severos e impide alcanzar equilibrios de sostenibilidad m\u00ednimos. La segunda versi\u00f3n de la cr\u00edtica pone el acento en las distorsiones que el extractivismo genera en el \u00e1mbito estricto de la econom\u00eda, tiene que ver con lo que se cataloga como \u201cla maldici\u00f3n de la abundancia o de los recursos naturales\u201d, as\u00ed como con la conocida tesis de la \u201cenfermedad holandesa\u201d. En suma, los cuestionamientos se relacionan con los efectos de escasa diversificaci\u00f3n econ\u00f3mica, dependencia del modelo primario-exportador, escasa capitalizaci\u00f3n debido al predominio de una din\u00e1mica rentista, entre otros.<\/p>\n<p>Ahora bien, para la definici\u00f3n de extractivismo se debe hacer una distinci\u00f3n b\u00e1sica. Aunque se puede decir que existe un espacio com\u00fan que pone en relaci\u00f3n al modelo econ\u00f3mico con el extractivismo, el emplazamiento conceptual de este \u00faltimo no es siempre el mismo. Por una parte, el extractivismo corresponde a las formas espec\u00edficas de ciertas actividades econ\u00f3micas espec\u00edficas que se basan en la explotaci\u00f3n de recursos naturales, es decir, se trata de una modalidad productiva propia de algunos sectores espec\u00edficos de la econom\u00eda. Las actividades cl\u00e1sicas que definen una modalidad extractivista de producci\u00f3n ser\u00edan la miner\u00eda y los hidrocarburos. Por otra parte, el extractivismo define a todo el \u201cmodelo econ\u00f3mico\u201d, es decir, la econom\u00eda en su conjunto es extractivista; esto se explica principalmente porque las actividades principales de una econom\u00eda determinada corresponden a los sectores extractivos. De modo que pueden existir econom\u00edas que tienen como parte de su estructura actividades extractivas pero no son extractivistas, ese ser\u00eda el caso de Noruega o Canad\u00e1. La diferencia est\u00e1 dada porque si bien en estas econom\u00edas las actividades extractivas son importantes, estas no tienen un peso excesivo en su estructura puesto que se trata de econom\u00edas industrializadas y altamente diversificadas (Acosta A. , 2009). En rigor, hablar de extractivismo hace alusi\u00f3n a la funci\u00f3n que cumplen los sectores econ\u00f3micos extractivos en el modelo econ\u00f3mico o modelo de desarrollo. En este sentido se plantean dos cuestiones derivadas de esta relaci\u00f3n. La primera, \u00bfqu\u00e9 son los sectores extractivos?; y, la segunda, \u00bfc\u00f3mo estos sectores son comprendidos en el relaci\u00f3n con el \u201cmodelo econ\u00f3mico\u201d?<\/p>\n<p>Entendido en relaci\u00f3n con los sectores econ\u00f3micos el concepto de extractivismo alude a dos usos espec\u00edficos: uno convencional y otro extendido. En un sentido convencional y estricto se trata del conjunto de actividades econ\u00f3micas que corresponden a la explotaci\u00f3n de minerales e hidrocarburos, a estas se las define como \u201cactividades extractivas\u201d.<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a> En un primer momento, la cr\u00edtica se restringe a los efectos econ\u00f3micos, ambientales y sociales del desarrollo de estas actividades.<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a> Posteriormente esta delimitaci\u00f3n del sector extractivo se extiende a otro tipo de actividades como la agricultura intensiva a gran escala, la pesca masiva o la explotaci\u00f3n forestal. Este planteamiento, algo posterior al primero, busca se\u00f1alar los elementos similares de la din\u00e1mica econ\u00f3mica de estas actividades que hacen posible juntarlos bajo la denominaci\u00f3n de \u201csectores extractivos\u201d. En busca de esta definici\u00f3n Gudynas afirma que estos sectores se caracterizan porque:<\/p>\n<p>[e]n ellos se extraen grandes vol\u00famenes de recursos naturales, que no reciben procesamiento adicional, o son procesados en forma limitada, para destinarlos a su exportaci\u00f3n hacia los mercados globales. Se expresan como econom\u00edas de enclave, con escasos encadenamientos locales o nacionales, muy dependientes de importantes inversiones (casi siempre extranjeras), y articulados con cadenas de comercializaci\u00f3n global. Estos \u00faltimos aspectos a su vez explican una presencia determinante de compa\u00f1\u00edas transnacionales en el extractivismo (Gudynas, 2011, p\u00e1g. 385).<\/p>\n<p>De igual modo, en un reciente trabajo Acosta, Mart\u00ednez y Sacher (2012) definen al extractivismo pr\u00e1cticamente en los mismos t\u00e9rminos de Gudynas, coincidiendo en la necesidad de ampliar el concepto de extractivismo \u2013al que denominan \u201ccategor\u00eda\u201d- hacia otras actividades econ\u00f3micas con las que comparten las caracter\u00edsticas referidas. Precisan que esta necesaria extensi\u00f3n conceptual tiene como un componente innovador la superaci\u00f3n de la noci\u00f3n predominante que hab\u00eda fijado el concepto en relaci\u00f3n con la explotaci\u00f3n de recursos naturales no renovables, para incluir en ella a ciertos recursos renovables, ya que dadas las formas de explotaci\u00f3n de estos recursos sus condiciones de reposici\u00f3n f\u00edsica estar\u00edan por debajo del m\u00ednimo. De hecho, para estos autores, ser\u00eda un error considerar que el extractivismo \u00fanicamente corresponde a la explotaci\u00f3n de hidrocarburos y minerales, puesto que las \u201cpr\u00e1cticas extractivistas\u201d estar\u00edan presentes en aquellas otras actividades econ\u00f3micas. Sin detenernos en el sentido tautol\u00f3gico de explicar un concepto con ciertas variaciones del mismo, anotemos c\u00f3mo estos autores definen al extractivismo:<\/p>\n<p>A nivel f\u00edsico y material, el extractivismo se refiere a aquellas actividades que remueven grandes vol\u00famenes de bienes naturales que no son procesados (o que lo son limitadamente), sobre todo para la exportaci\u00f3n en funci\u00f3n de la demanda de los pa\u00edses centrales y, hoy en d\u00eda, \u201cemergentes\u201d. \u201cExtractivismo\u201d evoca obviamente los llamados recursos naturales no renovables, como los minerales, el gas o el petr\u00f3leo, producidos por la naturaleza a escalas de tiempo tect\u00f3nicas. Sin embargo, en la actualidad muchos bienes naturales tradicionalmente calificados de \u201crenovables\u201d, como por ejemplo el forestal o la fertilidad del suelo, pasan a ser no renovables, porque sus tasas de extracci\u00f3n son mucho m\u00e1s altas que sus tasas de renovaci\u00f3n natural. Por esta raz\u00f3n, tambi\u00e9n se pueden identificar extractivismos agrario, forestal e inclusive pesquero (Acosta, Mart\u00ednez, &amp; Sacher, 2012).<\/p>\n<p>Pues bien, ahora se puede establecer cu\u00e1les ser\u00edan las condiciones indispensables que hacen posible calificar a una actividad econ\u00f3mica como extractiva: una explotaci\u00f3n intensiva y extensiva de recursos naturales; escasa o nula industrializaci\u00f3n; la exportaci\u00f3n como destino principal; explotaci\u00f3n que impide la renovaci\u00f3n natural por la propia naturaleza del recurso o por la intensidad de extracci\u00f3n del mismo; y, forma econ\u00f3mica de \u201cenclave\u201d.\u00a0 Evidentemente esta definici\u00f3n de los sectores extractivos se halla lejos de evitar ambig\u00fcedades, limitaciones y tensiones conceptuales.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta extensi\u00f3n del concepto es la que da lugar a la otra perspectiva de an\u00e1lisis sobre el extractivismo, aquella que lo concibe como un modelo econ\u00f3mico. En t\u00e9rminos generales, esta otra l\u00ednea de interpretaci\u00f3n se sustenta sobre la base de un elemento esencial que consiste en el peso determinante del sector extractivista en la estructura econ\u00f3mica nacional. El problema, entonces, radica en que la econom\u00eda del pa\u00eds tiene una excesivamente alta dependencia de los sectores extractivos ya sea que se los entienda en el sentido restringido o en el sentido amplio que se ha explicado l\u00edneas arriba. No obstante, puesto en relaci\u00f3n con el modelo econ\u00f3mico el concepto de extractivismo se vuelve m\u00e1s inestable a\u00fan.<\/p>\n<p>De modo que, es posible hablar de un modelo econ\u00f3mico extractivista que se define a partir de las caracter\u00edsticas atribuidas a los sectores extractivos. En cierto modo, se puede decir que en funci\u00f3n del predominio de los sectores extractivos en la econom\u00eda, estos terminan imprimiendo en ella las condiciones propias de su particular din\u00e1mica. Claro, este complicado planteamiento no se halla dilucidado en el debate y, m\u00e1s bien, se da por sentado que esta tesis no necesita demostraci\u00f3n; por lo tanto, si un sector de la econom\u00eda es predominante, este \u201ctransfiere\u201d sus caracter\u00edsticas a toda la econom\u00eda en su conjunto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Entonces, m\u00e1s all\u00e1 de los problemas conceptuales anotados, este modelo puede explicarse en funci\u00f3n de varias contraposiciones. En primer lugar corresponde a una econom\u00eda que \u201csobrevalora la renta de la Naturaleza y no el esfuerzo del ser humano\u201d (Acosta A. , 2011, p\u00e1g. 117),<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a> es decir, que \u201cno genera valor agregado\u201d; esta situaci\u00f3n contrapone a estas econom\u00edas con las \u201ceconom\u00edas productivas\u201d (Ortiz, 2011). En ciertos casos, este intento por definir al modelo extractivista en contraposici\u00f3n con un \u201cmodelo productivista\u201d puede tornarse significativamente confusa. As\u00ed por ejemplo, Ortiz (2011) trata de mostrar las diferencias de los flujos de energ\u00eda y materiales que producen ambos modelos, para ello recurre a la tesis de Bunker (1985) que sostiene la existencia de una relaci\u00f3n inversa en la din\u00e1mica de econom\u00eda de escala entre \u201cextracci\u00f3n\u201d y \u201cproducci\u00f3n\u201d. Ortiz lo explica de este modo:<\/p>\n<p>La econom\u00eda extractivista hace perder materia y energ\u00eda, y provoca la consecuente ruptura de los sistemas bi\u00f3ticos humanos y naturales, se extinguen cada vez m\u00e1s los flujos de energ\u00eda. (\u2026). Las fuerzas de producci\u00f3n desarrollan progresivamente el sistema industrial porque el costo unitario de producci\u00f3n de la mercanc\u00eda tiende a bajar mientras la producci\u00f3n industrial crece. En otras palabras, el alza del costo unitario fomenta la dispersi\u00f3n del trabajo y la inversi\u00f3n, e intensifica la ruptura ecol\u00f3gica que acompa\u00f1a la expansi\u00f3n del sistema extractivo. Eventualmente esto desacelera las econom\u00edas extractivistas. Por el contrario, la intensificaci\u00f3n de los flujos de energ\u00eda a trav\u00e9s de la articulaci\u00f3n de los sistemas sociales y productivos permite una acumulaci\u00f3n r\u00e1pida de infraestructura f\u00edsica, especializaci\u00f3n t\u00e9cnica y organizaci\u00f3n social, divisi\u00f3n del trabajo y la coordinaci\u00f3n de recursos, y desarrollo de nuevas tecnolog\u00edas (Ortiz, 2011, p\u00e1g. 19).<\/p>\n<p>A pesar de las dificultades que implica seguir la ruta de su argumento, se entiende que las econom\u00edas extractivas generan una muy reducida econom\u00eda de escala y, por tanto, produce una ruptura entre \u201clos sistemas bi\u00f3ticos humano y natural\u201d; en tanto que, las econom\u00edas productivas hacen posible una mejor articulaci\u00f3n social y ecol\u00f3gica debido a su capacidad ampliada para generar econom\u00edas de escala. Esta particular contraposici\u00f3n deja planteadas otras caracter\u00edsticas adicionales de lo que puede llamarse modelo extractivista. Su fuerte tendencia a establecer al \u201cenclave\u201d como eje econ\u00f3mico; y, los impactos ambientales y sociales locales que se desprenden de la primac\u00eda del sector extractivo.<\/p>\n<p>El \u201cenclave extractivista\u201d supone una muy baja vinculaci\u00f3n con la econom\u00eda local y nacional dado que produce escasos \u201cencadenamientos hacia atr\u00e1s y hacia adelante\u201d lo que deriva en una considerablemente limitada econom\u00eda de escala (Acosta A. , 2011, p\u00e1gs. 90-93). Esto da lugar, adem\u00e1s, a que ocurra una significativa propensi\u00f3n al control del enclave por parte\u00a0 capital transnacional generando una \u201cdesnacionalizaci\u00f3n\u201d (p\u00e1gs. 93-94); este fen\u00f3meno es entendido tambi\u00e9n como una \u201cdesterritorializaci\u00f3n y fragmentaci\u00f3n\u201d que hace de los enclaves \u201cdependientes de la globalizaci\u00f3n\u201d (Gudynas, 2011a, p\u00e1g. 290).<\/p>\n<p>La tem\u00e1tica de los impactos negativos sobre el ambiente y la poblaci\u00f3n local es la que presente una m\u00e1s larga y consistente discusi\u00f3n.<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a> Como es sabido la importancia de las actividades extractivas hacen que, en el balance final del modelo, las rentas generadas por ellas se superpongan largamente a los da\u00f1os que sufren las poblaciones y los ecosistemas a causa de la contaminaci\u00f3n, la destrucci\u00f3n de h\u00e1bitats y la degradaci\u00f3n de las condiciones de reproducci\u00f3n social de las poblaciones campesinas e ind\u00edgenas residentes en las \u00e1reas donde estas actividades tienen lugar. No ahondaremos demasiado en esta cuesti\u00f3n; sin embargo, conviene mencionar que el an\u00e1lisis de estos impactos introduce otros elementos que pueden dar cuenta del modelo extractivista, se trata de los temas de \u201cinjusticia ambiental\u201d y \u201cdesequilibrio econ\u00f3mico-ecol\u00f3gico\u201d que forman parte del mismo. Lo primero hace alusi\u00f3n a la desigual distribuci\u00f3n de esos impactos, en tanto que, lo segundo remite a los impactos en el \u00e1mbito nacional y global considerando el flujo de materiales y energ\u00eda que requiere la econom\u00eda en su conjunto (Vallejo, 2010) y la contribuci\u00f3n a los problemas ecol\u00f3gicos planetarios, sobre todo, por su aporte a las emisiones que son la causa fundamental del calentamiento global. En cuanto a lo segundo, se introduce un elemento decisivo para el debate, se trata de la \u201cdistorsi\u00f3n\u201d que generar\u00eda el mercado en la \u201cvaloraci\u00f3n\u201d de los ingresos de las actividades extractivas. En concreto, tendr\u00eda lugar una especie de \u201csubvaloraci\u00f3n\u201d ya que en los precios de los bienes extra\u00eddos no estar\u00edan incorporadas sus externalidades negativas; en la mirada de los postextractivistas de aplicarse una \u201ccorrecci\u00f3n\u201d de precios que las incluya, el balance final se trastocar\u00eda haciendo muy dudosos los beneficios econ\u00f3micos del extractivismo (Acosta, 2011; Gudynas, 2011a).<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a><\/p>\n<p>Finalmente, la decisiva orientaci\u00f3n del modelo econ\u00f3mico hacia las exportaciones constituye otra de las caracter\u00edsticas esenciales que lo explican. En deuda con las formulaciones del desarrollismo \u201ccl\u00e1sico\u201d, se sostiene que este modelo impide una transformaci\u00f3n estructural de la econom\u00eda que posibilite cierta autonom\u00eda en su funcionamiento al tiempo que supere las distorsiones derivadas del significativo peso del extractivismo. En este \u00e1mbito se inscribe la referencia que la cr\u00edtica postextractivista hace respecto de las condiciones de dependencia, el modelo econ\u00f3mico extractivista o basado en el extractivismo \u2013para el caso la diferencia no es determinante- se halla engarzado a las demandas de las \u201ceconom\u00edas productivas\u201d o del \u201cNorte global\u201d, cuya expansi\u00f3n econ\u00f3mica determina, a su vez, un crecimiento del extractivismo en econom\u00edas como la ecuatoriana.<\/p>\n<p>Otro de los problemas se\u00f1alados por los postextractivistas, en relaci\u00f3n con el modelo, es el predominio del \u201crentismo\u201d insuflado por el flujo de ingresos derivados de la exportaci\u00f3n extractivista que tendr\u00eda un impacto en el funcionamiento econ\u00f3mico debido a la expansi\u00f3n desmedida del gasto fiscal; adem\u00e1s, en un contexto en el que predominan actividades de escasa industrializaci\u00f3n esa din\u00e1mica limita seriamente las posibilidades de que la \u201crenta de la naturaleza\u201d se transforme en capital (Acosta, 2009; 2011). Por otro lado, esto causar\u00eda otros impactos en el orden pol\u00edtico relacionados con pr\u00e1cticas autoritarias y clientelares (Acosta, 2009; 2011).<\/p>\n<p>En s\u00edntesis, el extractivismo concebido como el sector que organiza un modelo econ\u00f3mico o como un modelo econ\u00f3mico en s\u00ed mismo presenta seis caracter\u00edsticas fundamentales: a) se basa en la extracci\u00f3n de grandes vol\u00famenes de recursos; b) presenta un bajo o nulo procesamiento industrial o \u201cagregaci\u00f3n de valor\u201d; c) se orienta primordialmente a la exportaci\u00f3n; d) el funcionamiento de los sectores determinantes del modelo (extractivos) se da bajo la forma predominante de \u201cenclave\u201d; e) el predominio de los sectores extractivistas genera altos impactos negativos sobre el ambiente y las poblaciones locales, sus costos son trasladados a la sociedad gracias a la externalizaci\u00f3n de esos da\u00f1os; y, f) se constituye un modelo rentista. Se ha mencionado ya que no deja de ser problem\u00e1tico el intento por trasladar a todo el modelo econ\u00f3mico las caracter\u00edsticas de un sector econ\u00f3mico determinado; pero, adem\u00e1s de esto esta interpretaci\u00f3n plantea otros problemas y dificultades te\u00f3ricas. La principal de ellas tiene que ver con que, en rigor, se carece de una descripci\u00f3n del modelo econ\u00f3mico; como se ha referido, lo que se tiene es una descripci\u00f3n de las caracter\u00edsticas que definen a los sectores extractivos, no del modelo econ\u00f3mico extractivista o basado en el extractivismo. As\u00ed por ejemplo, no est\u00e1 resuelta la cuesti\u00f3n de las relaciones de los otros sectores econ\u00f3micos con los extractivistas, la cual evidentemente no se reduce a se\u00f1alar que estos \u00faltimos funcionan como enclave. Tampoco se esclarece cu\u00e1l es el peso relativo del extractivismo frente a otros sectores econ\u00f3micos en cuanto a la presi\u00f3n sobre los recursos naturales y los impactos ambientales y sociales. Menos a\u00fan, cu\u00e1l es la din\u00e1mica espec\u00edfica de la \u201cmodalidad de acumulaci\u00f3n extractivista\u201d y c\u00f3mo se diferencia de otras modalidades (\u00bfproductivista?, \u00bfindustrialista?); consideraci\u00f3n que se torna a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil de desanudar si se tiene en cuenta la constante vinculaci\u00f3n de ella con el \u201crentismo\u201d y el predominio de las \u201crentas ricardianas\u201d. Si se esta hablando de modalidad de acumulaci\u00f3n queda flotando una pregunta clave: \u00bfc\u00f3mo ocurre el milagroso paso de las \u201crentas ricardianas\u201d hacia el capital?<\/p>\n<p>El tratamiento del extractivismo acerca este v\u00ednculo entre sector y modelo econ\u00f3mico coloca la discusi\u00f3n en otro \u00e1mbito. \u00bfEl extractivismo es la din\u00e1mica particular de ciertas\u00a0 actividades que se tornan predominantes en un modelo econ\u00f3mico determinado?, o \u00bfconstituye un modelo con especificidades propias? Siguiendo las formulaciones la de cr\u00edtica postdesarrollista, estas interrogantes hablan de c\u00f3mo el extractivismo se pone en relaci\u00f3n con el denominado \u201cmodelo primario exportador\u201d y con el sistema capitalista en su conjunto. En otras palabras, el extractivismo aparecer\u00e1 asociado a uno y otro como un sector econ\u00f3mico predominante o como una caracter\u00edstica constitutiva de las econom\u00edas exportadoras primarias.<\/p>\n<p>No obstante, no existe necesariamente un conflicto de posiciones o una intenci\u00f3n prolija por el uso del concepto en uno u otro sentido. En realidad, se observa una utilizaci\u00f3n indistinta del mismo, lo que termina haciendo del extractivismo un concepto \u201cpolis\u00e9mico\u201d en un sentido bastante amplio. As\u00ed por ejemplo, en un mismo texto, Acosta (2011, p\u00e1g. 85) define al extractivismo como \u201cuna modalidad de acumulaci\u00f3n que comenz\u00f3 a fraguarse hace 500 a\u00f1os\u201d; unos cuantos p\u00e1rrafos m\u00e1s adelante aclara que extractivismo hace referencia a ciertas actividades que cumplen con caracter\u00edsticas espec\u00edficas (\u00edbid.); concluye su intento por definir al extractivismo puntualizando ciertas condiciones que son propias del modelo primario exportador: dependencia, deterioro de los t\u00e9rminos de intercambio, heterogeneidad estructural, enclave (p\u00e1gs. 87-92). En <em>La maldici\u00f3n de la abundancia<\/em> (Acosta A. , 2009) tambi\u00e9n el extractivismo se define indistintamente como un tipo de econom\u00eda equivalente a la estrategia primario-exportadora; sin embargo, en este caso, las caracter\u00edsticas y efectos mencionados se atribuyen con mayor frecuencia al modelo primario-exportador de modo expl\u00edcito. \u00bfC\u00f3mo se resuelve el problema de estas diversas e inestables definiciones de extractivismo? Ciertamente que esto no se plantea como un problema en estos trabajos y en otros de Acosta, en la formulaci\u00f3n de sus cr\u00edticas las tensiones entre los distintos niveles en los que se ubica el extractivismo no se hacen expl\u00edcitas, pasan desapercibidas. Sin embargo, si en un momento se atribuyen ciertas caracter\u00edsticas a la \u201cmodalidad de acumulaci\u00f3n primario-exportadora\u201d y luego aquellas definen a una \u201cmodalidad de acumulaci\u00f3n extractivista\u201d es f\u00e1cil colegir que estamos hablando de lo mismo, que se trata de un tipo de econom\u00eda semejante a la que se la puede identificar de uno u otro modo. De hecho, al concluir Acosta se refiere al horizonte general de las alternativas al modelo y afirma:<\/p>\n<p>El tema de fondo radica en no seguir extendiendo y profundizando un modelo econ\u00f3mico extractivista, es decir primario-exportador. Tratar de desarrollarse priorizando esa modalidad de acumulaci\u00f3n primario-exportadora, que sobrevalora la renta de la naturaleza y no el esfuerzo del ser humano, que prefiere el mercado externo y descuida el mercado interno, que fomenta la concentraci\u00f3n de la riqueza y margina las equidades, no ha sido la senda para el desarrollo de ning\u00fan pa\u00eds. Tampoco lo ser\u00e1 para la construcci\u00f3n de una opci\u00f3n posdesarrollista como el \u00abbuen vivir\u00bb o <em>sumak kawsay<\/em>. (Acosta, 2010, p\u00e1g. 60; Acosta, 2009, p\u00e1g. 151; Acosta, 2011, p\u00e1g. 117; Acosta, Mart\u00ednez, &amp; Sacher, 2012, p\u00e1g. 40)<\/p>\n<p>No cabe duda que este modo de tratar el asunto enlaza fuertemente a la cr\u00edtica postextractivista con el enfoque desarrollista cl\u00e1sico. Las posiciones postextractivistas no hacen una discusi\u00f3n en torno a los presupuestos que fundamentan la comprensi\u00f3n del modelo primario exportador; m\u00e1s bien, los asumen e introducen algunos elementos nuevos. En rigor, se recupera del desarrollismo lo siguiente: la estrategia \u201cexportadora primaria\u201d o de \u201cdesarrollo hacia afuera\u201d que describe la vinculaci\u00f3n de las econom\u00edas \u201cperif\u00e9ricas\u201d al sistema mundial por medio de la exportaci\u00f3n de materias primas y minerales en funci\u00f3n de la divisi\u00f3n internacional del trabajo (Prebisch, 1950 (1986); Kay, 1991); la cuesti\u00f3n del \u201cdualismo estructural\u201d o la \u201cheterogeneidad estructural\u201d (Kay, 1991); y, la noci\u00f3n de \u201ceconom\u00eda de enclave\u201d, emergida de la cr\u00edtica funcionalista al desarrollismo, que complementa la perspectiva del modelo exportador primario (Cardoso &amp; Faletto, 2002).<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a> Una tensi\u00f3n salta a la vista en el recurso al cl\u00e1sico concepto de \u201cenclave\u201d, se trata de cu\u00e1l es el criterio que define el funcionamiento de la econom\u00eda de enclave; en la reflexi\u00f3n postextractivista hay una propensi\u00f3n a definirlo en funci\u00f3n de su condici\u00f3n de \u201caislamiento\u201d en relaci\u00f3n con el resto de la econom\u00eda. No obstante, esta forma de plantear el problema no es del todo exacta en referencia a su formulaci\u00f3n \u201ccl\u00e1sica\u201d. Recu\u00e9rdese que para Cardoso y Falleto el factor determinante que diferencia a las econom\u00edas de enclave es la ausencia de \u201ccontrol nacional\u201d sobre el sector productivo exportador. Con la particularidad de que ese control no necesariamente pasa por un control estatal, se refiere principalmente al control que los grupos dominantes nacionales tienen sobre ese sector, el enclave aparece cuando ellos no logran controlarlo y en su lugar lo hace el capital extranjero. El aislamiento o los \u201cescasos encadenamientos productivos\u201d ser\u00edan una consecuencia de aquello, no del car\u00e1cter intr\u00ednseco de las actividades extractivas o primario exportadoras como parece sugerirlo la cr\u00edtica postextractivista.<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a> Por lo dem\u00e1s, queda por fuera de sus propuestas de an\u00e1lisis qu\u00e9 ocurre cuando el \u201cmodelo extractivista\u201d se halla bajo \u201ccontrol nacional\u201d en el sentido propuesto por Cardoso y Faletto, lo cual no se limita para nada a se\u00f1alar el \u201ccontrol estatal\u201d sobre estas actividades que puede darse en ciertos momentos,\u00a0 m\u00e1s a\u00fan cuando se supone que este \u00faltimo pr\u00e1cticamente no cambia nada sustancial (Acosta, 2011; Gudynas, 2011a, 2011b) ya que la modalidad de acumulaci\u00f3n permanecer\u00eda inalterable y se tendr\u00eda como resultado una especie de \u201cenclaves estatales\u201d.<\/p>\n<p>Entonces, \u00bfqu\u00e9 es lo nuevo que se suma a la definici\u00f3n desarrollista de las econom\u00edas primario-exportadoras? Sin duda, es el componente ecol\u00f3gico que pone \u00e9nfasis en el problema de la explotaci\u00f3n \u201cdepredadora\u201d o \u201cvoraz\u201d de la naturaleza y los impactos negativos que trae como consecuencia en relaci\u00f3n con los ecosistemas y las poblaciones locales. No cabe duda que esto, por obvias razones, no formaba parte de la discusi\u00f3n del desarrollismo sobre la naturaleza de los modelos de desarrollo en Am\u00e9rica Latina. Sin embargo, no todo se reduce a una suma de caracter\u00edsticas adicionales que antes no fueron tomadas en cuenta. Aunque puede no resultar tan evidente en un primer examen de las relaciones entre ambas formas de configurar una comprensi\u00f3n sistem\u00e1tica del modelo econ\u00f3mico o de desarrollo, en realidad existe un desplazamiento en el \u00e9nfasis que explica, en parte, las tensiones internas de la cr\u00edtica actual. Al respecto hay que aclarar desde el comienzo que esas diferencias entre ambos enfoques no tienen que ver con que las posiciones estructuralistas cre\u00edan en el desarrollo y los postdesarrollistas no lo hacen. Esa es una observaci\u00f3n que pretende explicar \u201cdesde fuera\u201d ciertas cuestiones que est\u00e1n al interior de las formulaciones sobre c\u00f3mo entender el modelo. Dicho de otro modo, la discusi\u00f3n que aqu\u00ed intentamos no se centra en definir c\u00f3mo entienden las alternativas y los objetivos futuros; sino en c\u00f3mo se interpreta el modelo actual. Es m\u00e1s, resulta sumamente curioso que existan discrepancias radicales en las alternativas y significativas coincidencias en el diagn\u00f3stico.<\/p>\n<p>En realidad lo que ocurre con la nueva perspectiva es que produce un desplazamiento de ciertas caracter\u00edsticas del modelo exportador primario subordin\u00e1ndolas a la importancia de los negativos efectos ambientales que ocasionan los sectores exportadores. En otras palabras, es el modo de utilizaci\u00f3n de la naturaleza el que determina la explicaci\u00f3n del modelo, no los aspectos que para el desarrollismo cl\u00e1sico eran los que lo defin\u00edan. As\u00ed por ejemplo, la remoci\u00f3n de grandes vol\u00famenes de recursos naturales es un factor principal del an\u00e1lisis, en tanto que el \u201ccontrol nacional\u201d de la actividad pasa a convertirse en un factor secundario. De igual modo, los da\u00f1os ambientales son fundamentales en la conceptualizaci\u00f3n del modelo, mientras que la coexistencia y complementariedad entre exportaci\u00f3n primaria e industrializaci\u00f3n no revisten el mismo peso en la explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, esto no quiere decir que la discusi\u00f3n se halle resuelta, m\u00e1s que eso, se halla obliterada; por lo tanto, no es posible decir categ\u00f3ricamente si el extractivismo es una nueva modalidad de las econom\u00edas primario exportadoras que las define de modo general o es una variante de ellas que ser\u00eda aplicable solo a ciertos casos. Todo hace pensar que es m\u00e1s bien lo primero, una especie de actualizaci\u00f3n aplicable a todas las econom\u00edas basadas en la exportaci\u00f3n primaria, pero que complementa la visi\u00f3n convencional sobre ellas.<\/p>\n<p>Ahora bien, es posible afirmar entonces que es en este sentido que se debe descifrar la relaci\u00f3n del extractivismo con el sistema capitalista. Es decir, el extractivismo constituye una modalidad de acumulaci\u00f3n, como se ha mencionado, que tienen las caracter\u00edsticas se\u00f1aladas. Pero, esta consideraci\u00f3n abre nuevos problemas que no se hallan resueltos por la cr\u00edtica postextractivista. Si el extractivismo es otro modo de nombrar a la modalidad primario exportadora es indispensable recordar que esta forma de acumulaci\u00f3n se habr\u00eda constituido a fines del siglo XIX de acuerdo a la perspectiva cl\u00e1sica del an\u00e1lisis desarrollista. No queda explicado cu\u00e1l es el sustento que hace posible extenderlo a todo el per\u00edodo colonial. Ocurre lo mismo con la noci\u00f3n de capitalismo, el planteamiento propuesto deja por sentado que el sistema capitalista tiene en nuestro continente 500 a\u00f1os y ha funcionado siempre bajo la misma modalidad. El problema no radica en que esta afirmaci\u00f3n sea cierta o no, la cuesti\u00f3n es que no est\u00e1 discutida y demostrada,<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a> lo cual nos devuelve \u2013una vez m\u00e1s- sobre lo difuso tanto del objeto de an\u00e1lisis como de la problematizaci\u00f3n que se plantea.<\/p>\n<p>Es posible identificar otro aspecto importante en la interpretaci\u00f3n del extractivismo y su condici\u00f3n de modelo econ\u00f3mico que, en cierta forma, se deriva de lo anterior aunque no sin dificultades explicativas. Si se concibe al extractivismo como igual al modelo primario exportador, entonces se puede entender a este como un \u201cmodelo\u201d o \u201cestrategia\u201d de desarrollo. As\u00ed por ejemplo, cuando Svampa y Sola \u00c1lvarez (2010) analizan el \u201cmodelo minero\u201d en Argentina hablar\u00e1n del extractivismo como un \u201cmodelo de desarrollo\u201d; en tanto que, al abordar los lineamientos para las alternativas al extractivismo, Gudynas (2011) lo identificar\u00e1, en el mismo sentido, como una \u201cestrategia o estilo de desarrollo\u201d. Claro, lo central no radica en si es un estilo o modelo, el tema a considerar tiene que ver con que esto coloca al extractivismo en otro nivel, a saber: la cuesti\u00f3n del desarrollo. Esta, sin duda, hace alusi\u00f3n a algo que no se limita a las modalidades de acumulaci\u00f3n capitalista y corresponde al orden civilizatorio de Occidente y la modernidad.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de las indeterminaciones y las ambig\u00fcedades que pueden suscitar estas distintas maneras de aproximarse a la problematizaci\u00f3n del extractivismo en cuanto modelo econ\u00f3mico, es posible decir que se trata de un modelo, estrategia o estilo equiparable al primario exportador; o sea, define a econom\u00edas cuyo funcionamiento se sustenta en la explotaci\u00f3n de materias primas dirigidas a la exportaci\u00f3n. Concebido as\u00ed, el extractivismo es entonces un modo de acumulaci\u00f3n capitalista que ha prevalecido en nuestras sociedades desde los albores de la colonia. Por \u00faltimo, el extractivismo es tambi\u00e9n un modelo de desarrollo, es decir, se halla inscrito en una \u201copci\u00f3n civilizatoria\u201d espec\u00edfica que se caracteriza por su tendencia destructiva frente a la naturaleza; de hecho, se puede decir que justamente esta \u201cclave civilizatoria\u201d convierte al extractivismo en la \u201cmejor expresi\u00f3n\u201d de esa forma de civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La introducci\u00f3n de la cuesti\u00f3n del modelo de desarrollo hace posible observar el v\u00ednculo entre la cr\u00edtica postextractivista y la postdesarrollista. En sentido estricto, el extractivismo es una parte de un problema de escala mayor: el desarrollo. Tal como lo sostiene Gudynas (2011c) la discusi\u00f3n sobre el extractivismo y las propuestas de alternativas postextractivistas solo adquieren sentido si se inscriben en el marco m\u00e1s amplio de la cr\u00edtica al desarrollo. Dicho de otro modo, el sentido del postextractivismo debe articularse a la necesidad de superaci\u00f3n del desarrollo. Nos hallamos frente a un nivel distinto del problema. En la cr\u00edtica postdesarrollista el problema del desarrollo alude al orden del esquema civilizatorio; es decir, a la otra gran vertiente del campo cr\u00edtico actual.<\/p>\n<h3><a name=\"_Toc373742415\"><\/a>El desarrollo como problema<\/h3>\n<p>Aunque algo m\u00e1s dif\u00edcil de reunir en un grupo coherente de tesis, el extractivismo visto en relaci\u00f3n con el esquema civilizatorio extiende el campo de discusi\u00f3n al orden general de una forma de sociedad caracterizada por una relaci\u00f3n desequilibrada y destructiva con la naturaleza. Entre el extractivismo y la dimensi\u00f3n civilizatoria media el concepto de desarrollo. El punto de partida es la crisis civilizatoria que el desarrollo habr\u00eda generado, es decir una crisis que supera lo econ\u00f3mico y lo pol\u00edtico\u00a0(Lang, 2011). En este sentido, el desarrollo forma parte de en un modo hist\u00f3rico de utilizaci\u00f3n de la naturaleza como objeto que se localiza en el \u00e1mbito de la \u201clarga duraci\u00f3n\u201d. Esta forma hist\u00f3rica se identifica con la civilizaci\u00f3n occidental y tiene en el centro el desarrollo de una racionalidad instrumental (bastante cercana a la definici\u00f3n weberiana) que hace de la naturaleza un espacio destinado exclusivamente a la extracci\u00f3n ilimitada de recursos. Aparejado a este proceso, este esquema civilizatorio presentar\u00eda otra din\u00e1mica de enorme importancia, se trata de la relaci\u00f3n con los grupos humanos que se hallan fuera del mismo. Localizados estos en otro registro civilizatorio, han sufrido hist\u00f3ricamente la subordinaci\u00f3n al esquema civilizatorio occidental. Una impresi\u00f3n a\u00fan superficial de los avances en este \u00e1mbito deja ver que aqu\u00ed se cuenta con elementos de reflexi\u00f3n apenas esbozados de modo general, aunque es indudable que esta forma de abordar la problem\u00e1tica tiene significativas vinculaciones con el antecedente de las tendencias ecologistas y las propuestas de la postcolonialidad y la decolonialidad que han llevado adelante una profunda y extendida discusi\u00f3n te\u00f3rico-pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Aunque es evidente que el extractivismo hace parte del proyecto civilizatorio occidental, no es tan f\u00e1cil definir si constituye una de sus modalidades hist\u00f3ricas circunscrita a ciertos \u00e1mbitos geogr\u00e1ficos o si se puede hablar de algo as\u00ed como una \u201ccivilizaci\u00f3n extractivista\u201d.<\/p>\n<p>En el caso ecuatoriano la cr\u00edtica pol\u00edtica al desarrollo se expresa en dos tendencias de extraordinaria importancia en el debate actual. De un lado est\u00e1 el <em>sumak kawsay<\/em> o buen vivir como horizonte de transformaci\u00f3n civilizatoria; de otro, se encuentran los \u201cderechos de la naturaleza\u201d. Ambas nociones han sido consagrados como principios constitucionales y ser\u00edan precisamente las formas concretas de manifestaci\u00f3n de las dos l\u00edneas de cuestionamiento al desarrollo: la post(de)colonial y la ecol\u00f3gica. Pero, \u00bfqu\u00e9 implica el cuestionamiento al desarrollo?, \u00bfa qu\u00e9 nos referimos cuando hablamos de desarrollo dentro de esta posici\u00f3n cr\u00edtica?, \u00bfc\u00f3mo conciben los postdesarrollistas el objeto de su problematizaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Es Gudynas quien mejor define el modo en que se analiza el tema del desarrollo al interior de esta perspectiva cr\u00edtica. El marco general al que pertenece el desarrollo es el de la modernidad,\u00a0 representando aquel uno de los fundamentos sobre los que se ha sostenido esta. De modo que la cr\u00edtica al desarrollo pertenece al campo m\u00e1s amplio de la cr\u00edtica a la modernidad, en particular, aquella que es capaz de articularse sobre la base de \u201cotros saberes\u201d excluidos o subordinados por la hegemon\u00eda de la modernidad. Gudynas encuentra las fuentes de esa cr\u00edtica en autores como Quijano, Mignolo o Escobar. En esta l\u00ednea de reflexi\u00f3n, en una temprana formulaci\u00f3n de este enfoque Edgardo Lander, Enrique Leff, Fernando Mires y otros (Lander, 1996) plantearon una cr\u00edtica de lo que definieron como \u201ccivilizaci\u00f3n industrial\u201d frente a su agotamiento como proyecto hist\u00f3rico. Por lo expuesto se puede decir que el desarrollo constituye algo as\u00ed como un \u201cprincipio civilizatorio\u201d, es decir corresponde a una de las ideas fundantes del esquema civilizatorio. Aceptemos esto sin someterlo a una interpretaci\u00f3n cr\u00edtica y rigurosa, es decir, dejemos de lado lo problem\u00e1tico de esa afirmaci\u00f3n para llevar el an\u00e1lisis algo m\u00e1s all\u00e1.<a href=\"#_ftn16\" name=\"_ftnref16\">[16]<\/a> Digamos entonces que efectivamente el desarrollo es un principio civilizatorio, pero la consecuencia l\u00f3gica es preguntarse a qu\u00e9 civilizaci\u00f3n hacemos referencia. As\u00ed por ejemplo, como se ha mencionado, puede estar inscrito en el orden b\u00e1sico de la acotada \u201ccivilizaci\u00f3n industrial\u201d o puede formar parte de los fundamentos de la mucho m\u00e1s amplia \u201ccivilizaci\u00f3n occidental\u201d o de la intermedia \u201ccivilizaci\u00f3n moderna\u201d. Procurando una s\u00edntesis es posible afirmar que la tendencia \u201cdesarrollista\u201d o \u201cprogresista\u201d est\u00e1 presente en todas; es decir, forma parte del orden civilizatorio de Occidente, en el entendido de que este es el m\u00e1s amplio y abarcador, del que los otros ser\u00edan formas hist\u00f3ricas espec\u00edficas.<\/p>\n<p>Aunque es posible identificar diversas maneras de entender qu\u00e9 significa el desarrollo, sobre todo en relaci\u00f3n con su particular estatuto social y cultural, existen ciertos elementos comunes que las distintas perspectivas coinciden en considerar como caracter\u00edsticos del desarrollo moderno occidental. Una primera idea es el fuerte car\u00e1cter normativo del desarrollo, su capacidad de moldear las pr\u00e1cticas sociales y las mentalidades para conducir la econom\u00eda y la pol\u00edtica. En segundo lugar, est\u00e1 la importancia que tiene el crecimiento econ\u00f3mico en la noci\u00f3n de desarrollo, se tratar\u00eda de la b\u00fasqueda perpetua por ampliar la riqueza material y su acumulaci\u00f3n. Una tercera caracter\u00edstica del desarrollo, que es de extraordinaria importancia, es su fundamentaci\u00f3n en un modo dualista de concebir la relaci\u00f3n ser humano-naturaleza; se trata de la inveterada escisi\u00f3n que la modernidad u occidente habr\u00edan establecido entre ambos, oponi\u00e9ndolos y haciendo de la naturaleza el objeto de la dominaci\u00f3n y la destrucci\u00f3n del ser humano.<\/p>\n<p>Sin embargo, al igual que con el extractivismo, es posible identificar un conjunto de forma heterog\u00e9neas de comprender el desarrollo al interior de las posiciones cr\u00edticas postdesarrollistas. Claro, todas coinciden en los aspectos mencionados, de cierta manera estos configuran lo esencial del desarrollo en cuanto \u201cprincipio civilizatorio\u201d al que hemos aludido; pero, \u00bfc\u00f3mo funciona en el esquema civilizatorio?, \u00bfqu\u00e9 hace posible su capacidad de imprimirle sentido hist\u00f3rico? Los postdesarrollistas ensayan cuatro formas de interpretarlo. Puede ser considerado como una \u201cideolog\u00eda\u201d, tambi\u00e9n como una \u201cnarrativa\u201d o \u201cimaginario\u201d, en otras versiones ser\u00e1 definido como un \u201cdispositivo\u201d, y para otras podr\u00e1 entenderse como una \u201cepistemolog\u00eda\u201d.<\/p>\n<p>En la primera versi\u00f3n, el desarrollo ser\u00eda una actualizaci\u00f3n de la \u201cideolog\u00eda del progreso\u201d de alcance m\u00e1s amplio y presente en la modernidad de modo casi inalterado. La esencia del progreso persistir\u00eda inmutable en el mundo moderno asumiendo distintos \u201cropajes\u201d, redit\u00e1ndose constantemente (Gudynas, 2011a). Para Gudynas esta persistencia es lo que explica su naturaleza ideol\u00f3gica. Es ideolog\u00eda por esta capacidad de mantenerse en el tiempo y por su capacidad de reproducir valores y creencias que legitiman y reproducen el orden social seg\u00fan el concepto que retoma de Terry Eagleton. No obstante, ateni\u00e9ndonos a la noci\u00f3n de Eagleton, la ideolog\u00eda permite la reproducci\u00f3n de un orden pol\u00edtico en el sentido fuerte, es decir un orden de desigualdad y explotaci\u00f3n vinculado de modo directo con la din\u00e1mica de la lucha de clases (Eagleton, 1997); en la reflexi\u00f3n de Gudynas esta dimensi\u00f3n central del car\u00e1cter ideol\u00f3gico sencillamente no aparece por ninguna parte. \u00bfPor qu\u00e9 ocurre esto? Porque en realidad Gudynas toma distancia del campo de teorizaci\u00f3n pol\u00edtica sobre el que establece su interpretaci\u00f3n de ideolog\u00eda Eagleton: el marxismo. Su postura, como la mayor\u00eda de los postdesarrollistas se empata con diversas tendencias del postmodernismo y, en particular, con el \u201cpostestructuralismo\u201d y el \u201cdeconstruccionismo\u201d. En consecuencia, su valoraci\u00f3n de la ideolog\u00eda est\u00e1 considerablemente influida por esta perspectiva, lo cual termina por redefinir la dimensi\u00f3n pol\u00edtica de la misma.<a href=\"#_ftn17\" name=\"_ftnref17\">[17]<\/a><\/p>\n<p>Bastante m\u00e1s com\u00fan es la cr\u00edtica que se articula en torno a nociones como \u201cimaginario\u201d y \u201cnarrativa\u201d. En este sentido, el desarrollo se plantea como una \u201cestrategia del lenguaje\u201d que impone una ruta determinada a nuestras sociedades. Se tratar\u00eda de una narrativa articulada a la necesidad del crecimiento econ\u00f3mico entendido como soporte para la construcci\u00f3n del bienestar social; constituyendo, adem\u00e1s, una concepci\u00f3n hist\u00f3rica lineal ascendente en la que se presupone la existencia de un estado inferior y otro superior futuro. Este \u201cimaginario\u201d o \u201cnarrativa\u201d forjado secularmente como eje fundante del occidente colonial y capitalista (Lang, 2011) se impone como el \u00fanico horizonte posible para las sociedades contempor\u00e1neas. De modo que aqu\u00ed tampoco es ajena cierta aproximaci\u00f3n pol\u00edtica al problema del desarrollo, as\u00ed parece indicarlo el hecho de que se conciba que esta \u201cnarrativa\u201d o \u201cimaginario\u201d tienen un car\u00e1cter hegem\u00f3nico como concepto en la medida en que apuntala la inclusi\u00f3n de los excluidos en el \u201cmodelo de vida\u201d instaurado por el \u201cNorte global\u201d (Lang, 2011). Hasta aqu\u00ed el desarrollo corresponde a un \u201crelato\u201d con capacidad normativa y performativa en el orden del lenguaje. Plante\u00e1ndose de forma muy cercana a la problematizaci\u00f3n del \u201cgiro ling\u00fc\u00edstico\u201d o la deconstrucci\u00f3n estamos frente a la necesidad de observar la capacidad que la idea de desarrollo tiene para \u201cconstruir lenguajes\u201d, es decir, convertirse en dominante en cuanto es capaz de \u201cmoldear\u201d el lenguaje.<\/p>\n<p>Si se sigue con atenci\u00f3n este mismo texto de Lang (2011) la noci\u00f3n de desarrollo es identificada tambi\u00e9n como parte de algo as\u00ed como un \u201cdispositivo civilizatorio\u201d; en concreto participa del \u201cdispositivo desarrollista, modernista, economicista y lineal\u201d (p\u00e1gs. 13 y 14). Este es un modo diferente de aproximarse al problema que, en cierto modo, complementa al anterior y est\u00e1 presente en el debate que pretenden hacer los postdesarrollistas. En definitiva, a m\u00e1s de una narrativa o imaginario, el desarrollo genera pr\u00e1cticas concretas que tienden a institucionalizar conductas individuales y colectivas, a conferirles un car\u00e1cter normativo. No solo es un problema de \u201cdiscursos\u201d o \u201cimaginarios\u201d, es principalmente un modo de estructurar el campo de las pr\u00e1cticas sociales, de ah\u00ed le viene un sentido de objetividad categ\u00f3rico. Este es indudablemente otro terreno, aunque es una formulaci\u00f3n que dista de plantearse expl\u00edcitamente es posible hallar indicios que nos hablan de un intento por comprender al desarrollo desde una noci\u00f3n semejante a la de \u201crelaciones de poder\u201d de Foucault o las del \u201csentido pr\u00e1ctico\u201d de Bourdieu. Para evitar que esto se entienda como una grosera y fantasiosa especulaci\u00f3n volvamos sobre el texto de Lang (2011), cuando el desarrollo aparece como dispositivo es cuando se discute la cuesti\u00f3n de las alternativas, en relaci\u00f3n con ello se se\u00f1ala que el GPAD considera la necesidad de hallarlas por fuera de ese dispositivo y encuentra que ese \u201cexterior\u201d al desarrollo no est\u00e1 solo en los \u201cdiscursos\u201d, sino principalmente en las pr\u00e1cticas que los excluidos han generado como respuestas a la imposici\u00f3n del desarrollo tales como \u201cplanes de vida, redes agroecol\u00f3gicas de producci\u00f3n y comercializaci\u00f3n, redes de trueque, formas alternativas de organizaci\u00f3n y reivindicaci\u00f3n barrial en las ciudades, etc.\u201d (p\u00e1g. 15).<a href=\"#_ftn18\" name=\"_ftnref18\">[18]<\/a> Conviene se\u00f1alar una distinci\u00f3n, el discurso como \u201cnarrativa\u201d puede considerarse como referido al registro de la subjetividad, en tanto que entendido como \u201cdispositivo\u201d se desplaza hacia un modo particular de comprender la objetividad.<\/p>\n<p>En su cuarta variante, una de las m\u00e1s conocidas y extendidas nociones sobre el desarrollo: su car\u00e1cter epistemol\u00f3gico. Como es sabido, esto se relaciona con la tesis de que la imposici\u00f3n de la modernidad implica la dominaci\u00f3n de una particular forma de conocimiento de tipo \u201ceuroc\u00e9ntrico y antropoc\u00e9ntrico\u201d por sobre otras formas de conocimiento u otros saberes pertenecientes a otros pueblos subyugados por esa \u201cdominaci\u00f3n epist\u00e9mica\u201d. En otras palabras, aquellas ideas de crecimiento perpetuo o dominaci\u00f3n de la naturaleza estructuran una \u201cforma hegem\u00f3nica\u201d de conocimiento. La cr\u00edtica a la ciencia y la tecnolog\u00eda est\u00e1 en el centro de esta discusi\u00f3n; estas no ser\u00edan m\u00e1s que \u201cdispositivos\u201d que salvaguardan la imposici\u00f3n \u201cideol\u00f3gica\u201d del desarrollo.<\/p>\n<p>Intentando una s\u00edntesis se puede decir, entonces, que el desarrollo constituye una narrativa o imaginario hegem\u00f3nicos de la modernidad que se originan en los m\u00e1s generales vinculados con la noci\u00f3n de progreso. De modo que, la narrativa del desarrollo impone la idea de crecimiento ilimitado para lograr el bienestar en una tendencia lineal que se soporta en la dominaci\u00f3n de la naturaleza y de pueblos no occidentales. Este imaginario es, adem\u00e1s, un dispositivo ya que estructura un orden normativo de pr\u00e1cticas que adscriben a su espec\u00edfica concepci\u00f3n de la sociedad. Por \u00faltimo, este imaginario tiene como parte suya una dimensi\u00f3n epistemol\u00f3gica que hace posible la imposici\u00f3n de un saber particular que se torna dominante.<\/p>\n<p>Sin embargo, no desaparece cierto sentido contradictorio o \u2013por lo menos- dis\u00edmil al interior de esta interpretaci\u00f3n del desarrollo. La s\u00edntesis propuesta hace una lectura de los distintos intentos por definirlo y se\u00f1alar sus efectos; pero est\u00e1 lejos de resolver ciertas discrepancias impl\u00edcitas. Desde cierta perspectiva se podr\u00eda decir que el desarrollo aparece como un problema de los lenguajes y las disputas que pueden suscitar o aquello que sin mayor precisi\u00f3n solemos denominar imaginarios; del otro lado, sugiere \u2013m\u00e1s bien- un principio que supera lo discursivo y avanza hacia la construcci\u00f3n de opciones pr\u00e1cticas de acci\u00f3n social.\u00a0 No es que se trate de posiciones excluyentes y antag\u00f3nicas; de hecho, nuestra propuesta de s\u00edntesis las vincula en consideraci\u00f3n de que, en una u otra forma, hacen parte de un mismo campo te\u00f3rico y pol\u00edtico. Parte de este \u00faltimo es su modo de vincular el desarrollo, como narrativa y dispositivo, a la pol\u00edtica. En primer lugar, es evidente una tensi\u00f3n sobre la naturaleza del desarrollo, a momentos pareciera constituir un discurso \u201cdemag\u00f3gico\u201d que sirve para la dominaci\u00f3n pero carece de realidad hist\u00f3rica concreta; en otros momentos, por el contrario, es una realidad objetiva \u2013la de los pa\u00edses occidentales- que intenta imponerse a otros pueblos; finalmente, puede ser una combinaci\u00f3n de ambas. En cualquier caso el desarrollo comporta una falsedad impl\u00edcita y evidente, sobre esto se sostiene la idea de que el desarrollo tiene una \u201cbase ideol\u00f3gica\u201d. Es decir, la forma m\u00e1s simplificada de comprender la ideolog\u00eda: algo es ideol\u00f3gico porque es una mentira evidente. No entraremos en la discusi\u00f3n que esto amerita, pero basta decir que el problema de la ideolog\u00eda es considerablemente m\u00e1s complejo que eso, si as\u00ed fuera ning\u00fan sustrato ideol\u00f3gico podr\u00eda cumplir su funci\u00f3n pol\u00edtica; as\u00ed como tambi\u00e9n, al arte estar\u00eda incrustado de lleno en el \u00e1mbito de la ideolog\u00eda. Bueno, mentira \u201ccompleta\u201d o \u201ca medias\u201d, la narrativa sustenta una determinada forma de poder, esto no es para nada ausente de la postura postdesarrollista, el problema aparece cuando tratamos de determinar qu\u00e9 es esa \u201cforma de poder\u201d. Lo m\u00e1s evidente es que el discurso del desarrollo aparezca vinculado con intereses concretos de gobiernos y corporaciones multinacionales, por una parte, por otra, se relaciona con el imperio de la \u201cracionalidad occidental\u201d. No obstante, en el \u201clargo plazo\u201d parece imponerse esta \u00faltima idea ya que ser\u00eda dif\u00edcil ubicar a Arist\u00f3teles como un instrumento de las corporaciones transnacionales, no al menos en el sentido en que la cr\u00edtica postdesarrollista lo entiende. La din\u00e1mica hist\u00f3rica de esa racionalidad se dirige hacia el dominio de la cultura occidental y la imposici\u00f3n de su modo de vida destruyendo la naturaleza y sometiendo a otros pueblos. Para la cr\u00edtica postdesarrollista, el desarrollo \u2013no importa si como \u201cideolog\u00eda\u201d, \u201cnarrativa\u201d o \u201cdispositivo\u201d- cumple la funci\u00f3n de legitimar esa imposici\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Este sentido apor\u00e9tico de la cr\u00edtica al desarrollo alcanza su mayor evidencia en estos intentos por politizar la noci\u00f3n de desarrollo al tratar de configurar una mirada general sobre las alternativas. De tal manera que, por una parte, el \u00e9nfasis de la discusi\u00f3n, sobre todo en un primer momento, gira en torno a la b\u00fasqueda de propuestas entendidas como \u201calternativas de desarrollo\u201d; pero, en un segundo momento, se es visible una modificaci\u00f3n que pasa a una problematizaci\u00f3n distinta, centrando el debate en la formulaci\u00f3n de perspectivas identificadas como \u201calternativas al desarrollo\u201d. El paso de una a otra posici\u00f3n es determinante, puesto que supone un desplazamiento de la discusi\u00f3n sobre las distintas modalidades de desarrollo a otra que plantea al desarrollo mismo como un problema, frente al cual se deber\u00e1n formular propuestas de \u201cdesdesarrollo\u201d o \u201cantidesarrollo\u201d. Sin duda, las primeras guardan mayor relaci\u00f3n con la vertiente econ\u00f3mica sobre el extractivismo, en tanto que, las segundas se fundamentan m\u00e1s cercanamente a la vertiente civilizatoria. Un buen ejemplo de esto es lo que ocurre con la cr\u00edtica al \u201cmaldesarrollo\u201d (Tortosa, 2011; Unceta, 2009), a pesar de su sentido metaf\u00f3rico, el concepto hace suponer que habr\u00eda la posibilidad de un \u201cbuen desarrollo\u201d, es decir, el problema no ser\u00eda el desarrollo en s\u00ed mismo, sino una forma espec\u00edfica del mismo, una variante hist\u00f3rica particular. Con todas las \u201ccorrecciones\u201d que se le pueda hacer, esto supondr\u00eda que no es necesario abandonar el horizonte de la noci\u00f3n de desarrollo. En este sentido, por ejemplo, una relaci\u00f3n arm\u00f3nica con la naturaleza ser\u00eda \u201cm\u00e1s desarrollada\u201d que la de la modernidad. Por el contrario, pensar en el postdesarrollo supone, en rigor, que el desarrollo incluso si deja de ser un \u201cmaldesarrollo\u201d conduce a resultados nefastos porque se inspira en una concepci\u00f3n equivocada de la naturaleza y la humanidad. Una vez m\u00e1s si se trata de sustituir un orden civilizatorio que tiene en el desarrollo uno de sus pilares fundamentales, se trata \u2013entonces- de echarlo abajo sin importar si este funciona o no funciona, sin considerar si es alcanzable o no lo es. La perspectiva radical del postdesarrollo radicar\u00eda justamente en puntualizar que el desarrollo es negativo inclusive si funciona \u201cperfectamente\u201d y si se alcanza en su plenitud como objetivo hist\u00f3rico. Para esta concepci\u00f3n ese no ser\u00eda el problema, esa no ser\u00eda la discusi\u00f3n fundamental. En otras palabras, por ejemplo, no ser\u00eda lo mismo buscar opciones para superar la pobreza y la exclusi\u00f3n aplicando mecanismos y programas espec\u00edficos que eviten la destrucci\u00f3n de la naturaleza y el sometimiento de pueblos diversos, que partir del supuesto de que el concepto mismo de pobreza es errado porque se enmarca en una concepci\u00f3n del bienestar que no corresponde a la de los pueblos \u201csubalternos\u201d y, m\u00e1s bien, hace posible perpetuar esa dominaci\u00f3n.<a href=\"#_ftn19\" name=\"_ftnref19\">[19]<\/a> En este sentido, la cuesti\u00f3n no es c\u00f3mo superar la pobreza, sino c\u00f3mo \u201cdeconstruir\u201d el concepto que \u201cresignifica\u201d las condiciones de los subalternos y cumple las funciones anotadas.<\/p>\n<p>Por otra parte, este desplazamiento conceptual de la cr\u00edtica modifica el campo de su cuestionamiento al extractivismo, volvi\u00e9ndola en cierto sentido \u201cm\u00e1s radical\u201d. Pero, no se puede dejar de se\u00f1alar que este replanteamiento de la cr\u00edtica pone en cuesti\u00f3n tambi\u00e9n a la variante interpretativa posextractivista que centra sus planteamientos en l problematizaci\u00f3n del modelo econ\u00f3mico. En concreto, la cr\u00edtica referida al esquema civilizatorio sit\u00faa al concepto de desarrollo como uno de los componentes ideol\u00f3gicos m\u00e1s importantes, si no el m\u00e1s importante, de la \u201ccivilizaci\u00f3n extractivista\u201d, al hacerlo suprime \u2013al menos en su versi\u00f3n m\u00e1s \u201cradical\u201d- la posibilidad de \u201cotro desarrollo\u201d, por lo que la necesidad de b\u00fasqueda de alternativas implica concebir las formas del \u201cpostdesarrollo\u201d, es decir, abandonar por completo la noci\u00f3n de desarrollo en el horizonte hist\u00f3rico y pol\u00edtico. Si se tiene en cuenta que la discusi\u00f3n del extractivismo como \u201cmodelo econ\u00f3mico\u201d, en ocasiones, se halla \u201centrampada\u201d en la ideolog\u00eda del desarrollo, entonces la cr\u00edtica civilizatoria pone en cuesti\u00f3n tambi\u00e9n a su variante econ\u00f3mica que se concentra en la cr\u00edtica al extractivismo. Claro, es posible hallar una soluci\u00f3n a esta paradoja interna de las posturas cr\u00edticas sobre el extractivismo y el desarrollo. Se podr\u00eda se\u00f1alar que la cr\u00edtica al extractivismo como modelo econ\u00f3mico est\u00e1 delimitada por el debate en torno al proceso de transici\u00f3n hacia el postextractivismo, mientras que la versi\u00f3n cr\u00edtica del postdesarrollo apunta a las alternativas que surgir\u00e1n de esa transici\u00f3n hacia una superaci\u00f3n mayor. No obstante, esto no parece estar suficientemente resuelto en las propuestas esbozadas en ese sentido.<\/p>\n<p>De cualquier modo, en clave civilizatoria, el extractivismo y el desarrollo son interpelados \u2013sobre todo- desde la formulaci\u00f3n de alternativas al tipo de civilizaci\u00f3n hegem\u00f3nica. Es por ello que son los planteamientos relacionados con el <em>sumak kawsay<\/em> o buen vivir los que mejor expresan esos cuestionamientos. Sin embargo, estos todav\u00eda corresponden a criterios sumamente generales derivados de una discusi\u00f3n a\u00fan inicial en torno a los elementos que permitir\u00edan definir al extractivismo y al desarrollo.<\/p>\n<h3><a name=\"_Toc373742416\"><\/a>La cr\u00edtica al neodesarrollismo<\/h3>\n<p>Hasta aqu\u00ed se hemos tratado de explicar los lineamientos generales de la posici\u00f3n cr\u00edtica en el debate actual. Resta contestar c\u00f3mo esta perspectiva entiende el momento actual. Es lo que intentaremos en lo que sigue. En definitiva se trata de establecer cu\u00e1les son las diferencias y las continuidades que la puesta en marcha del actual programa gubernamental presenta en referencia al extractivismo y el desarrollo. En t\u00e9rminos generales, la cr\u00edtica postdesarrollista no desconoce que el gobierno de la \u201crevoluci\u00f3n ciudadana\u201d representa una transformaci\u00f3n en relaci\u00f3n con las versiones anteriores del extractivismo y el desarrollismo. No obstante, el centro del debate radica en la profundidad y el sentido de esos cambios. Todo hace suponer que, desde la visi\u00f3n cr\u00edtica, estos no representan una ruptura significativa en ninguno de los dos \u00e1mbitos.<\/p>\n<p>Comencemos por las pol\u00edticas gubernamentales sobre el extractivismo. Las modificaciones tienen que ver con dos aspectos concretos: control sobre las actividades extractivas y distribuci\u00f3n de la renta generada por ellas. El gobierno actual, al igual que otros gobiernos de la regi\u00f3n, marca una diferencia con la etapa anterior (neoliberal) porque ejecuta una pol\u00edtica de control e intervenci\u00f3n estatal en las actividades extractivas, esto se expresar\u00eda \u2013por ejemplo- en la renegociaci\u00f3n de los contratos petroleros que cambiaron sustancialmente la repartici\u00f3n de los beneficios entre el Estado y las empresas; as\u00ed mismo, se se\u00f1ala como un cambio una mayor presencia de las empresas estatales en la gesti\u00f3n del sector. Por otra parte, esta modificaci\u00f3n en la distribuci\u00f3n de la renta petrolera permitir\u00eda financiar la pol\u00edtica social anclada en la inversi\u00f3n estatal en los sectores de salud y educaci\u00f3n y en pol\u00edticas de transferencias monetarias directas y subsidios. En suma, estos dos aspectos configuran una nueva situaci\u00f3n respecto del manejo del extractivismo.<\/p>\n<p>Sin embargo, para los postdesarrollistas el severo l\u00edmite de estas transformaciones se encuentra en la ausencia de un programa consistente para la superaci\u00f3n del extractivismo. Es decir, el gobierno actual no se plantea salir del extractivismo y, por el contrario, hace de este el soporte de su estrategia de desarrollo. Esto lo obliga no solo a mantener al extractivismo como eje del modelo, sino a profundizarlo y extenderlo; de ah\u00ed su necesidad, por ejemplo, de ampliar la frontera petrolera hacia la Amazonia Centro-Sur y de llevar adelante la ejecuci\u00f3n de los proyectos de mega-miner\u00eda. De modo que no hay un proyecto que busque cambiar la modalidad de acumulaci\u00f3n extractivista o primario-exportadora, sino \u00fanicamente de preservarla mediante la intervenci\u00f3n estatal. Por lo tanto, sus impactos negativos como la destrucci\u00f3n de la naturaleza, la dependencia del mercado mundial bajo la exportaci\u00f3n especializada, la escasa diversificaci\u00f3n o las formas autoritarias de la pol\u00edtica, se mantienen inalterados.<\/p>\n<p>De otro lado, esta imposibilidad de una transformaci\u00f3n estructural del modelo da lugar a una especie de \u201cpol\u00edtica del chantaje\u201d en cuanto a la pol\u00edtica social. Dado que esta se sustenta en las rentas del extractivismo, entonces sirve para la legitimaci\u00f3n del programa gubernamental tanto a nivel local como a nivel nacional. De este modo, las medidas que buscan asegurar que parte de la renta se quede en el \u00e1mbito local donde se desarrollan proyectos extractivos constituye un mecanismo para desactivar el conflicto y conducir a una \u201caceptaci\u00f3n obligada\u201d de esos proyectos. Otro problema tendr\u00eda que ver con que el modelo neoextractivista del gobierno en este plano, el de la inversi\u00f3n social, estar\u00eda ejecutando una pol\u00edtica de redistribuci\u00f3n de los excedentes generados por la renta extractiva, lo cual encubre las necesidades de una pol\u00edtica redistributiva m\u00e1s profunda (Acosta, 2011).<\/p>\n<p>Estas consideraciones son las que permiten definir al modelo de gobierno como la puesta en marcha de un \u201cneoextractivismo\u201d, entendi\u00e9ndolo como una continuaci\u00f3n del extractivismo de viejo cu\u00f1o con ciertas modificaciones que no alteran significativamente el modelo. Pr\u00e1cticamente en todos los aspectos propios de este modelo las cosas permanecen igual, inclusive la tendencia que este muestra a asumir una l\u00f3gica de enclave, que para una mirada desatenta podr\u00eda dejar de operar debido al \u201ccontrol nacional\u201d por medio del Estado, se mantiene ya que persistir\u00eda la din\u00e1mica de fragmentaci\u00f3n territorial y escasa presencia estatal en las \u00e1reas en las que estas actividades se desarrollan. As\u00ed mismo, la fuerte propensi\u00f3n al \u201cdesarrollo hacia afuera\u201d\u00a0 del modelo persistir\u00eda ya que la estrategia del gobierno apuntar\u00eda a consolidar la dependencia de la econom\u00eda en relaci\u00f3n con el sistema capitalista mundial.<\/p>\n<p>Para los cr\u00edticos postextractivistas la ausencia de una perspectiva de transformaci\u00f3n \u201cradical\u201d es a\u00fan m\u00e1s evidente si nos trasladamos al campo de la discusi\u00f3n sobre el desarrollo. Las justificaciones para mantener y extender el extractivismo ser\u00edan una muestra patente del completo alineamiento del gobierno con la \u201cideolog\u00eda del desarrollo\u201d, expl\u00edcitamente en su horizonte se halla la meta del crecimiento econ\u00f3mico para lograr el \u201cbienestar\u201d promovido por el modo de vida hegem\u00f3nico de la modernidad. En consecuencia, si en cuanto a la esfera m\u00e1s limitada del modelo econ\u00f3mico no se evidencian cambios sustanciales, esto pr\u00e1cticamente se encuentra anulado en relaci\u00f3n con el marco civilizatorio que encuadra al programa gubernamental.<\/p>\n<p>Un aspecto que plantea dificultades para la tendencia cr\u00edtica es la aceptaci\u00f3n que el gobierno hace de ciertos postulados del postextractivismo y el postdesarrollismo en sus formulaciones respecto de las reformas econ\u00f3micas y pol\u00edticas que dice estar llevando a cabo. Las manifestaciones m\u00e1s notables de esto se hallar\u00edan tanto en la Constituci\u00f3n como en el Plan Nacional del Buen Vivir\u00a0(SENPLADES, 2009), instrumentos en los que cuestiones como la necesidad de una estrategia que permita superar el extractivismo, los derechos de la naturaleza o el sumak kawsay parecieran jugar un papel central. En otras palabras, estos principios cumplir\u00edan una funci\u00f3n central en el redise\u00f1o institucional del pa\u00eds ateni\u00e9ndonos estrictamente al modo en que se estructuran aquellos documentos. Para los cr\u00edticos postdesarrollistas esto se explica porque todo eso no es m\u00e1s que mero discurso, entendido aqu\u00ed de modo mucho menos sofisticado, es decir pura ret\u00f3rica demag\u00f3gica que edulcora el \u201creal proyecto\u201d del gobierno. Nada m\u00e1s que un discurso falaz. \u00bfEsto es realmente as\u00ed? Es hora de pasar al otro lado de la contienda y escudri\u00f1ar c\u00f3mo se plantean estos problemas al interior del neodesarrollismo gubernamental.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc373742417\"><\/a>Aproximaci\u00f3n al neodesarrollismo<\/h2>\n<p>\u00bfQu\u00e9 ocurre del lado del gobierno en este debate? Una constataci\u00f3n de extraordinaria importancia debe anotarse desde el inicio. En t\u00e9rminos generales, existen coincidencias sustanciales en la forma en que entienden el extractivismo y el desarrollo tanto los neodesarrollistas como los postdesarrollistas. En definitiva el neodesarrollismo comparte una mirada cr\u00edtica sobre el extractivismo y el desarrollo en cuanto a sus efectos negativos sobre la naturaleza y la sociedad. En el caso del Ecuador, los programas de gobierno y el Plan Nacional para el Buen Vivir apuntan expl\u00edcitamente la necesidad de superar el extractivismo como estrategia fundamental y cambiar el \u201cparadigma del desarrollo\u201d.<\/p>\n<p>Empecemos por el modo de tratamiento del problema del extractivismo. En la formulaci\u00f3n del marco general de an\u00e1lisis de la econom\u00eda ecuatoriana y en las estrategias para la transformaci\u00f3n del patr\u00f3n de especializaci\u00f3n productiva contenidos en el PNBV el extractivismo no es entendido como un modelo econ\u00f3mico en sentido estricto, aparece asociado con el modelo primario exportador. En rigor, este modelo es visto como una modalidad o estrategia de acumulaci\u00f3n. El an\u00e1lisis de la econom\u00eda ecuatoriana determina que esta ha funcionado hist\u00f3ricamente bajo una modalidad agroexportadora y extractiva (en referencia al petr\u00f3leo), es decir, sobre la base de la exportaci\u00f3n primaria; el hallazgo del petr\u00f3leo no habr\u00eda hecho otra cosa que \u201creprimarizar\u201d la econom\u00eda (p\u00e1gs. 92-95, 330). Esta estrategia econ\u00f3mica habr\u00eda sido aplicada en el pa\u00eds durante las \u00faltimas seis d\u00e9cadas aproximadamente. La estrategia de cambio del patr\u00f3n productivo trata de ser m\u00e1s precisa en el an\u00e1lisis haciendo una distinci\u00f3n entre \u201cpatr\u00f3n de especializaci\u00f3n productiva\u201d y \u201cmodo de acumulaci\u00f3n\u201d, no se explica muy bien su diferencia, pero se explica que el primero \u2013m\u00e1s acotado se entiende- determina al segundo. As\u00ed se define que la econom\u00eda ecuatoriana ha tenido hist\u00f3ricamente un \u201cmodo de acumulaci\u00f3n primario-extractivista-exportador\u201d, m\u00e1s adelante se dice:<\/p>\n<p>En el Ecuador, el patr\u00f3n de especializaci\u00f3n se caracteriz\u00f3 por ser primario, extractivista, y concentrar su din\u00e1mica \u00fanicamente en la exportaci\u00f3n. Este patr\u00f3n de la econom\u00eda limita las posibilidades de alcanzar el Buen Vivir pues reproduce un esquema de acumulaci\u00f3n en desigualdad y un tipo de explotaci\u00f3n irracional que degrada el ecosistema (p\u00e1g. 103).<\/p>\n<p>Claro, no resulta muy f\u00e1cil distinguir qu\u00e9 es \u201cpatr\u00f3n\u201d y qu\u00e9 es \u201cmodo de acumulaci\u00f3n\u201d cuando ambos comparten las mismas caracter\u00edsticas. Pero m\u00e1s all\u00e1 de esta indeterminaci\u00f3n conceptual, el balance de la estructura econ\u00f3mica ecuatoriana es enormemente coincidente con el que hacen los postdesarrollistas. En suma, una econom\u00eda orientada a la exportaci\u00f3n basada en la explotaci\u00f3n de productos primarios con los consecuentes efectos negativos sobre la poblaci\u00f3n y la naturaleza. En este mismo sentido la <em>Agenda de transformaci\u00f3n productiva<\/em> (MCPEC, s\/f, p\u00e1g. 33) habla de cambiar la \u201cmatriz primaria exportadora extractiva\u201d que determina las caracter\u00edsticas de la econom\u00eda ecuatoriana. La Agenda a\u00f1ade un elemento muy importante al an\u00e1lisis, volviendo sobre la conceptualizaci\u00f3n desarrollista cl\u00e1sica, uno de los elementos centrales de su examen acerca de la econom\u00eda del pa\u00eds constituye el problema de la \u201cheterogeneidad estructural\u201d al que denominan tambi\u00e9n \u201cbrecha interna\u201d, es decir la conocida contraposici\u00f3n entre sectores \u201cmodernos\u201d altamente productivos y otros \u201catrasados\u201d de baja productividad (p\u00e1gs. 49 y 57).<\/p>\n<p>Una apresurada evaluaci\u00f3n de esta perspectiva contenida en los documentos oficiales de gobierno, en particular del PNBV, podr\u00eda llevarnos a la conclusi\u00f3n de que si bien el gobierno cuestiona el fundamento extractivista del modelo primario exportador y convierte a la necesidad de su transformaci\u00f3n en uno de los fundamentos de su proyecto, esto no necesariamente supone un cuestionamiento a la \u201cideolog\u00eda del desarrollo\u201d. No obstante, esto tampoco resulta cierto, el PNBV se\u00f1ala expl\u00edcitamente la necesidad de superar el \u201cparadigma del desarrollo\u201d para colocar en su lugar el del Buen Vivir, sus argumentos corresponden al mismo enfoque del postdesarrollo. El PNBV justifica la necesidad del cambio de paradigma a partir de la crisis del concepto de desarrollo, de su inviabilidad y de la trampa que supone para los pa\u00edses subdesarrollados; de este modo, deja absolutamente claro que el Buen Vivir no es lo mismo que el desarrollo y reconoce como su fuente principal a los saberes ind\u00edgenas del mundo andino. Inclusive advierte sobre la capacidad de \u201cresistencia\u201d del desarrollo que ha prevalecido a las cr\u00edticas y ha modificado sus posiciones sin alterarse como objetivo central. As\u00ed mismo, concuerda con las posiciones postdesarrollistas en la identificaci\u00f3n de una continuidad entre la noci\u00f3n de progreso y la de desarrollo al interior de Occidente (p\u00e1gs. 31-34).<\/p>\n<p>Floresmilo Simba\u00f1a (2011) encuentra que a pesar del reconocimiento de todos estos principios del Buen Vivir existe una discrepancia fundamental con la visi\u00f3n que los pueblos ind\u00edgenas. En su opini\u00f3n, para estos pueblos hay un principio fundamental que el gobierno deja por fuera, se trata del sentido comunitario de la vida social. Para Simba\u00f1a la propuesta de gobierno tiene una mirada significativamente individualista respecto del Buen Vivir. Sin embargo, esta cr\u00edtica no es del todo precisa; el PNBV reconoce la necesidad de introducir como un principio del \u201cnuevo paradigma\u201d a la noci\u00f3n de lo comunitario en oposici\u00f3n al individualismo propio del \u201cparadigma\u201d liberal. La reconstituci\u00f3n de las relaciones comunitarias y su centralidad en la organizaci\u00f3n de la vida social se explica por el clivaje que el proyecto de gobierno tiene en el republicanismo (Ram\u00edrez, s\/f), lo cual establece necesarios v\u00ednculos con las nociones comunitarias ancestrales que provienen de los pueblos ind\u00edgenas.<\/p>\n<p>En definitiva, siguiendo los documentos oficiales de gobierno, existe una propuesta que en el horizonte de transformaci\u00f3n m\u00e1s amplio propone la necesidad de abandonar el desarrollo como objetivo para lograr, m\u00e1s bien, el Buen Vivir. Para ello, un cierto proceso de transici\u00f3n debe llevarse a cabo, parte de ese proceso es la transformaci\u00f3n del modelo econ\u00f3mico primario exportador anclado en el extractivismo.<\/p>\n<p>Este car\u00e1cter de la propuesta de gobierno es reconocido por sus cr\u00edticos postdesarrollistas como un avance en la definici\u00f3n de pol\u00edticas generales que coinciden con la senda de las transformaciones que ellos defienden. Sin embargo, apuntan que el problema tiene que ver con la implementaci\u00f3n pr\u00e1ctica de esas pol\u00edticas en que no solo se ver\u00edan escasos avances, sino tendencias contradictorias en particular por la decidida profundizaci\u00f3n del extractivismo que el gobierno aplica decididamente (Acosta, 2011; Gudynas, 2011a). De hecho, en la pr\u00e1ctica el gobierno insiste obsesivamente en la necesidad de impulsar los proyectos de mega-miner\u00eda y acaba de abrir una licitaci\u00f3n para la expansi\u00f3n de la frontera petrolera hacia la Amazonia Centro-Sur, un \u00e1rea de enorme biodiversidad y territorio de varias nacionalidades ind\u00edgenas. Por otro lado, no es del todo evidente una pol\u00edtica real tendiente a la diversificaci\u00f3n econ\u00f3mica. En consecuencia, se puede decir que en los hechos lo que hace el gobierno contradice su programa; y, ciertamente la posici\u00f3n del gobierno no est\u00e1 exenta de ambig\u00fcedades e indeterminaciones. Estas no est\u00e1 presentes solo en cuanto a la posibilidad de avances hacia una transici\u00f3n postextractivista, tambi\u00e9n aparecen en cuanto a asumir al Buen Vivir como horizonte, as\u00ed por ejemplo, no es poco frecuente escuchar al presidente Correa se\u00f1alar que el objetivo de las transformaciones es conducir al pa\u00eds hacia el desarrollo.<\/p>\n<p>Ahora bien, reducir este car\u00e1cter contradictorio de la reforma que intenta el gobierno a un ejercicio pol\u00edtico que convierte al programa oficial en un \u201cdiscurso demag\u00f3gico\u201d que sirve de coartada para otro proyecto real y oculto, no es m\u00e1s que una simplificaci\u00f3n poco atinada. Ciertos estudios muestran que en orden de eso que llamamos la \u201crealidad\u201d o los \u201chechos reales\u201d hay cambios que deben ser tenidos en cuenta. As\u00ed por ejemplo, en un muy interesante estudio Mar\u00eda Cristina Vallejo demuestra c\u00f3mo la econom\u00eda ecuatoriana desde los a\u00f1os 70 hasta la actualidad ha sufrido un proceso de \u201cdesmaterializaci\u00f3n relativa\u201d y un tr\u00e1nsito leve hacia una econom\u00eda con un r\u00e9gimen industrial m\u00e1s que agrario (Vallejo, 2010). De igual modo, la investigaci\u00f3n de Miguel Ru\u00edz (2012) sobre el patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n en el Ecuador para la d\u00e9cada del 2000 muestra que durante la segunda mitad de la d\u00e9cada, la que corresponde al gobierno de la \u201crevoluci\u00f3n ciudadana\u201d, hay ciertas modificaciones importantes, entre ellas una de las que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n es el mayor crecimiento de sectores econ\u00f3micos como la construcci\u00f3n, la intermediaci\u00f3n financiera y la electricidad y agua frente a la disminuci\u00f3n del ritmo de crecimiento de sectores como la pesca o el agropecuario, sumada a un ligero decrecimiento de la rama de minas y canteras en la que se incluye el petr\u00f3leo. De igual modo, otro estudio elaborado por Pablo Ospina (2012) confirma alguna de estas ligeras tendencias de modificaci\u00f3n en cuanto al r\u00e9gimen de acumulaci\u00f3n que hablar\u00edan de una discreta disminuci\u00f3n del peso del extractivismo en la econom\u00eda. \u00bfEstos datos supondr\u00edan que la econom\u00eda ecuatoriana avanza hacia una transformaci\u00f3n que reducir\u00e1 el peso que el extractivismo tiene en su estructura? Es dif\u00edcil a\u00fan aventurar respuestas sin caer en el campo de las especulaciones, pero ciertamente estas investigaciones dejan ver un fen\u00f3meno extremadamente importante que es se\u00f1alado con acierto: estas tendencias son anteriores al gobierno de Correa. Ospina explica con toda claridad este fen\u00f3meno al identificarlo como el resultado de los cambios regionales y globales del capitalismo, lo que har\u00eda que los efectos se\u00f1alados correspondan en mayor medida a factores que el gobierno no controla y que los cambios respondan menos a las pol\u00edticas gubernamentales que a la influencia de esos factores; en su an\u00e1lisis, por lo dem\u00e1s, esto explica que en el balance general los resultados del PNBV sean escasos.<\/p>\n<p>Pues bien, estas referencias al comportamiento econ\u00f3mico, sumados a la significativa reforma institucional implementada por el gobierno dan cuenta tanto de cambios que no pueden ser eludidos en el an\u00e1lisis. Por supuesto, esto no significa que el gobierno conduzca sus reformas hacia un \u201cradical\u201d postextractivismo y menos a\u00fan hacia el Buen Vivir; pero esto no se explica necesariamente por una desviaci\u00f3n de su programa, sino precisamente por la influencia de aspectos que no necesariamente se hallan bajo su control y por la poca efectividad de sus estrategias en cuanto a equilibrar esa falta de control. Todo lo cual, indudablemente, tiene razones pol\u00edticas precisas pero podr\u00eda ser entendido como un estancamiento o retroceso temporal del proceso, no necesariamente como un abandono del mismo.<\/p>\n<p>Es un hecho incontestable que el gobierno se propone profundizar el extractivismo en lo inmediato; pero, tambi\u00e9n es evidente que viene ensayando una serie de pol\u00edticas destinadas a disminuir el peso del modelo primario exportador sobre la base de los presupuestos desarrollistas a los que adscribe, al igual que buena parte de la cr\u00edtica postextractivista. Hablamos de pol\u00edticas que se ejecutan en la pr\u00e1ctica, no solo de programas o agendas, entre ellas conviene hacer menci\u00f3n de los intentos por diversificar la base econ\u00f3mica sobre la base, principalmente, de ampliaci\u00f3n de cr\u00e9ditos para vivienda que han impulsado significativamente la construcci\u00f3n; las grandes inversiones en obras de infraestructura; las pol\u00edticas crediticias destinadas a medianos y peque\u00f1os productores; o la cuestionada reforma educativa que promueve la creaci\u00f3n de capacidades t\u00e9cnicas articuladas completamente a la transformaci\u00f3n del modelo productivo.<a href=\"#_ftn20\" name=\"_ftnref20\">[20]<\/a> En cualquier caso, son necesarios estudios que permitan conocer cu\u00e1l es el impacto real de esas pol\u00edticas y en qu\u00e9 medida contribuyen a consolidar la transici\u00f3n hacia una econom\u00eda postextractivista. La ausencia de estos es patrimonio tanto de los defensores neodesarrollistas como de los cr\u00edticos postdesarrollistas.<\/p>\n<p>Siendo rigurosos, si la construcci\u00f3n del Buen Vivir es entendida por unos y otros como una gran transformaci\u00f3n civilizatoria que supere a Occidente y la modernidad, es obvio suponer que hablamos de un muy profundo cambio que corresponde a la \u201clarga duraci\u00f3n\u201d, el cual no puede ser evaluado en cinco a\u00f1os de gobierno. En principio, podemos decir que las reformas podr\u00edan conducir hacia all\u00e1 en el futuro, claro que se tratar\u00eda de un futuro que podr\u00eda tomarnos much\u00edsimo tiempo, pero no por eso dejar\u00eda de estar en el horizonte la consecuci\u00f3n de ese objetivo de m\u00e1s largo alcance.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2>\u00a0<a name=\"_Toc373742418\"><\/a>\u201c\u00a1Tan lejos, tan cerca!\u201d Lo com\u00fan y lo diferente en el debate<\/h2>\n<h3><a name=\"_Toc373742419\"><\/a>Coincidencias entre neodesarrollismo y postdesarrollismo<\/h3>\n<p>El examen de ambas posiciones deja pocas dudas sobre el alto grado de coincidencias ideol\u00f3gicas existentes entre una y otra en cuanto a la problematizaci\u00f3n y los objetivos hacia los que debe apuntar la transformaci\u00f3n de la situaci\u00f3n actual. Las discrepancias m\u00e1s s\u00f3lidas vienen de la evaluaci\u00f3n de la ejecuci\u00f3n de medidas pr\u00e1cticas para la implementaci\u00f3n de las pol\u00edticas de gobierno. Pero, esas diferencias y las interpretaciones que podr\u00edan hacerse de ellas no destituyen la existencia de un campo com\u00fan de reflexi\u00f3n. En definitiva, aunque hay t\u00edmidos intentos de tomar distancia del PNBV, no es que la cr\u00edtica postdesarrollista lo ponga en cuesti\u00f3n en sus fundamentos y en el car\u00e1cter ideol\u00f3gico que tiene, entendido este como el soporte \u201cte\u00f3rico\u201d de un proyecto pol\u00edtico de clase. La mayor increpaci\u00f3n al gobierno es que no cumple con ese plan, que se desv\u00eda de \u00e9l o que no es m\u00e1s que una \u201cpantalla\u201d para llevar a cabo un proyecto \u201coculto\u201d. Entonces, \u00bfla cr\u00edtica postdesarrollista asume impl\u00edcitamente que el PNBV es en realidad el programa correcto de transformaci\u00f3n social, econ\u00f3mica y pol\u00edtica?, \u00bfson los lineamientos all\u00ed recogidos los que mismos que sustentan las posiciones de la izquierda postdesarrollista?, \u00bfel problema fundamental radica en que ese programa no se cumple de manos de los \u201crevolucionarios ciudadanos\u201d?<a href=\"#_ftn21\" name=\"_ftnref21\">[21]<\/a> Todo apunta a que la respuesta a estas interrogantes es afirmativa. Y es quiz\u00e1 la <em>realpolitik<\/em> la que nos tenga reservada la respuesta, la postura de la izquierda postdesarrollista en el actual contexto electoral es la de retomar a los preceptos constitucionales y llevarlos a su realizaci\u00f3n plena. Extendiendo el planteamiento se podr\u00eda decir que se busca el efectivo cumplimiento del programa del PNBV quiz\u00e1 con algunos cambios m\u00e1s \u201cradicales\u201d, pero manteniendo sus lineamientos esenciales.<\/p>\n<p>De hecho, para ambas posiciones el predominio del modelo primario-exportador-extractivista se halla en la base de estas distorsiones econ\u00f3micas. Las coincidencias de criterios en torno a los efectos del modelo son notables. Predominio de una l\u00f3gica rentista, escasa diversificaci\u00f3n econ\u00f3mica interna, d\u00e9bil desarrollo de un mercado interno, distribuci\u00f3n regresiva del ingreso, dependencia basada en la especializaci\u00f3n productiva en bienes primarios, baja capacidad de incorporaci\u00f3n de \u201cvalor agregado\u201d en el aparato productivo, significativos impactos ambientales, afectaci\u00f3n a comunidades locales en las que tienen lugar las actividades extractivas, etc. (SENPLADES, 2009, p\u00e1gs. 330-335). Sobre los impactos ambientales el PNBV hace un detallado balance en el que queda claro que cuestiones como la contaminaci\u00f3n, la deforestaci\u00f3n o el agotamiento de recursos naturales est\u00e1n directamente asociadas al car\u00e1cter primario exportador y extractivo de la econom\u00eda ecuatoriana (p\u00e1gs. 218-223). Estas son algunas de las consecuencias en las que concuerdan ambas perspectivas de an\u00e1lisis: \u201cneo\u201d y \u201cpost\u201d.<\/p>\n<p>Entonces queda a\u00fan sin despejar otra pregunta, dadas las indeterminaciones identificadas a ambos lados del debate, si hay un campo com\u00fan de an\u00e1lisis sobre el car\u00e1cter de la econom\u00eda y el esquema civilizatorio y el horizonte de su transformaci\u00f3n \u00bfen d\u00f3nde se encuentra el \u00e1mbito preciso de la contraposici\u00f3n pol\u00edtica entre las dos l\u00edneas de interpretaci\u00f3n que se hallan en disputa? Es lo que trataremos de responder en lo que sigue.<\/p>\n<h3><a name=\"_Toc373742420\"><\/a>El \u00e1mbito espec\u00edfico de la contraposici\u00f3n entre neodesarrollismo y postdesarrollismo<\/h3>\n<p>Si en esta suerte de diagn\u00f3stico de lo que ambas posturas entienden por extractivismo existen puntos de vista convergentes, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n las discrepancias?, \u00bfen qu\u00e9 aspectos es posible identificar posiciones en disputa? Ciertos indicios permiten sostener que es necesario desplazar el centro de atenci\u00f3n hacia otro \u00e1mbito para delinear algunos de los elementos en los que se fundamenta el conflicto entre ambas visiones. Se trata del \u00e1mbito correspondiente a las alternativas al extractivismo, es en este en el que las diferencias pueden localizarse con mayor claridad.<\/p>\n<p>Tratemos de aproximarnos a la discusi\u00f3n sobre las alternativas. No basta con se\u00f1alar que es en esta dimensi\u00f3n del problema donde se contraponen ambas perspectivas; es indispensable especificar en qu\u00e9 aspectos concretos tiene lugar esa contraposici\u00f3n y en qu\u00e9 consiste. Para empezar, como se ha visto, estas diferencias no tienen que ver con los objetivos derivados de la cr\u00edtica al extractivismo. En ambos casos el horizonte supone la construcci\u00f3n de alternativas a este que hagan posible superarlo alcanzando un modelo de tipo \u201cpostextractivista\u201d que permita subsanar todas las distorsiones que aquel acarrea.<\/p>\n<p>En realidad se puede decir que las dos perspectivas contrastan en algo as\u00ed como el \u201cnivel estrat\u00e9gico\u201d, es decir, en la definici\u00f3n de los mecanismos de transici\u00f3n hacia el postextractivismo. Aun as\u00ed, es necesario precisar todav\u00eda m\u00e1s el campo de contradicci\u00f3n entre estas dos tendencias. De modo general, la estrategia para ambas supone una diversificaci\u00f3n productiva sustentada en formas de industrializaci\u00f3n (mayor valor agregado) y desarrollo del sector de servicios aplicando, adem\u00e1s, pol\u00edticas redistributivas y modificando los patrones de consumo (cambio en la matriz energ\u00e9tica y disminuci\u00f3n de presiones ecol\u00f3gicas por expansi\u00f3n del consumo).<\/p>\n<p>Si bien estas coincidencias adicionales tornan dif\u00edcil la tarea de rastrear el \u00e1mbito espec\u00edfico de la contradicci\u00f3n, es posible decir que, sobre la base de los documentos tanto como sobre las acciones concretas de gobierno, la disputa fundamental se refiere a la funci\u00f3n del extractivismo en las primeras etapas de la transici\u00f3n. Para explicar esto con algo m\u00e1s de detenimiento conviene contrastar las fases de transici\u00f3n propuestas por uno y otro enfoque. Siguiendo a Gudynas, desde el lado postextractivista del debate, el proceso supone tres etapas: \u201cextractivismo depredador\u201d, \u201cextractivismo sensato\u201d y \u201cextractivismo indispensable\u201d. El progresivo avance de estas fases supondr\u00eda una disminuci\u00f3n de peso del extractivismo en la econom\u00eda. Hay que anotar que, en rigor, son las dos \u00faltimas etapas las que corresponder\u00edan al proceso de transici\u00f3n. Por su parte, de acuerdo al PNBV, en el caso ecuatoriano se proponen cuatro etapas: \u201cacumulaci\u00f3n y redistribuci\u00f3n\u201d, \u201csustituci\u00f3n selectiva de importaciones y distribuci\u00f3n de la acumulaci\u00f3n\u201d, \u201csustituci\u00f3n de exportaciones y distribuci\u00f3n de la acumulaci\u00f3n y, finalmente, \u201creconversi\u00f3n productiva\u201d. Al igual que en el enfoque postextractivista, aqu\u00ed tambi\u00e9n el elemento central es la progresiva disminuci\u00f3n del peso del extractivismo en la econom\u00eda, aunque conviene hacer una salvedad, para el proyecto neodesarrollista gubernamental se trata del peso del sector primario exportador.<\/p>\n<p>Simplificando los t\u00e9rminos del debate se puede decir que para el neodesarrollismo es necesaria una primera fase en la que se mantenga e incluso profundice el car\u00e1cter extractivista de nuestras econom\u00edas con el fin de generar un proceso de acumulaci\u00f3n que d\u00e9 sustento a todo el proceso de transici\u00f3n. Por su parte, para los postextractivistas no solo que este primer momento de acumulaci\u00f3n basada en el extractivismo puede evitarse, sino que implica el serio riesgo de que este agudice las condiciones estructurales del modelo haciendo m\u00e1s dif\u00edcil una posible transici\u00f3n. Dicho de otro modo, ambos enfoques comparten el precepto de que es necesario un per\u00edodo de transici\u00f3n hacia una econom\u00eda postextractivista, sus diferencias y oposiciones ocurren al definir el car\u00e1cter de esa transici\u00f3n. Siguiendo a Gudynas \u2013sin dejar de se\u00f1alar lo problem\u00e1tico de su clasificaci\u00f3n- se podr\u00eda afirmar que el neodesarrollismo considera inevitable mantener el \u201cextractivismo depredador\u201d en una primera fase, mientras que para el postextractivismo, es posible pasar a un \u201cextractivismo sensato\u201d mediante medidas como una mejor distribuci\u00f3n del ingreso, la internalizaci\u00f3n de las externalidades ambientales y sociales de las industrias extractivas, el pulso a la diversificaci\u00f3n econ\u00f3mica, etc.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc373742421\"><\/a>El ausente problema del capitalismo<\/h1>\n<h2><a name=\"_Toc373742422\"><\/a>Los callejones sin salida del postdesarrollismo<\/h2>\n<p>Todo indica que las convergencias entre neodesarrollistas y postdesarrollistas no representa un problema pol\u00edtico menor. En esencia, ambas asumen que existe un modelo econ\u00f3mico que sustenta la acumulaci\u00f3n en la exportaci\u00f3n primaria soportada sobre el extractivismo; y, este modelo no es m\u00e1s que la versi\u00f3n predominante de un modo de concebir la sociedad y la vida que se resumen en el \u201cparadigma del desarrollo\u201d. Las alternativas de salida del modelo econ\u00f3mico y del dominio del desarrollo son tambi\u00e9n coincidentes ya que los problemas derivados de esos dos \u00f3rdenes, el de lo econ\u00f3mico y el de lo civilizatorio, son planteados de modo semejante. M\u00e1s all\u00e1 de la discusi\u00f3n de si los neodesarrollistas cumplen o no el programa de transformaciones, el problema est\u00e1 en el acuerdo impl\u00edcito que existe sobre ese programa. Por lo tanto, el debate no puede quedarse \u00fanicamente en la coyuntura sobre los tiempos y las \u201cverdaderas intenciones\u201d del gobierno, es indispensable asumir la discusi\u00f3n sobre si ese es el programa radical que debe asumir la izquierda como su horizonte pol\u00edtico. En particular, es necesario interrogarse sobre los l\u00edmites que tiene ese plan que nos conducir\u00eda a superar el extractivismo como un primer paso hacia el algo m\u00e1s complicado horizonte de tr\u00e1nsito hacia una nueva civilizaci\u00f3n. Entonces, el debate debe interpelar sobre los fundamentos mismos sobre los que esas transformaciones se sostienen. Busquemos esbozar algunos elementos que den paso a una posible discusi\u00f3n de esos posibles l\u00edmites te\u00f3ricos en funci\u00f3n de lo que dichas transformaciones se proponen resolver.<\/p>\n<p>La superaci\u00f3n de la modalidad extractivista de acumulaci\u00f3n \u2013como se ha mencionado- propone alternativas relacionadas con la necesidad de superaci\u00f3n del modelo primario exportador. Para ello la estrategia es la reducci\u00f3n de su peso relativo en la estructura econ\u00f3mica; la estrategia para conseguirlo es bastante clara en ambos lados del debate: diversificaci\u00f3n de la base productiva mediante la promoci\u00f3n de actividades que creen y generen \u201cvalor agregado\u201d. Los neodesarrollistas avanzan algo m\u00e1s al plantear el rol fundamental del Estado en ese tr\u00e1nsito debido a su mayor capacidad de impulsar la modificaci\u00f3n del modelo econ\u00f3mico en relaci\u00f3n con los sectores econ\u00f3micos fuertes que dependen estructuralmente del mantenimiento de la din\u00e1mica exportadora primaria. La intervenci\u00f3n del Estado determinante para la modificaci\u00f3n de la matriz productiva y el crecimiento del mercado interno. Los postdesarrollistas incorporan otros elementos no suficientemente discutidos en el programa de gobierno, a saber: la necesidad de activar una moratoria extractiva, una construcci\u00f3n de pol\u00edticas de sostenibilidad \u201csuper-fuerte\u201d que corrija los precios de mercado de los bienes naturales viabilizando la inclusi\u00f3n de las externalidades negativas en los costos de producci\u00f3n; y, vinculado con ello una pol\u00edtica fiscal m\u00e1s eficaz que permita corregir las distorsiones del mercado en cuanto a esas externalidades y, por otro lado, haga posible incrementar la recaudaci\u00f3n para sustituir los ingresos perdidos por la progresiva salida del extractivismo.<\/p>\n<p>A estas alturas de la discusi\u00f3n es muy evidente que lo nuevo de estas salidas del extractivismo tiene que ver con la inclusi\u00f3n de medidas relacionadas con los impactos ambientales del modelo. El resto del enfoque para la superaci\u00f3n del \u201cmodelo primario exportador extractivista\u201d se inscribe completamente en la estrategia propuesta por el estructuralismo cepalino, es decir, no es otra cosa que el proyecto del desarrollismo de los a\u00f1os 50: <em>desarrollo end\u00f3geno<\/em>. Seamos precisos, se trata de una actualizaci\u00f3n de ese proyecto que se diferencia del primero en dos sentidos; de una parte, incluye la problem\u00e1tica ambiental que en anterior no aparec\u00eda ni por casualidad, lo cual era l\u00f3gico dado el contexto en que se desarrollo esa propuesta; y, no hay un \u00e9nfasis expl\u00edcito sobre la industrializaci\u00f3n como el eje para el cambio del modelo, predomina \u2013m\u00e1s bien- la idea de que el nuevo modelo debe especializarse en los servicios, el turismo y manufactura tecnol\u00f3gica (biotecnolog\u00eda y otros). Se dir\u00e1 que de todos modos el postdesarrollismo toma estas medidas pero su horizonte es la salida del extractivismo y del desarrollo, lo cual lo distanciar\u00eda del viejo desarrollismo latinoamericano; no obstante, m\u00e1s all\u00e1 de que una respuesta as\u00ed apela a cierto sentido \u00e9tico y no te\u00f3rico-pol\u00edtico, en lugar de resolver el enigma lo torna m\u00e1s complicado, convirti\u00e9ndolo en una paradoja: para salir del desarrollo se proponen medidas desarrollistas. Es decir, una pregunta que no es del todo respondida tiene que ver con cu\u00e1l es la finalidad de esa diversificaci\u00f3n productiva m\u00e1s all\u00e1 de salir del extractivismo o este resulta ser el \u00fanico objetivo. Se\u00f1alemos algunos de los puntos cr\u00edticos que se derivan de este an\u00e1lisis.<\/p>\n<p>En primer lugar, es necesario decir que ciertamente las medidas de moratoria, correcci\u00f3n de precios, pol\u00edtica fiscal, cambio en la matriz energ\u00e9tica, etc., contribuyen a disminuir progresivamente la presi\u00f3n que el extractivismo genera sobre los recursos naturales. Pero existe un vac\u00edo en referencia al \u201ccosto ambiental\u201d que tendr\u00eda el nuevo modelo, presuponemos que ser\u00e1 menor, pero \u00bfcu\u00e1n menor?, \u00bfhablamos de una disminuci\u00f3n de impactos significativa? Aunque la cuesti\u00f3n de la industrializaci\u00f3n no es suficientemente abordada, un eventual proceso de este tipo generar\u00e1 un grado de impacto ambiental y social a pesar de los controles y altos est\u00e1ndares que un gobierno postextractivista puede implementar. Por otro lado, \u00bfcu\u00e1l ser\u00eda el efecto ambiental de un crecimiento del mercado interno? De todas maneras, no cabe duda que una limitaci\u00f3n de las actividades extractivas y su progresiva disminuci\u00f3n reducir\u00edan los impactos sobre los ecosistemas y las graves afectaciones a las poblaciones locales.<\/p>\n<p>En segundo lugar, el diagn\u00f3stico sobre el modelo que se hacen las dos perspectivas se\u00f1ala acertadamente que las presiones por la explotaci\u00f3n de recursos provienen de la fuerte orientaci\u00f3n que el modelo tiene hacia las exportaciones, de ah\u00ed la necesidad de cambiar esa direcci\u00f3n de la econom\u00eda. Aqu\u00ed aparece uno de los puntos m\u00e1s complicados del debate, la cuesti\u00f3n de la industrializaci\u00f3n. El \u00e9nfasis que la visi\u00f3n cl\u00e1sica del desarrollismo pon\u00eda en este aspecto se relacionaba precisamente con su car\u00e1cter de estrategia destinada a superar la dependencia de las exportaciones primarias, es decir, disminuir la vulnerabilidad de las econom\u00edas dependientes (Prebisch, 1950 (1986)). La importancia de la industrializaci\u00f3n para los desarrollistas se explica por este car\u00e1cter estrat\u00e9gico m\u00e1s que por su obsesi\u00f3n neur\u00f3tica o \u201calienaci\u00f3n ideol\u00f3gica\u201d con la narrativa del desarrollo. Al tomar distancia de este eje fundamental de la estrategia aparece el serio problema de c\u00f3mo hacer viable la disminuci\u00f3n de esas presiones externas. Hay un elemento sintom\u00e1tico que podr\u00eda pasar como sutil, pero que no lo es tanto bajo el an\u00e1lisis que proponemos. Los postdesarrollistas y los neodesarrollistas establecen como causa de la dependencia al modelo sustentado en el extractivismo y no al rev\u00e9s; por lo tanto, una disminuci\u00f3n del extractivismo implicar\u00eda una reducci\u00f3n de las condiciones de dependencia. Es importante hacer una distinci\u00f3n en relaci\u00f3n con este tema, para los neodesarrollistas el cambio del modelo econ\u00f3mico establecer\u00eda una estrategia en dos niveles, por un lado una \u201cindustrializaci\u00f3n por sustituci\u00f3n selectiva importaciones\u201d que se orientar\u00eda al mercado interno; y, por otro, un cambio en el \u201cpatr\u00f3n de especializaci\u00f3n productiva\u201d encaminado a una \u201cinserci\u00f3n inteligente\u201d en el mercado mundial, es decir, dirigido a las exportaciones. Para los postdesarrollistas en cambio se tratar\u00eda de impulsar redes productivas basadas en la \u201ceconom\u00eda social y solidaria\u201d con un alto grado de encadenamientos y una alta incorporaci\u00f3n de valor que permitan suministrar bienes en los dos niveles, pero no es visible una discusi\u00f3n m\u00ednima sobre las especificidades de los sectores dirigidos a la exportaci\u00f3n. En ambos casos no es claro si se trata de disminuir exportaciones o ampliarlas sobre la base de nuevos sectores econ\u00f3micos.<\/p>\n<p>En las dos posiciones los problemas sobre el consumo interno y la dependencia se encuentran escasamente topados o sencillamente no aparecen. Se debe tener en cuenta que la cr\u00edtica al desarrollismo demostr\u00f3 contundentemente los severos l\u00edmites que la estrategia de diversificaci\u00f3n econ\u00f3mica tiene para superar la dependencia. As\u00ed por ejemplo, tanto (Marini R. , 1991) como (Cueva, 2001) demostraron suficientemente c\u00f3mo la industrializaci\u00f3n no solo que mantuvo intacto el patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n primario exportador, sino que agudiz\u00f3 el problema de la dependencia dado que lo ampli\u00f3 hacia las esferas de la industria y el sector financiero, creando nuevos mecanismos de dependencia tecnol\u00f3gica y financiera que serv\u00edan para lo mismo: transferencia de valor hacia las econom\u00edas capitalistas desarrolladas. De igual modo, en el debate se deja fuera el problema de la ruptura existente entre la esfera de la producci\u00f3n y la esfera del consumo l\u00facidamente se\u00f1alada por Marini. Es decir, la escasa articulaci\u00f3n existente entre ambas dado que el sistema productivo se halla supeditado principalmente a la exportaci\u00f3n (para el caso no importar\u00eda si de bienes naturales o bienes con \u201calto valor agregado\u201d), en tanto que, el consumo se parte en dos generando una \u201cesfera alta\u201d de consumo que se abastece con importaciones y otra \u201cbaja\u201d que es cubierta por la producci\u00f3n nacional. Vistas as\u00ed las cosas el modelo ISI \u201cselectivo\u201d podr\u00eda terminar resolviendo los problemas de la primera y la \u201ceconom\u00eda social y solidaria\u201d de la segunda, pero no necesariamente el problema estructural de su escisi\u00f3n, lo cual por lo dem\u00e1s pone serios obst\u00e1culos a que una y otra estrategia puedan llevarse a cabo.<\/p>\n<p>En tercer lugar mencionaremos las cuestiones del \u201cdualismo estructural\u201d y el \u201cenclave\u201d. En cuanto al dualismo estructural el problema que se nos plantea es la contradicci\u00f3n entre, por una parte, la necesidad de superar el \u201catraso\u201d de los sectores tradicionales de baja productividad, entre los que estar\u00edan las econom\u00edas campesinas e ind\u00edgenas; y, por otra, las consideraciones sobre el respeto a las formas de vida diversas que pueden tener otros pueblos, aspecto que por lo dem\u00e1s es el soporte de la noci\u00f3n del <em>sumak kawsay<\/em>. Este elemento, fuertemente vinculado con el de la diversificaci\u00f3n productiva y la industrializaci\u00f3n, dan lugar a una contradicci\u00f3n irresoluble que precisa el problema de buscar medidas desarrollistas para salir del desarrollo. Pero los l\u00edmites en este sentido van m\u00e1s all\u00e1, dejando de lado esta contradicci\u00f3n fundamental y teniendo en consideraci\u00f3n c\u00f3mo est\u00e1 pensada la ruta de transici\u00f3n hacia el postextractivismo no se ve una estrategia clara que asegure una modificaci\u00f3n de la dualidad estructural. As\u00ed por ejemplo, del lado del gobierno, ninguna de las medidas de la <em>Agenda de transformaci\u00f3n productiva<\/em> para la \u201creducci\u00f3n de la brecha interna\u201d asegura una intervenci\u00f3n sobre los factores estructurales que la generan, en este sentido se proponen medidas extremadamente convencionales: reducci\u00f3n de impuestos a empresas peque\u00f1as, cr\u00e9ditos, asistencia t\u00e9cnica, etc. (MCPEC, s\/f., p\u00e1g. 106). No obstante, el problema fundamental sigue siendo si al se\u00f1alar a este como uno de los problemas del \u201cmodelo exportador primario extractivista\u201d la intenci\u00f3n de su transformaci\u00f3n busca una modernizaci\u00f3n de los sectores tradicionales. Algo semejante ocurre con la econom\u00eda de enclave, sin duda, la diversificaci\u00f3n econ\u00f3mica permitir\u00eda impulsar actividades con mayores encadenamientos, pero igualmente dif\u00edcil resulta suponer que necesariamente ser\u00e1 as\u00ed. Un buen ejemplo de lo que puede suceder es el proyecto Yachay del gobierno (<a href=\"http:\/\/www.yachay.ec\">www.yachay.ec<\/a>), en el \u00e1nimo de esa diversificaci\u00f3n de nuevo tipo f\u00e1cilmente este lugar puede convertirse en un enclave del \u201cbio-conocimiento\u201d. El tema de fondo es que la fragmentaci\u00f3n territorial y la ausencia del estado en ciertas \u00e1reas no es resultado del extractivismo, sino al rev\u00e9s, este funciona as\u00ed porque hay otras causas estructurales que han configurado el territorio de esa manera. Esto lo sab\u00edan perfectamente Cardoso y Faletto (2002), para quienes el aparecimiento de la econom\u00eda de enclave es un resultado derivado de las capacidades que las clases dominantes ten\u00edan de \u201ccontrolar nacionalmente\u201d los sectores exportadores que vinculaban a la econom\u00eda nacional con el mercado mundial.<\/p>\n<p>A m\u00e1s de lo se\u00f1alado, habr\u00eda que tener en cuenta los cuestionamientos que la teor\u00eda de la dependencia hizo a la noci\u00f3n de dualidad estructural. En particular se deber\u00eda poner en discusi\u00f3n la tesis de Andr\u00e9 Gunder Frank (2005) que echa abajo la idea de que esa aparente contradicci\u00f3n moderno-tradicional ser\u00eda uno de los obst\u00e1culos para el desarrollo; as\u00ed como todo su planteamiento del sistema metr\u00f3poli-sat\u00e9lite en el que se sustentar\u00eda el funcionamiento del capitalismo mundial. Es curioso que estos planteamientos se recojan solamente para hacer una historia de la cr\u00edtica a la \u201cideolog\u00eda del desarrollo\u201d (Gudynas, 2011a), pero no se discutan sus postulados centrales sobre el problema te\u00f3rico que implica entender el car\u00e1cter de nuestras econom\u00edas y sus cuestionamientos a la viabilidad pr\u00e1ctica de las medidas desarrollistas que aparecen como referente \u00fanico para las transiciones al postextractivismo.<\/p>\n<p>El quinto problema, el de mayor relevancia pol\u00edtica, es el de la pobreza, la desigualdad y el r\u00e9gimen de propiedad. Se entiende que es el \u201cmodelo primario exportador extractivista\u201d el que ha generado una distribuci\u00f3n regresiva del ingreso, concentraci\u00f3n de la riqueza y la propiedad, altos \u00edndices de pobreza y una desigualdad estructural inveterada. Entonces cambiar la modalidad de acumulaci\u00f3n permitir\u00eda incidir sobre esos problemas. Pero, a la hora de las \u201cmedidas pr\u00e1cticas\u201d surge una enorme opacidad, las propuestas no abandonan las generalidades o la ret\u00f3rica con pretensiones de teor\u00eda. Se trata el tema de la pobreza, de modo muy escueto, y el de la desigualdad apenas si aparece. En este contexto, desde la perspectiva de Gudynas (2011a, 2011c) las transiciones deben llevarse hacia el cumplimiento del precepto de \u201ccero pobreza, cero extinciones\u201d, lo que supone que la eliminaci\u00f3n de la pobreza debe vincularse con dos temas: reducci\u00f3n de la degradaci\u00f3n ambiental y disminuci\u00f3n del \u201cconsumo opulento\u201d. Las medidas concretas para vincular estos tres aspectos no se plantean; y, m\u00e1s grave a\u00fan est\u00e1 completamente fuera de discusi\u00f3n el problema de la propiedad. Ahora bien, Acosta, Mart\u00ednez y Sacher (2012) hacen una propuesta m\u00e1s \u201cradical\u201d, su soluci\u00f3n al problema es sencilla, el problema de la pobreza es el concepto de pobreza,<a href=\"#_ftn22\" name=\"_ftnref22\">[22]<\/a> cuyo car\u00e1cter hegem\u00f3nico de tradici\u00f3n positivista, reduccionista y, tergiversa lo que podr\u00eda ser la verdadera riqueza. Luego de esta menci\u00f3n al tema en nota al pie el problema desaparece del programa de alternativas que proponen. Cuestionado el concepto \u2013sin una s\u00f3lida demostraci\u00f3n por cierto- eliminado el problema. De igual modo, en el caso de la desigualdad y la estructura de la propiedad ni siquiera se cuestiona el concepto, la discusi\u00f3n sobre esto est\u00e1 excluida de las propuestas.<a href=\"#_ftn23\" name=\"_ftnref23\">[23]<\/a> De todos modos, no es del todo claro en las posiciones en debate cu\u00e1l es la vinculaci\u00f3n real del extractivismo o el desarrollo con la pobreza y la desigualdad; nos referimos a un esfuerzo por conceptualizar esa relaci\u00f3n no solo por mencionarla como una constataci\u00f3n fenom\u00e9nica. En suma, y simplificando la discusi\u00f3n, \u00bfen qu\u00e9 medida el predominio de un sector econ\u00f3mico o la imposici\u00f3n de un \u201cdiscurso\u201d o \u201cnarrativa\u201d generan pobreza y desigualdad? En consecuencia, un paso hacia una estructura econ\u00f3mica diversificada no garantiza necesariamente la superaci\u00f3n de los problemas asociados a la pobreza y la desigualdad; claro, a menos que relativicemos los conceptos y con ello superemos sus efectos.<\/p>\n<p>No se puede perder de vista que la historia de Am\u00e9rica Latina y el Ecuador es enormemente ilustrativa sobre las posibilidades de reacomodo de las clases dominantes frente a las reformas modernizadoras, o \u2013en\u00a0 este caso- \u201cdesmodernizadoras\u201d; es el camino de la conocida v\u00eda <em>junker<\/em> en cuya clave est\u00e1 justamente obliterar o excluir la cuesti\u00f3n del r\u00e9gimen de propiedad. M\u00e1s all\u00e1 de las intenciones de sus autores las propuestas analizadas nada nos dicen sobre c\u00f3mo garantizar que no pueda imponerse una v\u00eda <em>junker<\/em> de transici\u00f3n hacia el postextractivismo que imposibilite la construcci\u00f3n del <em>sumak kawsay<\/em>, siempre que este sea entendido como una transformaci\u00f3n estructural del r\u00e9gimen de propiedad.<\/p>\n<p>Un sexto elemento que conduce a indeterminaciones es la dificultad de inscribir al decrecimiento de la econom\u00eda en el marco de lo referido hasta aqu\u00ed. En otras palabras, c\u00f3mo se combina la posibilidad del decrecimiento con la estrategia de diversificaci\u00f3n y \u201ccreaci\u00f3n de valor agregado\u201d que fueron dise\u00f1ados para obtener el resultado opuesto: el crecimiento econ\u00f3mico. Claro, la diversificaci\u00f3n econ\u00f3mica planteada por el postdesarrollismo se matiza con las medidas tendientes a la desmaterializaci\u00f3n y la austeridad en relaci\u00f3n con el \u201cconsumo opulento\u201d (Gudynas, 2011a). Desmaterializaci\u00f3n supone un uso m\u00e1s eficiente del flujo de materiales y energ\u00eda, muy cercano a eso que las empresas privadas denominan \u201cecoeficiencia\u201d; y, la austeridad se dirige a disminuir el consumo mediante la restricci\u00f3n del acceso a ciertos bienes. Contrastado con el problema de las esferas \u201calta\u201d y \u201cbaja\u201d de consumo y los resultados efectivos de las pol\u00edticas industrializadoras sobre esa estructura, estas propuestas resultan del todo insuficientes. Pero, lo fundamental tiene que ver con que ni la desmaterializaci\u00f3n ni la austeridad suponen una pol\u00edtica fuerte de decrecimiento; en cierto sentido, una econom\u00eda m\u00e1s eficiente en el uso de materiales puede lograr mayor productividad y con ello mayor crecimiento econ\u00f3mico enmarcado enteramente en una versi\u00f3n m\u00e1s bien convencional del desarrollo. Dicho de otro modo, la desmaterializaci\u00f3n y la austeridad no necesariamente ponen en cuesti\u00f3n a la pol\u00edtica del crecimiento y el desarrollo.<\/p>\n<p>Ahora bien, pasemos a se\u00f1alar algunos de los l\u00edmites en torno al horizonte de superaci\u00f3n del desarrollo, aquello que decanta en el cuestionamiento al esquema civilizatorio y que cobra cuerpo en la propuesta del <em>sumak kawsay<\/em>. Esto requiere una mayor profundizaci\u00f3n en la discusi\u00f3n que no podemos hacer aqu\u00ed, sin embargo, se puede dejar planteados algunos aspectos en los que se puede identificar ciertas dificultades y tensiones en el campo general desde el que parte esta perspectiva. Habr\u00eda cuando menos tres \u00e1mbitos en los que se ponen de manifiesto algunas ambig\u00fcedades que requerir\u00edan ser esclarecidas: el tema de la civilizaci\u00f3n y la modernidad, la cuesti\u00f3n del desarrollo y el tratamiento de la relaci\u00f3n ser humano \u2013 naturaleza. En lo que sigue ensayamos un esbozo general sobre los l\u00edmites del debate.<\/p>\n<p>Las posibilidades de dejar atr\u00e1s el desarrollo es entendido como una necesidad de enfrentar la crisis civilizatoria y encaminar las transformaciones hacia un nuevo orden civilizatorio que destituya los cimientos de la civilizaci\u00f3n occidental que han conducido a la destrucci\u00f3n de la naturaleza y la sociedad. Como se ha visto, las ambig\u00fcedades de esta perspectiva se derivan de lo que se entiende por \u201ccivilizaci\u00f3n hegem\u00f3nica\u201d, dado que la discusi\u00f3n apenas empieza, es dif\u00edcil establecer distinciones y, por el contrario, predomina una tendencia a equiparar Occidente, modernidad, capitalismo y desarrollo. Esto se explica porque esto se sustenta en una interpretaci\u00f3n que comprende los distintos estatutos hist\u00f3ricos a los que cada concepto alude en ausencia de una perspectiva hist\u00f3rica, cuyo resultado inevitable es atribuirles un sentido de continuidad reduccionista. Una especie de hegelianismo empobrecido e inverso al que se le ha extirpado la dial\u00e9ctica, una especie de \u201cesp\u00edritu absoluto\u201d que pervive casi imperturbable asumiendo distintas formas provisionales. Entonces queda excluida la profunda y extendida discusi\u00f3n, por ejemplo, de la posibilidad de m\u00faltiples modernidades y sus distintas configuraciones hist\u00f3ricas planteada por ejemplo por Echeverr\u00eda (2001) o la distinci\u00f3n entre el orden de la civilizaci\u00f3n material y el de la econom\u00eda de mercado planteado por Braudel; o, la historia del capitalismo que no necesariamente es continua como se puede inferir de las propuestas de Wallerstein (1974) o Arrighi (1999) o Amin (2010).<\/p>\n<p>Precisando a\u00fan m\u00e1s si lo propio de este esquema civilizatorio que se cuestiona es una determinada forma de racionalidad \u00bfcu\u00e1les son los argumentos que nos pueden llevar a asumir que esa racionalidad siempre ha sido la misma?, as\u00ed por ejemplo, \u00bfes posible concebir en t\u00e9rminos semejantes al mundo del Renacimiento con el del liberalismo burgu\u00e9s del siglo XIX y el capitalismo transnacional de los siglos XX y XXI? La necesidad de encontrar las discontinuidades hist\u00f3ricas es uno de los fundamentos b\u00e1sicos de la propuesta postestructural de la que parecen provenir buena parte de las fuentes te\u00f3ricas sobre las cuales se construye el discurso cr\u00edtico del desarrollo que apuntala las propuestas aqu\u00ed analizadas.<\/p>\n<p>Una de las razones por las que a\u00fan resulta complicado visualizar con algo m\u00e1s de precisi\u00f3n qu\u00e9 es aquello que cuestiona el <em>sumak kawsay<\/em> proviene de este l\u00edmite en la interpretaci\u00f3n. De hecho, al trasladarnos a este campo del debate, es decir, el sustento del que proviene ese cuestionamiento al desarrollo como dispositivo civilizatorio, ocurre algo semejante. El saber y los modos de vida ancestrales de los pueblos ind\u00edgenas andinos aparecen tambi\u00e9n como un fundamento est\u00e1tico carente de historia. De ah\u00ed que la sola intenci\u00f3n de definir el origen de esta otra experiencia civilizatoria nos ponga frente a las dificultades en su definici\u00f3n. \u00bfEsa \u201cotra civilizaci\u00f3n\u201d corresponde a las sociedades precolombinas?, si es as\u00ed, \u00bfa cu\u00e1les corresponde, a la incaica, a las preincaicas, a ambas?; si no es as\u00ed, \u00bfes la pervivencia aut\u00e1rquica de las comunidades y los ayllus?, \u00bfc\u00f3mo explicar el problema de las relaciones con la sociedad colonial, en el <em>sumak kawsay<\/em> entran aspectos incorporados de esa experiencia?<\/p>\n<p>En suma, se trata de la contraposici\u00f3n de dos opciones civilizatorias esencializadas, sin historia y sin v\u00ednculos muy claros entre s\u00ed. Las razones para esto ocurra pueden encontrarse en el campo ideol\u00f3gico desde el que se piensa este problema. Se trata del desplazamiento de la econom\u00eda a la cultura como campo de problematizaci\u00f3n. Lo que trasluce este tratamiento del tema es el predominio de cierto esencialismo culturalista, cuyo efecto es la localizaci\u00f3n de posiciones en torno a entidades culturales fijas y cerradas en s\u00ed mismas. Todo lo cual, sobra decirlo somete la discusi\u00f3n a una fuerte despolitizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este marco general de an\u00e1lisis lleva a la problem\u00e1tica identificaci\u00f3n del progreso con el desarrollo. En el mismo orden de ideas, el modo de tratamiento cr\u00edtico del progreso no hace distinciones sobre las distintas concepciones hist\u00f3ricas sobre el mismo y sus efectos en la configuraci\u00f3n de los distintos modos hist\u00f3ricos que puede haber asumido. Tampoco es evidente que se procure establecer las discontinuidades en relaci\u00f3n con el concepto de desarrollo. La tendencia m\u00e1s fuerte es la de identificar desarrollo con crecimiento econ\u00f3mico, es decir, reducir el desarrollo a una de sus versiones: la neocl\u00e1sica. Por lo dem\u00e1s, este solo hecho ya lo distingue de ciertas consideraciones sobre el progreso por ejemplo.<a href=\"#_ftn24\" name=\"_ftnref24\">[24]<\/a> La reflexi\u00f3n sobre las diferentes versiones del desarrollo queda cerrada cuando es reducida al gatopardismo de que todas forman parte del \u201cparadigma del desarrollo\u201d y por tanto tienen un l\u00edmite infranqueable que debe superarse. No es que este criterio no tenga validez, el problema es que no se puede descalificar esas distintas propuestas sobre el desarrollo y plantear superarlas sin una discusi\u00f3n rigurosa. M\u00e1s a\u00fan, si en las propuestas pr\u00e1cticas de transformaci\u00f3n, en una especie de \u201cretorno de lo reprimido\u201d, se vuelve a los fundamentos b\u00e1sicos del desarrollismo latinoamericano cl\u00e1sico o a consideraciones cercanas al neokeynesianismo. Por supuesto, las razones de este modo de abordar el problema guardan relaci\u00f3n con el predominio del enfoque culturalista; es decir, el mayor peso que tiene la propensi\u00f3n a entender el desarrollo como una narrativa o un discurso en detrimento de los contenidos pol\u00edticos y econ\u00f3micos del mismo en un sentido mucho m\u00e1s fuerte.<\/p>\n<p>Esta dificultad por precisar el objeto de la cr\u00edtica aparece en el tercer \u00e1mbito de problematizaci\u00f3n, el de las relaciones ser humano-naturaleza. Trasladados al campo de la cultura, entendida por lo dem\u00e1s en un sentido bastante convencional, habr\u00eda una racionalidad est\u00e1tica fundada en el dominio y la destrucci\u00f3n de la naturaleza. En consecuencia la filosof\u00eda, la ciencia y la tecnolog\u00eda occidental sustentan ese proceso de dominio y destrucci\u00f3n. En este contexto se reproduce el problema de la deshistorizaci\u00f3n y la despolitizaci\u00f3n ya se\u00f1alados. No es posible hallar c\u00f3mo ha variado esa concepci\u00f3n en la historia de la modernidad, tampoco saber si esta noci\u00f3n ha sido predominante siempre, un contraste entre el naturalismo renacentista y el rom\u00e1ntico ya podr\u00eda darnos luces de que aquello no ha sido siempre igual en la modernidad, por ejemplo. De otro lado, asumir una simbiosis est\u00e1tica en la experiencia de los pueblos ind\u00edgenas andinos repite el mismo equ\u00edvoco. En un plano distinto se encuentra eso que podemos definir como la \u201cescisi\u00f3n ontol\u00f3gica\u201d entre ser humano y naturaleza que pone en cuesti\u00f3n seriamente la idea de que pueda haber una simbi\u00f3tica y armoniosa relaci\u00f3n con la naturaleza en cualquier forma de sociedad. Esto hace imposible una sutura definitiva de esa ruptura y m\u00e1s bien da lugar a que cada sociedad sea una forma espec\u00edfica de resoluci\u00f3n provisional de la misma, este ser\u00eda el sentido propio de lo pol\u00edtico en palabras de Bol\u00edvar Echeverr\u00eda (2010a).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Este atropellado repaso por algunas de los conflictos internos del campo de reflexi\u00f3n sobre el que se construye el debate sobre extractivismo y desarrollo nos permite puntualizar algunas de sus consecuencias te\u00f3rico-pol\u00edticas. En cuanto a la opci\u00f3n postextractivista, incluso en sus versiones m\u00e1s \u201cradicales\u201d, el l\u00edmite principal tiene que ver con que las alternativas no abandonan los presupuestos centrales del estructuralismo cepalino aunque se incluyan interesantes principios destinados a disminuir los nefastos efectos ambientales y sociales directamente asociados con las actividades extractivas. La idea de cambiar el modo de acumulaci\u00f3n lo plantea con claridad, es en rigor, una propuesta que apunta a un cambio en el patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n capitalista y ese es su marco general, que las reformas en ese sentido sean m\u00e1s democr\u00e1ticas, populares e inclusivas marca ciertas diferencias, pero \u2013al mismo tiempo- explica sus l\u00edmites. En este nivel del debate, en nuestra opini\u00f3n, se ha configurado una propuesta de algo que puede denominarse como \u201creformismo ambientalista\u201d. Es decir medidas de corte reformista con un fuerte \u00e9nfasis en la problem\u00e1tica ambiental, un cambio en el patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n de capital que permita el paso a un proceso distinto de acumulaci\u00f3n de capital que no genere fuertes presiones sobre los recursos naturales. La cuesti\u00f3n central aqu\u00ed es que ese cambio de patr\u00f3n puede resolver los problemas directamente relacionados con las actividades extractivas, pero muy dif\u00edcilmente puede incidir en los problemas derivados de la l\u00f3gica de la acumulaci\u00f3n capitalista sea que esta se soporte en los sectores extractivos o los de \u201calto valor agregado\u201d. Esta es la raz\u00f3n por la que se genera un \u201choyo negro\u201d al momento de establecer diferencias radicales con el programa del gobierno ya que su programa pol\u00edtico es tambi\u00e9n fuertemente reformista, aunque en la pr\u00e1ctica sea menos ambientalista que el reformismo radical.<\/p>\n<p>No obstante, hay que vincular esta discusi\u00f3n con un fen\u00f3meno m\u00e1s amplio. La emergencia de gobiernos reformistas en Am\u00e9rica Latina que proponen un cambio en el patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n constituye \u2013como en otros momentos hist\u00f3ricos- una respuesta al agotamiento del patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n anterior. El contraste con el desarrollismo cl\u00e1sico ilustra bien este fen\u00f3meno; la emergencia del modelo industrializador fue una respuesta a la crisis real del modelo exportador primario, respuesta de las clases dominantes que se agudiz\u00f3 con el cambio del contexto de lucha de clases por efecto de la Revoluci\u00f3n Cubana y, posteriormente, el ascenso de la Unidad Popular en Chile. En otras palabras, la necesidad de una reforma en el patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n ten\u00eda causas econ\u00f3micas y pol\u00edticas muy precisas que se relacionaban con las necesidades propias de la acumulaci\u00f3n de capital. La crisis del neoliberalismo dio lugar a la emergencia de propuestas diversas pero coincidentes en un sentido: la reedici\u00f3n de un proceso de modernizaci\u00f3n capitalista con control estatal y base nacional. De ah\u00ed la importancia de observar los l\u00edmites e indeterminaciones que ese proceso tuvo y las cr\u00edticas de la izquierda que demostraron consistentemente por qu\u00e9 el programa desarrollista no logr\u00f3 sus objetivos.\u00a0 Incluir la tem\u00e1tica de los impactos socio-ambientales y los conflictos que genera es de una considerable riqueza, pero resulta insuficiente si se queda entrampada en el campo ideol\u00f3gico general del reformismo.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con la cr\u00edtica a la dimensi\u00f3n civilizatoria y con el horizonte de transformaci\u00f3n del <em>sumak kawsay<\/em>, consideramos que los l\u00edmites tienen que ver con la significativa influencia del culturalismo esencialista. A nuestro modo de ver las causas de esto se hallan en el abandono de una concepci\u00f3n materialista de la naturaleza que es el efecto l\u00f3gico del cuestionamiento a esa entidad fija que es la modernidad. No obstante esto dibuja un divorcio fuerte entre la materialidad que supone el extractivismo y la inmaterialidad de la concepci\u00f3n de civilizaci\u00f3n que predomina en estas propuestas. En este sentido, la civilizaci\u00f3n corresponder\u00eda a ese espacio de las \u201cmentalidades\u201d que se separa de la dimensi\u00f3n material de la vida social. La contradicci\u00f3n se torna irresoluble. Esto no quiere decir que no se incluya a la materialidad en los efectos que tiene el sentido civilizatorio, de hecho, la noci\u00f3n de destrucci\u00f3n de la naturaleza es una muestra contundente de eso; el problema, es que las razones \u00faltimas de esa destrucci\u00f3n se desprenden del orden de lo material para ubicarse en algo as\u00ed como el orden \u201cespiritual\u201d de la civilizaci\u00f3n. Dicho de otro modo, lo que est\u00e1 ausente es una concepci\u00f3n que se aproxime a lo que Braudel define como \u201ccivilizaci\u00f3n material\u201d que no necesariamente se explica por una racionalidad desprendida de la din\u00e1mica concreta de la vida material de las sociedades. Por supuesto, este retorno a una concepci\u00f3n idealista de la civilizaci\u00f3n tiene sus consecuencias pol\u00edticas. Esto hace que las alternativas asuman formas mistificadas vinculadas con una especie de \u201cretorno a la naturaleza\u201d que deja la puerta abierta para que se cuelen perspectivas reaccionarias o utop\u00edas comunitaristas que no tienen asidero en la concreci\u00f3n hist\u00f3rica del capitalismo y la modernidad. Lo cual termina por suprimir la posibilidad de alternativas pol\u00edticas de salidas al capitalismo como bien lo apunta S\u00e1nchez Parga (2011). Entonces las alternativas asumen un car\u00e1cter religioso o m\u00edtico que afirma la idea de que estas tienen lugar en una \u201cexterioridad absoluta\u201d en relaci\u00f3n con el capitalismo, asunto muy dif\u00edcil de sostener frente a la definitiva mundializaci\u00f3n que el sistema capitalista ha conseguido en este momento hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>El examen de estos l\u00edmites que presenta el campo del debate sobre desarrollo y extractivismo plantea una paradoja pol\u00edtica. Si las posiciones cr\u00edticas hacen parte de la \u201cnueva izquierda\u201d y sus cuestionamientos buscan radicalizar posiciones en relaci\u00f3n al orden del capital, la modernidad y Occidente, \u00bfpor qu\u00e9 las alternativas no alcanzan a sustentar una versi\u00f3n radical de la transformaci\u00f3n social? Dicho de otro modo, \u00bfqu\u00e9 es lo que explica que esas posiciones de izquierda terminen apuntalando alternativas de car\u00e1cter reformista, en el mejor de los casos, o reaccionarias, en el peor, a pesar de que el sustrato de la lucha social obligue a ir mucho m\u00e1s all\u00e1 en la reconstrucci\u00f3n de alternativas revolucionarias entendidas como la prefiguraci\u00f3n de horizontes de superaci\u00f3n del capitalismo? Desde nuestra perspectiva, esta paradoja tiene sus razones en la forma en que estas posiciones se aproximan al problema del capital, esto hace inteligibles los l\u00edmites que hemos tratado de esbozar aqu\u00ed.<\/p>\n<h2><a name=\"_Toc373742423\"><\/a>El problema del capital: una discusi\u00f3n ausente<\/h2>\n<p>Desde la cr\u00edtica de Marx a los socialistas ut\u00f3picos sabemos que hablar del capital, de la explotaci\u00f3n del trabajo o la apropiaci\u00f3n de la riqueza no significa necesariamente problematizar el orden establecido por el capital (Marx, 1987). En esencia, se trata de saber cu\u00e1l es el objeto de la cr\u00edtica y el modo de comprender las contradicciones que le son propias. Es m\u00e1s, incluso centrar la discusi\u00f3n en el capitalismo no significa necesariamente descifrar sus mecanismos clave. A lo largo del siglo XX enfoques como el keynesianismo o el estructuralismo desarrollista, por ejemplo, no dejaban de lado una profunda discusi\u00f3n sobre el car\u00e1cter del capitalismo pero el modo de comprender sus estructuras fundamentales daba lugar a respuestas pol\u00edticas diversas que no necesariamente se propon\u00edan incidir sobre esos mecanismos que ordenan la estructura de la reproducci\u00f3n de capital.<\/p>\n<p>En el campo de debate que aqu\u00ed analizamos hay referencias expl\u00edcitas a la acumulaci\u00f3n capitalista. Quiz\u00e1 la m\u00e1s clara es la que aborda el \u201cmodelo primario exportador extractivista\u201d como una espec\u00edfica modalidad de acumulaci\u00f3n que debe superarse (Acosta, 2009, 2011; SENPLADES, 2009). De igual modo las transiciones hablan de la necesidad de poner controles al capital y de pensar el horizonte de transformaci\u00f3n como un proyecto \u201cpost-capitalista\u201d (Gudynas, 2011a). El gobierno llega a destacar que el modelo imperante supone una subordinaci\u00f3n del trabajo al capital que estar\u00eda siendo revertida mediante su programa pol\u00edtico. No obstante, en ninguno de los casos el capital constituye el objeto de la cr\u00edtica en funci\u00f3n de sustentar el sentido de la transformaci\u00f3n social. En este sentido, se evidencia que la discusi\u00f3n sobre el patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n de capital est\u00e1 ausente o es del todo marginal.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n para ello es que el objeto de problematizaci\u00f3n planteado por las distintas posiciones del debate es otro, son otros para ser m\u00e1s precisos, a saber: el extractivismo y el desarrollo. Lejos de ser un problema terminol\u00f3gico esto define un campo de problematizaci\u00f3n distinto, la reflexi\u00f3n que hemos ensayado muestra que los fundamentos sobre los cuales se construyen las posiciones en debate aluden a una comprensi\u00f3n de los problemas centrales que se deriva de ese modo de problematizaci\u00f3n. Lo que ocurre es un desplazamiento del orden l\u00f3gico de funcionamiento de la econom\u00eda y del esquema civilizatorio, lo cual trae como consecuencia una modificaci\u00f3n en las causas de los problemas analizados. En concreto, los efectos negativos relacionados con la destrucci\u00f3n de la naturaleza y la sociedad no responden \u2013o no lo hacen claramente- a la l\u00f3gica propia de la acumulaci\u00f3n capitalista, sino al funcionamiento propio de los sectores extractivos o a la ideolog\u00eda del desarrollo. Esto en s\u00ed mismo no implica mayores dificultades hasta que se convierte en el sustento de las alternativas pol\u00edticas, puesto que la marginaci\u00f3n de la din\u00e1mica de acumulaci\u00f3n capitalista hace que los problemas que son un efecto de ella sean atribuidos al extractivismo y al desarrollo, por lo que las alternativas suponen que una superaci\u00f3n de estos puede llevar a una resoluci\u00f3n de los efectos de la acumulaci\u00f3n de capital.<\/p>\n<p>Esto se debe al car\u00e1cter de los fundamentos que delimitan el campo del debate. Si se mira con detenimiento, las \u201cfuentes originarias\u201d de estas posiciones tienen en com\u00fan un elemento: la denegaci\u00f3n del marxismo. Enfoques como el neokeynesianismo, la econom\u00eda ecol\u00f3gica, el posestructuralismo, el culturalismo, etc., comparten una distancia cr\u00edtica y una permanente sospecha respecto del marxismo, al que identifican como otra versi\u00f3n de la visi\u00f3n apolog\u00e9tica del desarrollo y la destrucci\u00f3n de la naturaleza. De modo expl\u00edcito se se\u00f1ala que los l\u00edmites del marxismo tienen que ver con el hecho de que la experiencia hist\u00f3rica del llamado \u201csocialismo real\u201d nunca gener\u00f3 una verdadera ruptura con el sentido productivista, lineal y economicista de la modernidad y el desarrollo (Lang, 2011; Gudynas, 2011a). En este sentido, la necesidad de una propuesta nueva hace que sea necesario superar el campo interpretativo del marxismo someti\u00e9ndolo a una cr\u00edtica en sus fundamentos adscritos al programa de la modernidad. Por lo tanto, el postdesarrollismo se mira a s\u00ed mismo como una propuesta que supera al materialismo hist\u00f3rico en su capacidad cr\u00edtica y en sus posibilidades de formulaci\u00f3n de alternativas m\u00e1s radicales. Sobre la base de estas consideraciones es posible destacar ciertas comprensiones err\u00f3neas al respecto. En primer lugar, el \u201cfracaso civilizatorio\u201d del proyecto socialista no tiene por qu\u00e9 anular la capacidad interpretativa del marxismo y su utilidad pol\u00edtica en la definici\u00f3n precisa de los problemas relacionados con la acumulaci\u00f3n capitalista y la lucha de clases. En segundo lugar, es muy discutible reducir la amplitud y riqueza de la utop\u00eda comunista surgida del materialismo hist\u00f3rico a la experiencia del llamado \u201csocialismo real\u201d. En tercer lugar, asumir sin m\u00e1s que el pensamiento de Marx se reduce al \u201cdispositivo\u201d de la modernidad significa anular todo su potencial cr\u00edtico respecto de la modernidad capitalista.<\/p>\n<p>Otra dimensi\u00f3n del problema hace referencia a la discusi\u00f3n del capitalismo en el contexto latinoamericano. Siguiendo el tono de la pretendida superaci\u00f3n del materialismo hist\u00f3rico, hay que se\u00f1alar que, si bien el postdesarrollismo reconoce importantes avances en la cr\u00edtica marxista acerca del desarrollo en Am\u00e9rica Latina, identifica un l\u00edmite fundamental que coloca al postdesarrollismo en una posici\u00f3n m\u00e1s \u201cavanzada\u201d. Ese l\u00edmite ser\u00eda la ausencia, en aquellos enfoques, de una \u201cpuesta en cuesti\u00f3n\u201d al desarrollo como tal. Al final de cuentas las cr\u00edticas del estructuralismo cepalino, la teor\u00eda de la dependencia y el marxismo m\u00e1s \u201cortodoxo\u201d terminar\u00edan compartiendo \u2013con marcadas diferencias, por supuesto- los fundamentos de la \u201cideolog\u00eda del desarrollo\u201d con la tradici\u00f3n liberal o conservadora.\u00a0 En ambos casos se tratar\u00eda de distintos modos de concebir el desarrollo y sus mecanismos para conseguirlo. Ah\u00ed se encontrar\u00eda una barrera infranqueable para aquellas versiones cr\u00edticas anteriores.<\/p>\n<p>Ciertamente se puede decir que la cr\u00edtica marxista al desarrollo no lo abord\u00f3 del modo en que lo hace el postdesarrollismo. Pero esto no se debe a un problema de \u201calienaci\u00f3n ideol\u00f3gica\u201d, guarda relaci\u00f3n \u2013m\u00e1s bien- con una forma distinta de problematizar el tema del desarrollo y confrontar de una manera diferente la dimensi\u00f3n ideol\u00f3gica contenida en esta problematizaci\u00f3n. De hecho, los \u201cdependentistas\u201d y los marxistas hacen una cr\u00edtica contundente al sentido ideol\u00f3gico del concepto de desarrollo, pero esta no se convierte en el punto nodal de su cr\u00edtica porque el centro de la discusi\u00f3n que proponen es otro. Para el marxismo, y en particular para la teor\u00eda marxista de la dependencia, el objeto de la cr\u00edtica sobre el que tiene lugar su problematizaci\u00f3n no es el desarrollo sino el capitalismo. En rigor, su enfoque cuestiona que algo as\u00ed como el \u201cdesarrollo\u201d exista, de lo que es factible hablar es del desarrollo hist\u00f3rico del capitalismo. Aqu\u00ed radica su cr\u00edtica ideol\u00f3gica, no se trata de que exista una econom\u00eda o una civilizaci\u00f3n \u201cdesarrollista\u201d, sino de que el desarrollo encubre al hecho capitalista torn\u00e1ndose un concepto abstracto y a-hist\u00f3rico aplicable a cualquier contexto. Este encubrimiento tendr\u00eda dos elementos fundamentales: a) el llamado subdesarrollo es producto de la forma en que se estructura el capitalismo hist\u00f3rico a escala mundial y constituye un fundamento esencial del mismo sobredeterminado por las relaciones de dependencia; y, b) las peculiaridades de las \u201ceconom\u00edas perif\u00e9ricas\u201d se derivan de la din\u00e1mica que el capitalismo tiene en cada contexto espec\u00edfico.<\/p>\n<p>Esto marca una diferencia sustancial frente a la cr\u00edtica postdesarrollista. Se trata del modo de comprender el problema de la estructura econ\u00f3mica y la dependencia desde el punto de vista de la acumulaci\u00f3n capitalista. En concreto, el problema te\u00f3rico para este enfoque radica en el car\u00e1cter del modo de producci\u00f3n o de la articulaci\u00f3n de los modos de producci\u00f3n que coexisten en nuestras formaciones socio-econ\u00f3micas, no en el peso relativo que determinados sectores econ\u00f3micos tienen en esas formaciones. Por el contrario, el que estos sectores adquieran determinada importancia en ciertos per\u00edodos hist\u00f3ricos se explica precisamente por la forma en que est\u00e1 constituida la estructura de los modos de producci\u00f3n y el desarrollo del capitalismo. De modo que, como lo sostiene Cueva (2001) no es posible identificar a las formaciones sociales latinoamericanas a partir del predominio de un producto de exportaci\u00f3n o en funci\u00f3n de las \u00e1reas coloniales precedentes, o de la l\u00f3gica de enclave; puesto que esto trae como consecuencia equiparar econom\u00edas distintas, con distinto grado de desarrollo capitalista, en una misma categor\u00eda. Resulta interesante contrastar esta tesis con nuestra discusi\u00f3n actual, si retomamos lo planteado por Cueva, no es posible obtener una explicaci\u00f3n precisa si comparamos dos econom\u00edas extractivistas como Chile y Ecuador que, en realidad, corresponden a grados absolutamente dis\u00edmiles de desarrollo capitalista.<\/p>\n<p>Es por este motivo que para los marxistas la preocupaci\u00f3n te\u00f3rica fundamental radica en dilucidar el conjunto de mecanismos que sostiene a las caracter\u00edsticas estructurales del capitalismo dependiente, su (des)integraci\u00f3n econ\u00f3mica, sus formas de transferencia de valor hacia las metr\u00f3polis, su estructura de clases, sus instrumentos de acumulaci\u00f3n interna, etc. Esto hace, por ejemplo, que sea posible hallar la continuidad de mecanismos en el modelo primario-exportador y en los proyectos de industrializaci\u00f3n. Lo cual, por lo dem\u00e1s, lleva a las tendencias m\u00e1s radicales a poner en cuesti\u00f3n la utilidad explicativa de estas categor\u00edas.<\/p>\n<p>En consecuencia, para esta versi\u00f3n cr\u00edtica marxista ocupa un lugar central la indagaci\u00f3n sobre el modelo o el patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n. Dado que la discusi\u00f3n gira en torno al car\u00e1cter del capitalismo dependiente, entonces, el esfuerzo de reflexi\u00f3n se dirige a especificar cu\u00e1l es la din\u00e1mica de la acumulaci\u00f3n y el complejo entramado de determinaciones estructurales que la soportan. De manera que, puede ocurrir que econom\u00edas asentadas sobre sectores econ\u00f3micos semejantes tengan un grado de desarrollo capitalista absolutamente dis\u00edmil; o, que econom\u00edas con mayor industrializaci\u00f3n puedan mantener estructuras de dependencia similares a las de econom\u00edas con un bajo grado de industrializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En la reflexi\u00f3n sobre el sustrato civilizatorio esta denegaci\u00f3n del marxismo tambi\u00e9n tiene efectos ligados principalmente a la indistinci\u00f3n entre capitalismo y civilizaci\u00f3n, o capitalismo y modernidad. Como consecuencia se debilita la posibilidad de observar no solo las diferencias, sino principalmente las contradicciones existentes. Por lo dem\u00e1s, esto supone anular la presencia de una poderosa tradici\u00f3n cr\u00edtica y emancipatoria al interior de la modernidad que pone en cuesti\u00f3n a su versi\u00f3n dominante: la modernidad capitalista. La subordinaci\u00f3n del proyecto moderno a la \u201cautovalorizaci\u00f3n del valor\u201d sostenida por Echeverr\u00eda (2001), ser\u00eda solo un ejemplo de esta mirada cr\u00edtica y sugiere un campo de reflexi\u00f3n que podr\u00eda enriquecer notablemente la cr\u00edtica al esquema civilizatorio, antes de desechar por entero a la tradici\u00f3n emanada de la modernidad o inclusive para sustentar mejor la necesidad de descartarla de manera definitiva. Otro elemento importante que plantea este enfoque es la necesaria alusi\u00f3n al problema de la universalidad, considerada esta desde diferentes posturas \u201cpost\u201d como una forma de dominio de la racionalidad abstracta universal, se termina por disminuirla hasta una de sus versiones: la universalidad del capital. Como bien anota \u017di\u017eek (2001), el predominio ideol\u00f3gico del capitalismo tard\u00edo se sustenta en la anulaci\u00f3n de la universalidad y la preeminencia de la particularidad impidiendo, en concreto, la recomposici\u00f3n de una posici\u00f3n cr\u00edtica en el \u00fanico terreno en que se puede disputar con el orden del capital: el de principio organizador de la totalidad.<\/p>\n<p>Se puede pensar que la din\u00e1mica de las luchas sociales podr\u00eda interpretarse como una demanda por la vinculaci\u00f3n de las demandas postdesarrollistas con\u00a0 la cr\u00edtica al capitalismo y sus inequidades estructurales; ciertos indicios podr\u00edan expresar que esta ha sido una coexistencia pr\u00e1ctica de posiciones en las luchas sociales. Si esto es as\u00ed, la dificultad mayor es \u00bfpor qu\u00e9 la interpretaci\u00f3n te\u00f3rico-pol\u00edtica no alcanza a lograr una vinculaci\u00f3n entre ambas perspectivas?<\/p>\n<p>El olvido del capital como el problema fundamental de nuestro tiempo se halla en la base de los l\u00edmites y \u201cpuntos ciegos\u201d del campo del debate sobre desarrollo y extractivismo. Esto forma parte del proceso de recomposici\u00f3n pol\u00edtica que ha tenido lugar como contraparte de la imposici\u00f3n del capitalismo tard\u00edo; proceso que redefini\u00f3 los fundamentos y el objeto de la cr\u00edtica identificada con la izquierda. En el caso del campo de an\u00e1lisis esto se evidencia por la influencia de dos formas de interpretaci\u00f3n que subyacen a las posiciones en disputa. De una parte, est\u00e1 la influencia de la econom\u00eda ecol\u00f3gica en sus versiones m\u00e1s fuertemente anti-marxistas como la postulada por Joan Mart\u00ednez-Alier (1995, 1998), cuya influencia es notoria tanto en la posici\u00f3n neodesarrollista como en la postdesarrollista. De otra parte, la influencia de propuestas postcoloniales con una presencia culturalista muy significativa como las de Mignolo o Escobar, caracterizadas adem\u00e1s por su entera separaci\u00f3n de cualquier interpretaci\u00f3n marxista. Tambi\u00e9n est\u00e1 presente la menos definible influencia de Boaventura de Sousa Santos (2010), cuya perspectiva epistemol\u00f3gica y pol\u00edtica ha tenido eco tambi\u00e9n en las posiciones del campo de debate.<\/p>\n<p>Estas dos influencias tienen un efecto incontestable en la denegaci\u00f3n de una pol\u00edtica de clase en la discusi\u00f3n ecol\u00f3gica y en la perspectiva postcolonial. Es m\u00e1s sustituyen esta forma de pol\u00edtica por otras relacionadas con lo \u201cecol\u00f3gico-distributivo\u201d o la \u201ccolonialidad del poder\u201d. La cuesti\u00f3n de fondo no implica sostener que estas otras formas pol\u00edticas no tienen importancia, la discusi\u00f3n es que no es necesario que estas sustituyan a la pol\u00edtica de clase para adquiriri legitimidad.<\/p>\n<p>En cuanto a la influencia de la econom\u00eda ecol\u00f3gica anti-marxista hay que se\u00f1alar que esto ha impedido la posibilidad de un di\u00e1logo entre ecologismo y marxismo capaz de posicionar una interpretaci\u00f3n distinta sobre la discusi\u00f3n en torno al desarrollo y el extractivismo. El fundamento de la sospecha ecologista sobre el marxismo ha sido la idea de que este se inscribe en el marco del productivismo que no problematiza la destrucci\u00f3n de la naturaleza. Han sido John Bellamy Foster (2000) \u00a0y Paul Burkett (1999, 2006) quienes han demostrado amplia y consistentemente que ese es un prejuicio antimarxista, ampliamente promovido por Joan Mart\u00ednez Alier entre otros, que no tiene mayor asidero ya que habr\u00eda una espec\u00edfica problematizaci\u00f3n del problema de la naturaleza en Marx. El problema en el debate ecuatoriano es que este encuentro no ha tenido espacio para consolidarse y producir una respuesta m\u00e1s s\u00f3lida frente a las posiciones gubernamentales. Tendencia que, insistimos, con mucha probabilidad est\u00e1 presente en la din\u00e1mica de las luchas sociales.<\/p>\n<p>Los aportes de Bellamy Foster permiten hacer ciertas puntualizaciones en referencia a la cr\u00edtica al desarrollo y la b\u00fasqueda de alternativas civilizatorias. Una cr\u00edtica maximalista a la modernidad, como hemos dicho, deja de lado el examen detenido de la tradici\u00f3n cr\u00edtica de la propia modernidad; pero, adem\u00e1s romper\u00eda con una de las m\u00e1s ricas tradiciones de las que proviene el discurso cr\u00edtico ecologista, a saber: la concepci\u00f3n materialista de la naturaleza, en particular la del materialismo hist\u00f3rico que abrir\u00eda una posibilidad consistente de un nuevo concepto de la naturaleza que desde el siglo XIX habr\u00eda puesto en cuesti\u00f3n la perspectiva productivista del desarrollo capitalista. En este plano, la dificultad tiene que ver con el abandono de una perspectiva materialista en favor de un cierto \u201cidealismo\u201d que entiende a la naturaleza como una entidad m\u00edtica o religiosa poniendo l\u00edmites conservadores a las alternativas pol\u00edticas. En otras palabras, ser\u00eda necesario evaluar si la \u00fanica posibilidad de valorar a la naturaleza por fuera del capitalismo es la de otorgarle un estatuto m\u00edtico. Por lo dem\u00e1s, ocurre exactamente lo mismo con los saberes y las formas de vida ancestrales; \u00bfacaso el modo predominante de valorarlos tiene que ser necesariamente la mistificaci\u00f3n esencialista y ahist\u00f3rica?<\/p>\n<p>No ser\u00eda correcto suponer que esta configuraci\u00f3n del campo del debate se debe exclusivamente a las fuentes de las que abrevan las posiciones te\u00f3rico-pol\u00edticas en disputa. La discusi\u00f3n es m\u00e1s profunda y hace relaci\u00f3n con la espec\u00edfica configuraci\u00f3n de la pol\u00edtica postmoderna. El dominio de la pol\u00edtica del consenso se\u00f1alada por \u017di\u017eek (1998, 2001) y Ranci\u00e8re (1995, 1996, 2005) se explica por una denegaci\u00f3n total de la universalidad y el antagonismo radical. Y es justamente el encubrimiento del capital como el fundamento de ambos principios el que opera en esa reconstituci\u00f3n del campo de la pol\u00edtica, es decir, del cumplimiento de una funci\u00f3n ideol\u00f3gica determinante por parte de las posiciones pol\u00edticas incapaces de trascender los l\u00edmites de las negociaciones y los disensos controlados por esa radical anulaci\u00f3n del conflicto esencial de la sociedad capitalista. La imposibilidad de la ruptura con el cerco de la pol\u00edtica postmoderna es la que ha impedido un acercamiento a la problematizaci\u00f3n del capital y su capacidad de imprimirle un sentido fundamental al orden social.<\/p>\n<h2>Marx y el extractivismo<\/h2>\n<p>Hace poco tiempo apareci\u00f3 un elemento inesperado en este debate, una disputa \u2013si se quiere te\u00f3rica- entre neodesarrollistas y postdesarrollistas que peleaban por reivindicar a Marx como fundamento de una y otra posici\u00f3n. Antes que un giro en el debate se trat\u00f3 de un episodio aislado que no ha tenido consecuencias destacables. En una entrevista Rafael Correa afirm\u00f3 que el marxismo-leninismo no menciona en ninguna parte una cr\u00edtica contra el extractivismo (Correa, 2013). Del lado del postdesarrollismo la respuesta vino de Eduardo Gudynas (2013) y Joan Mart\u00ednez Alier (2013), quienes escribieron art\u00edculos se\u00f1alando lo contrario. Lo interesante es el s\u00fabito recurso a Marx en un debate que se hab\u00eda caracterizado por no tomarlo en cuenta. Gudynas se\u00f1ala que Marx no ser\u00eda extractivista porque con ello renunciar\u00eda a su propuesta de transformaci\u00f3n del modo de producci\u00f3n, en su opini\u00f3n el tr\u00e1nsito hacia el postextractivismo \u2013por el contrario- se inscribe en la idea marxista de buscar \u201calternativas a la producci\u00f3n\u201d. De su parte, Mart\u00ednez Alier, haciendo referencia al pensamiento marxista contempor\u00e1neo, plantea dos conceptos que demostrar\u00edan la oposici\u00f3n de Marx al extractivismo: \u201cacumulaci\u00f3n originaria\u201d y \u201cmetabolismo social\u201d, ambos suponen la destrucci\u00f3n de la naturaleza y la apropiaci\u00f3n de recursos naturales y la desposesi\u00f3n de territorios campesinos e ind\u00edgenas.<\/p>\n<p>Un problema central se advierte en esta disputa por Marx, los fundamentos y los enfoques establecidos al interior del campo de debate que hemos descrito no se ponen en tensi\u00f3n en ninguna de las posiciones. Se puede ver un uso instrumental del nombre de Marx y algunos de sus conceptos tomados de forma aislada. Un acercamiento superficial que reduce ostensiblemente la complejidad del pensamiento de Marx para adecuarlo al neodesarrollismo o al postdesarrollismo seg\u00fan sea el caso. En definitiva la irrupci\u00f3n de Marx no conmueve el campo de debate que no solo se ha construido alejado de su \u201cdiscurso cr\u00edtico\u201d (Echeverr\u00eda, 1986) sino que, en ocasiones, lo ha hecho en abierta contradicci\u00f3n con \u00e9l. El problema central tiene que ver con que el objeto te\u00f3rico \u201cextractivismo\u201d no es el que preocupa a Marx, su objeto es otro sustancialmente distinto: el capital. Tanto Correa como sus cr\u00edticos se equivocan al poner la discusi\u00f3n en un plano te\u00f3rico que es distinto a aquel sobre el que Marx trabaja. El dilema de un Marx extractivista o anti-extractivista es \u2013en todo rigor- un falso dilema; Marx no es ni una ni otra cosa, su cr\u00edtica es anti-capitalista y su horizonte pol\u00edtico es el comunismo. Aqu\u00ed no es posible hacer una discusi\u00f3n minuciosa, la cual supera largamente el alcance de este trabajo, pero creemos que es posible establecer unas cuantas notas breves sobre algunos de los elementos que deber\u00edan considerarse al tratar de incluir a Marx en el debate sobre el extractivismo y el desarrollo.<\/p>\n<p>En primer lugar, se debe tener que Marx hace una definici\u00f3n sobre lo que entiende por actividades extractivas. En el marco de su exposici\u00f3n sobre el proceso de trabajo, en el cap\u00edtulo V del libro I de <em>El capital<\/em>, se\u00f1ala que este se realiza sobre un \u201cobjeto de trabajo\u201d [<em>Arbeitsgegenstand<\/em>] determinado, pero distingue dos tipos: uno que puede llamarse \u201cobjeto general\u201d [<em>allgemeine Gegenstand<\/em>] \u2013afirma- y que es ofrecido directamente por la naturaleza sin mediaci\u00f3n de trabajo alguno como la tierra (que incluye el agua), los peces, etc.; y, otro que corresponde a lo que propiamente se denominan como \u201cmaterias primas\u201d [<em>Rohmaterial<\/em>], es decir aquellos objetos que objetos que son producto de procesos de trabajo previo, es decir, objetos que ya han sido trabajados con anterioridad (Marx, 1975, p\u00e1gs. 216-217; 1962, p\u00e1g. 193) . Este riguroso y detenido tratamiento de los conceptos le sirve de base para determinar que todas las ramas industriales trabajan sobre materias primas, pero hace una excepci\u00f3n: la \u201cindustria extractiva\u201d. Para Marx solo en el caso de estas \u00faltimas el proceso de trabajo ocurre sobre aquel \u201cobjeto general\u201d, solo en estos casos la naturaleza es directamente objeto de trabajo. Por esa raz\u00f3n Marx considera como industrias extractivas a la miner\u00eda c\u00f3mo es l\u00f3gico suponer, pero tambi\u00e9n a la caza o la pesca, adem\u00e1s, sobre la agricultura precisa que esta solo puede ser parte de esta categor\u00eda cuando corresponde a la roturaci\u00f3n y cultivo de \u201ctierras v\u00edrgenes\u201d, es decir cuando se trata de tierras que no han sido \u2013en el m\u00e1s estricto de los sentidos- cultivadas previamente (Marx, 1975, p\u00e1g. 220; 1962, p\u00e1g. 196).<\/p>\n<p>Una primera cuesti\u00f3n que debe tenerse en cuenta a partir de esta formulaci\u00f3n sobre la industria extractiva es que ella no se inscribe en la perspectiva \u201ceconomicista\u201d largamente atribuida a Marx, hace parte de lo que ser\u00eda su teorizaci\u00f3n sobre el \u201cproceso de reproducci\u00f3n social\u201d entendido como un esquema general que subyace a todas las formas hist\u00f3ricas, esa dimensi\u00f3n de la vida social a la que Bol\u00edvar Echeverr\u00eda llama \u201cforma natural\u201d de la reproducci\u00f3n social que corresponde a su estrato \u201ctranshist\u00f3rico y supra\u00e9tnico\u201d (Echeverr\u00eda, 1984, 1998, 2010). El marco en el que Marx hace esta reflexi\u00f3n marginal tiene que ver precisamente con su teorizaci\u00f3n sobre el \u201cmetabolismo social\u201d mencionado por Mart\u00ednez Alier; de ah\u00ed que el desarrollo de sus categor\u00edas est\u00e9 vinculado principalmente con los intercambios entre lo humano y lo natural, por eso el rigor de su concepto busca inscribir a las actividades extractivas en esa din\u00e1mica de intercambio para definir su especificidad. Sobra decir que, por esta misma raz\u00f3n, el sentido de industria es bastante m\u00e1s amplio que el de industria moderna capitalista.<\/p>\n<p>Forzando los t\u00e9rminos se podr\u00eda decir que, dado que una \u201ceconom\u00eda extractivista\u201d se define por el predominio de las actividades extractivas, entonces las sociedades cazadoras-recolectores son econom\u00edas extractivistas; claro, los postdesarrollistas dir\u00e1n inmediatamente que eso es absurdo puesto que aquellas sociedades mantienen una \u201crelaci\u00f3n arm\u00f3nica\u201d con la naturaleza que hace que consuman solamente \u201clo necesario\u201d de ella, su diferencia radical con las econom\u00edas extractivistas ser\u00eda que estas extraen grandes vol\u00famenes y producen un desequilibrio en el metabolismo social. Esta posible discusi\u00f3n ilustra bastante bien el problema de enfoque al tratar de aproximarse a Marx. El problema te\u00f3rico que se plantea Marx es que la idea general del metabolismo social no es suficiente para la explicaci\u00f3n por el car\u00e1cter espec\u00edfico de las formas hist\u00f3ricas, en particular, del r\u00e9gimen capitalista de producci\u00f3n. Y esta es la cuesti\u00f3n fundamental en el posible aporte de la cr\u00edtica de Marx a la discusi\u00f3n sobre el extractivismo.<\/p>\n<p>Otra cuesti\u00f3n que se debe tener en cuenta a partir de sus consideraciones sobre el proceso general de reproducci\u00f3n social es que la especificidad propia de un tipo de actividades econ\u00f3micas no define al r\u00e9gimen de producci\u00f3n. M\u00e1s all\u00e1 de lo que cierto marxismo vulgarizado y \u2013sobre todo- buena parte de sus cr\u00edticos supone, lo central de la cr\u00edtica de Marx no radica en las fuerzas productivas, sino en las relaciones de producci\u00f3n. Son estas las que imprimen el car\u00e1cter concreto que adquiere una forma hist\u00f3rica determinada (Marx, 2006; 1983). Es por ello que \u2013dice Marx en <em>El capital<\/em>&#8211; la perspectiva abstracta del \u201cmetabolismo social\u201d se limita al hombre como un concepto general, ya que en este plano te\u00f3rico no cuentan las relaciones que los hombres establecen entre s\u00ed para producir. Es m\u00e1s, anota que el capitalismo no tiene diferencia alguna con otras formas sociales en este plano general, que en ese nivel es indiferente si el proceso de trabajo se realiza para el esclavista, el se\u00f1or feudal o el capitalista (Marx, 1975: 223). Las implicaciones te\u00f3ricas de esto son de una importancia extraordinaria, en las formas hist\u00f3ricas concretas la relaci\u00f3n hombre-naturaleza no puede explicarse por s\u00ed sola, el car\u00e1cter que esta asume proviene de las relaciones que los hombres establecen para <em>dar forma<\/em> a su socialidad. En el debate que analizamos es este fundamento te\u00f3rico el que se halla suprimido o puesto en cuesti\u00f3n. Las formulaciones que se hacen sobre el extractivismo tienen como sustento el presupuesto te\u00f3rico de una relaci\u00f3n sociedad-naturaleza no mediada, lo cual \u2013en realidad- corresponde al nivel fenomenol\u00f3gico, al modo en que las relaciones sociales se expresan en el plano de la \u201capariencia\u201d. Es por este motivo que las referencias al capitalismo terminan siendo inocuas y no alcanzan a dar cuenta de toda la complejidad que reviste este planteamiento de Marx.<a href=\"#_ftn25\" name=\"_ftnref25\">[25]<\/a><\/p>\n<p>Quiz\u00e1 lo m\u00e1s interesante en este contraste entre la cr\u00edtica postdesarrollista y la cr\u00edtica de Marx es que la supresi\u00f3n conceptual de las relaciones de producci\u00f3n desplaza el problema al campo estrictamente instrumental. Solo mediante esta operaci\u00f3n te\u00f3rica es posible extender el concepto de la t\u00e9cnica extractiva de ciertas actividades econ\u00f3micas a todo el r\u00e9gimen de producci\u00f3n. Ese problema se torna m\u00e1s complejo si se tiene en cuenta que \u2013siempre siguiendo a Marx- la t\u00e9cnica adquiere significaci\u00f3n social y pol\u00edtica si es entendida como parte de la organizaci\u00f3n social de la producci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En segundo lugar, teniendo en cuenta que el objeto te\u00f3rico de Marx es el capital, m\u00e1s precisamente el r\u00e9gimen capitalista de producci\u00f3n, es necesario hacer precisiones sobre lo que esto significa para lograr cierto orden conceptual m\u00ednimo acerca de la relaci\u00f3n que podr\u00eda tener el extractivismo con el capitalismo. Sobre la base de la categor\u00eda de relaciones de producci\u00f3n Marx pone en el centro de la sociedad capitalista la relaci\u00f3n capital-trabajo, la cual es explicada a partir de su teor\u00eda del plusvalor. El objetivo del r\u00e9gimen capitalista es la producci\u00f3n de plusvalor y su apropiaci\u00f3n para la reproducci\u00f3n del capital. De entre las muchas consecuencias te\u00f3ricas que esto tiene conviene subrayar algunas que pueden ser de inter\u00e9s para nuestra discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Para empezar se debe tener en cuenta lo relacionado con el \u201clugar espec\u00edfico\u201d del modo de producci\u00f3n capitalista. Las dos primeras secciones de <em>El capital<\/em> buscan cuestionar una tesis central de la econom\u00eda pol\u00edtica cl\u00e1sica, a saber: la reproducci\u00f3n del capital ocurre en el \u00e1mbito de la circulaci\u00f3n. El problema fundamental es que lo propiamente capitalista consiste en el efecto multiplicador del capital, su capacidad de incrementarse, proceso casi milagroso si se lo mira desde la superficie de los fen\u00f3menos econ\u00f3micos. En concreto, el capital es tal cosa porque es lanzado a la din\u00e1mica econ\u00f3mica, cumple un ciclo determinado y retorna incrementado. Marx retoma la tesis \u201ccirculatoria\u201d, la analiza rigurosamente y muestra la inutilidad que tiene para explicar ese incremento misterioso, es imposible que en la esfera de los intercambios mercantiles ocurra ese incremento; este tiene lugar en otra parte, se origina en un espacio distinto: la producci\u00f3n. No obstante, si bien su g\u00e9nesis se halla en otro lugar, solo puede <em>realizarse<\/em> en la circulaci\u00f3n, de ah\u00ed su complejo proceso social; al respecto dice Marx: \u201c[e]l capital, por ende, no puede surgir de la circulaci\u00f3n, y es igualmente imposible que no surja de la circulaci\u00f3n. Tiene que brotar al mismo tiempo en ella y no en ella.\u201d (Marx, 1975: 202; 1962: 180). En definitiva, la circulaci\u00f3n es vital para que el plusvalor entre en el ciclo de metamorfosis del capital, el plusvalor sale de la producci\u00f3n con la forma mercanc\u00eda, esta necesariamente debe transformarse en dinero para reiniciar el ciclo, si no lo hace el proceso de reproducci\u00f3n se interrumpe.<\/p>\n<p>En este sentido, el \u00e1mbito esencial para la cr\u00edtica del capitalismo corresponde a la forma en que se organiza la producci\u00f3n sobre la base de la apropiaci\u00f3n del plusvalor. Pero no solo eso, sino c\u00f3mo el capital se reproduce. La categor\u00eda fundamental aqu\u00ed es la de <em>reproducci\u00f3n<\/em>, el capital solo puede existir socialmente en un proceso reproductivo incesante. Y vinculado con esto se halla el proceso de acumulaci\u00f3n de capital que se relaciona con lo que Marx define como reproducci\u00f3n ampliada. Es decir, el capital tiene su origen en la explotaci\u00f3n del trabajo que ocurre en la producci\u00f3n, se realiza en el mercado, finalizando en el consumo; pero, su realizaci\u00f3n supone el reinicio constante del proceso en una escala cada vez mayor, cada nuevo ciclo incrementa el capital. Esto implica adem\u00e1s una serie de consecuencias centrales para la cr\u00edtica al orden social establecido por el capital que se resumen en la tendencia a la baja de la cuota de ganancia y la alteraci\u00f3n de la composici\u00f3n org\u00e1nica del capital que esa tendencia ocasiona. Esta perspectiva general vuelve del todo insuficiente la caracterizaci\u00f3n de una situaci\u00f3n hist\u00f3rica concreta a partir de criterios que se limitan a la descripci\u00f3n de una actividad econ\u00f3mica espec\u00edfica como las industrias extractivas, peor a\u00fan atribuir a esas caracter\u00edsticas los efectos que provienen de la din\u00e1mica concreta del capital y no necesariamente de la particularidad de esas actividades. De lo que se trata \u2013siempre siguiendo a Marx- es de desentra\u00f1ar c\u00f3mo se encuentran interrelacionadas las distintas actividades espec\u00edficas y cu\u00e1l es su relaci\u00f3n efectiva con la din\u00e1mica de acumulaci\u00f3n. As\u00ed por ejemplo, dependiendo de esas relaciones las actividades extractivas pueden ocasionar o no una mayor presi\u00f3n sobre los recursos naturales y la poblaci\u00f3n, pero esas presiones no son necesariamente intr\u00ednsecas a dichas actividades; de igual modo, pueden existir actividades de producci\u00f3n industrial o \u201ccognitiva\u201d que presionen much\u00edsimo sobre esas condiciones como efecto de su rol en el proceso espec\u00edfico de reproducci\u00f3n del capital.<\/p>\n<p>Evidentemente esto hace necesario cuestionar seriamente la discusi\u00f3n sobre qu\u00e9 actividades econ\u00f3micas deben priorizarse para transformar el actual modelo \u201cextractivista\u201d o \u201cprimario-exportador\u201d. Pasar de la exportaci\u00f3n de materias primas a las industrias, a la \u201cproducci\u00f3n de conocimiento\u201d o al turismo no problematiza directamente la estructura sobre la que tiene lugar la din\u00e1mica de reproducci\u00f3n capitalista ni las relaciones sociales de producci\u00f3n que constituyen su n\u00facleo fundamental. Claro, esto no quiere decir que esa \u201ctransformaci\u00f3n productiva\u201d no genere cambios, lo central es determinar la profundidad que esos cambios revisten. La ausencia de la discusi\u00f3n sobre el car\u00e1cter espec\u00edfico que adquiere la reproducci\u00f3n de capital ubica a las propuestas alternativas en el plano estricto de las reformas al capitalismo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En tercer lugar, se suele decir que Marx presenta una \u201cceguera\u201d frente a los intercambios que la econom\u00eda establece con la naturaleza; de acuerdo a este enfoque en Marx prevalece la idea de que la econom\u00eda es un sistema cerrado desconectado de sus l\u00edmites naturales (Mart\u00ednez Alier, 1998, p\u00e1gs. 12-14). La severa inconsistencia que contiene esta afirmaci\u00f3n ha sido demostrada suficientemente por Foster (2000) y Burkett (2006), quienes han dejado establecida con claridad la importancia que tiene el problema de la naturaleza en Marx. Con anterioridad a la discusi\u00f3n reciente es imprescindible el trabajo de Alfred Schmidt\u00a0(1977) en el que explica con singular rigurosidad que la noci\u00f3n de naturaleza dista mucho de ser perif\u00e9rica en la argumentaci\u00f3n de Marx; su aporte es particularmente significativo en relaci\u00f3n con algo que ya referimos l\u00edneas arriba: la relaci\u00f3n mediada entre sociedad y naturaleza, en otras palabras, la imposibilidad de reducir la realidad a la mera existencia f\u00edsica de la materia, la decisiva importancia que en Marx tiene la objetividad de las relaciones sociales.<a href=\"#_ftn26\" name=\"_ftnref26\">[26]<\/a> Con este marco de referencia es de inter\u00e9s puntualizar algunos aspectos relacionados con la concepci\u00f3n de Marx acerca de la naturaleza.<\/p>\n<p>Sobra insistir en que \u2013como en tantos otros casos- los cr\u00edticos de Marx le atribuyen un reduccionismo que le es ajeno. En su pensamiento la naturaleza es significativamente importante. Basta recordar su conocida frase de que las fuentes de riqueza son la naturaleza y el trabajo; pero no solo eso, se debe tener en cuenta que su posici\u00f3n respecto a la tendencia destructiva que tiene el capital frente a las condiciones naturales es absolutamente clara. En el primer tomo de <em>El capital<\/em>, al referirse a la relaci\u00f3n entre la gran industria y la agricultura, se\u00f1ala: \u201cLa producci\u00f3n capitalista [\u2026] no desarrolla la t\u00e9cnica y la combinaci\u00f3n del proceso social de producci\u00f3n sino socavando, al mismo tiempo, los dos manantiales de toda riqueza: <em>la tierra<\/em> y <em>el trabajador<\/em>\u201d (Marx, 1975: 612-613; 1962: 529-530). Bueno, si esto deja poco espacio para las dudas, \u00bfa qu\u00e9 se debe la confusi\u00f3n de sus detractores?, \u00bfen qu\u00e9 se sustenta la extendida idea de que Marx no toma en cuenta la naturaleza? La respuesta apunta a que Marx no confunde riqueza con valor econ\u00f3mico, cosa que curiosamente sus cr\u00edticos hacen con frecuencia.<\/p>\n<p>Tratemos esto con algo m\u00e1s de detalle. Enrique Leff (2004), por ejemplo, se\u00f1ala que el positivismo de la teor\u00eda del valor de Marx desterr\u00f3 del campo de la econom\u00eda a la naturaleza, al quitarle la condici\u00f3n de fuente de valor que ten\u00eda en otras escuelas de pensamiento como la fisiocr\u00e1tica y trasladar esa condici\u00f3n al trabajo. Es precisamente en esta consideraci\u00f3n en donde radica el punto nodal del problema. Ciertamente para Marx la naturaleza no forma valor, este es producto del trabajo social necesario que se invierte en la producci\u00f3n; pero lejos de constituir un l\u00edmite en su enfoque esta formulaci\u00f3n es esencial en su cr\u00edtica al capital; lo que Marx demuestra es que la dominaci\u00f3n capitalista no proviene de ninguna condici\u00f3n natural, sino de condiciones propiamente sociales; lo que est\u00e1 poniendo en cuesti\u00f3n es la idea de naturaliza la ganancia capitalista o la renta, convirti\u00e9ndolas en cualidades intr\u00ednsecas de la naturaleza o los medios de producci\u00f3n. Pero m\u00e1s que eso, la raz\u00f3n te\u00f3rica para esto es que la condici\u00f3n de posibilidad que hace posible el intercambio capitalista es el contenido de trabajo de las mercanc\u00edas, es esto lo que puede cuantificarse y puede crear una esfera espec\u00edfica de intercambios gobernados por una estricta dimensi\u00f3n cuantitativa. Con ello \u2013como lo hemos se\u00f1alado- Marx cuestiona la tambi\u00e9n falsa idea de que el valor emerge del \u00e1mbito de la circulaci\u00f3n. Cualquier bien natural pasa a ser social y \u2013m\u00e1s espec\u00edficamente- se convierte en mercantil cuando es mediado por el trabajo, cuando se <em>trans-forma<\/em> en bien social.<\/p>\n<p>Es por ello que la naturaleza sin mediaci\u00f3n del trabajo carece de valor para Marx; pero hay un elemento fundamental que se omite en esta discusi\u00f3n, desde su punto de vista el trabajo tambi\u00e9n carece de valor, la posibilidad de apropiaci\u00f3n del trabajo en el capitalismo requiere de un peculiar mecanismo que posibilita esa apropiaci\u00f3n sin romper las leyes del intercambio mercantil: la formaci\u00f3n de la mercanc\u00eda \u201cfuerza de trabajo\u201d. Es esta la que puede contener valor, es ella la que hace posible la apropiaci\u00f3n de la capacidad creadora de valor que posee el trabajo, pero este carece de valor en s\u00ed mismo. En definitiva ambas fuentes de riqueza en cualquier sociedad no tienen valor econ\u00f3mico en s\u00ed mismas. De ah\u00ed que la definici\u00f3n exacta que hace Marx de la naturaleza sea la de \u201cfuerza productiva no producida\u201d; es decir, su concepci\u00f3n dista de reducir la naturaleza a mera fuente de recursos, el concepto de fuerza productiva es m\u00e1s amplio e involucra justamente el uso de energ\u00eda y la din\u00e1mica biof\u00edsica concreta que establece l\u00edmites a la producci\u00f3n capitalista que tiende a sobrepasarlos de modo destructivo.<\/p>\n<p>En contraste con esto, tesis como las de la \u201cmercantilizaci\u00f3n de la naturaleza\u201d resultan inconsistentes, la naturaleza en s\u00ed misma no puede volverse mercanc\u00eda, para llegar a algo as\u00ed se requiere la mediaci\u00f3n del trabajo. Se establece una relaci\u00f3n dial\u00e9ctica que no puede perderse de vista, la materia natural (o energ\u00eda) es transformada por el trabajo al tiempo que este no puede existir como pura abstracci\u00f3n, requiere de esa materialidad; es m\u00e1s, tal como lo concibe Marx, el trabajo creador de valor (trabajo abstracto) es energ\u00eda. Desde este punto de vista, la presi\u00f3n sobre los recursos naturales y todas sus consecuencias se explican por la expansi\u00f3n de las necesidades de creaci\u00f3n de plusvalor propias del capital y esto implica revisar c\u00f3mo esa expansi\u00f3n se relaciona con este proceso central del capitalismo. Un ejemplo cl\u00e1sico: la importancia del oro radica en la funci\u00f3n social que cumple en la sociedad capitalista, su condici\u00f3n de medio de intercambio, lo cual no excluye otros usos posibles; pero su valor se relaciona con la cantidad de trabajo que contiene el proceso de su extracci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuarto lugar y relacionado con lo anterior, es necesario distinguir entre la ganancia capitalista y la renta. Esta diferencia desarrollada ampliamente en el libro III de <em>El capital<\/em> resulta imprescindible para abordar la cuesti\u00f3n del extractivismo. El esquema general que hemos recuperado de Marx nos habla de lo que denomina el capital en general; el paso te\u00f3rico hacia el conjunto tripartito salario-ganancia-renta supone dirigir la mirada hacia la forma en que el plusvalor se distribuye entre las distintas clases sociales. Para la discusi\u00f3n sobre el extractivismo es necesario prestar atenci\u00f3n a la renta de la tierra. De entrada hay que decir que para Marx la propiedad de la tierra involucra el control sobre ciertas \u201cporciones del planeta\u201d e incluye todos los recursos relacionados con ella como el agua, los bosques, etc. (Marx, 1981: 793). Es por esto que dentro de la renta de la tierra puede incluirse a los recursos naturales no renovables, de hecho Marx incluye a la miner\u00eda en este concepto (Marx, 1981: 796). No podemos profundizar la discusi\u00f3n, pero es necesario tener en cuenta que la renta permite la \u201cvalorizaci\u00f3n de la propiedad territorial\u201d, es decir, constituye una parte de la ganancia capitalista que debe entregarse al propietario; pero lo central es que la tierra por s\u00ed sola no puede producir esa ganancia. El ejemplo utilizado por Marx para explicar esta peculiaridad de la renta es el capitalismo agrario, se\u00f1ala que se debe considerar que en \u00e9l participan dos sectores: propietarios de la tierra y capitalistas. Los primeros ceden su tierra para que los segundos inviertan su capital y extraigan de ese proceso plusvalor, el cual debe repartirse despu\u00e9s entre ambos como ganancia y renta (Marx, 1981: 797-822). Los propietarios no intervienen el proceso de producci\u00f3n de plusvalor, pero participan de su distribuci\u00f3n justamente por su condici\u00f3n de propietarios.<\/p>\n<p>Traigamos el ejemplo a las actividades extractivas contempor\u00e1neas, para entender mejor su comportamiento las consideraciones de Marx pueden aportar mayor precisi\u00f3n en el an\u00e1lisis. El propietario \u2013que en pa\u00edses como el Ecuador es el Estado- cede la \u201ctierra\u201d para que las empresas inviertan su capital y son ellas las que generan el plusvalor que deber\u00e1 revertirse en forma de renta. Este fen\u00f3meno es tan curioso ya en este ejemplo concreto que el mismo Estado puede cumplir el doble papel: ser propietario del recurso y el \u201ccapitalista\u201d que lo explota y genera plusvalor. Evidentemente este ejemplo simplifica algo que es m\u00e1s complejo y tiene que ver con la interrelaci\u00f3n que los capitales individuales establecen entre s\u00ed para el funcionamiento de un sector determinado de la econom\u00eda. El esquema general siempre debe ser tomado en cuenta como un ejercicio de abstracci\u00f3n que se\u00f1ala las tendencias generales y que requiere un an\u00e1lisis m\u00e1s detenido cuando se busca explicar procesos concretos. Por lo dem\u00e1s, uno de los aspectos centrales de esta interrelaci\u00f3n es la transferencia de plusvalor que tiene lugar entre los distintos capitalistas individuales. Entre las cuestiones que requerir\u00edan mayores explicaciones a partir de esta perspectiva est\u00e1 el significado que adquiere en la relaci\u00f3n renta-ganancia el hecho de que el propietario de la tierra sea el Estado o el que el proceso mismo de producci\u00f3n se halle en manos estatales.<\/p>\n<p>Sin embargo es determinante decir que la renta no constituye solamente un \u201cpago por derechos de propiedad\u201d, Marx afirma al respecto: \u201c[n]ada se resuelve con el poder jur\u00eddico de estas personas [los propietarios de la tierra] de hacer uso y abuso de porciones del planeta\u201d (Marx, 1981: 794), lo que la explica el problema de la renta es su relaci\u00f3n con la reproducci\u00f3n del capital. La renta proviene de una condici\u00f3n b\u00e1sica: la posibilidad de monopolizar un recurso natural determinado que genera una productividad del trabajo m\u00e1s alta que la media y por tanto un plusvalor m\u00e1s alto que el promedio general. Por este motivo la renta no es la distribuci\u00f3n de la ganancia capitalista en general, sino de la ganancia capitalista <em>extraordinaria <\/em>(Marx, 1981: 825-833). Este tipo de ganancia es la que obtiene un capitalista individual por las ventajas que le permiten alcanzar costos de producci\u00f3n m\u00e1s bajos en relaci\u00f3n con la generalidad de los otros capitalistas. Esto es posible por dos factores determinantes: las condiciones naturales y las tecnol\u00f3gicas; el control que pueda tener de ellas hacen posible ese comportamiento del capital. Es por esta raz\u00f3n que el monopolio sobre esas condiciones de producci\u00f3n es decisivo en el proceso de reproducci\u00f3n capitalista. De todos modos, hay que insistir, se debe evitar la confusi\u00f3n de que debido a esto la naturaleza tienen valor, ella favorece la producci\u00f3n de valor porque incrementa la productividad del trabajo, pero sin la mediaci\u00f3n de este aquellas condiciones ventajosas sencillamente no alcanzan existencia econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Otro aspecto a considerarse es que la inversi\u00f3n de capital sobre esas condiciones hace posible que el capital \u201cse fije en la tierra\u201d, lo que obliga a ciertas distinciones importantes. De acuerdo a Marx, esas inversiones transforman la tierra en \u201ccapital tierra\u201d y corresponden a las mejoras t\u00e9cnicas temporales como la fertilizaci\u00f3n y abono de la tierra, o permanentes como la construcci\u00f3n de infraestructura (Marx, 1981: 797). Esto hace que la tierra, as\u00ed intervenida, se transforme en capital fijo. M\u00e1s all\u00e1 de las precisiones t\u00e9cnicas que esto contiene y sobre las que no podemos detenernos, lo sustancial es \u2013una vez m\u00e1s- la relaci\u00f3n que esa transformaci\u00f3n de las condiciones naturales tiene con el fundamento de la renta que se relaciona con las posibilidades de generar ganancia extraordinaria. En este sentido cuestionar la construcci\u00f3n de infraestructura, por ejemplo, como un mecanismo para la acumulaci\u00f3n de capital nos dice muy poco sobre lo que eso significa en t\u00e9rminos precisos.<\/p>\n<p>Esta compleja relaci\u00f3n entre la renta y el capital plantea la necesidad de problematizar, como hemos dicho, la cuesti\u00f3n del control estatal sobre esas condiciones productivas en la medida en que este es un aspecto minimizado en el debate sobre el extractivismo. Como se puede inferir este en realidad no es un problema menor, requiere efectuar un examen sostenido y riguroso de cu\u00e1l es el rol del Estado como redistribuidor de las ganancias extraordinarias entre los distintos capitalistas o sectores del capital. Por otra parte, nos obliga tambi\u00e9n a discutir las alternativas que buscan pasar a la \u201ceconom\u00eda del conocimiento\u201d. Esto es particularmente importante dado que esto no es m\u00e1s que otra forma de renta, aquella que provienen del monopolio de la tecnolog\u00eda, si se define como fuente de ingresos econ\u00f3micos que valorizan ese monopolio es imposible que logren hacerlo sin pasar por un \u201cintercambio metab\u00f3lico\u201d con la ganancia capitalista. Conviene analizar en el mismo sentido las propuestas alternativas que centran su atenci\u00f3n sobres las actividades de servicios como el turismo. Descifrar estos intricados mecanismos es uno de los retos conceptuales y pol\u00edticos que plantea un intento por comprender el extractivismo desde la cr\u00edtica de Marx.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Estas breves notas no buscan en absoluto agotar el tema, apenas intentan dejar esbozadas ciertas l\u00edneas, no todas por supuesto, para una aproximaci\u00f3n al debate sobre extractivismo recuperando el enfoque cr\u00edtico de Marx. Evidentemente este intento requiere de una discusi\u00f3n mucho m\u00e1s detenida y de trabajos concretos de investigaci\u00f3n que permitan ampliar o cuestionar los alcances que los aspectos se\u00f1alados puedan tener. Debemos insistir, lamentablemente el di\u00e1logo con esta perspectiva te\u00f3rica de las distintas posiciones en el debate sobre extractivismo est\u00e1 ausente. Por lo tanto, este es un camino que ni siquiera se ha iniciado. Entre los temas que pueden cobrar un sentido distinto si se lleva a cabo este ejercicio est\u00e1n cuestiones como las del modelo primario-exportador o extractivista, el concepto abstracto y general de desarrollo, el uso del concepto de \u201cacumulaci\u00f3n por desposesi\u00f3n\u201d; y, principalmente, las posibles alternativas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc373742424\"><\/a>Conclusiones<\/h1>\n<p>La constataci\u00f3n de la existencia de un campo com\u00fan del debate, que se\u00f1ala coincidencias determinantes en las posiciones del neodesarrollismo y del postdesarrollismo, es una de las consideraciones m\u00e1s significativas que resultan del an\u00e1lisis del debate. Es indispensable tener en consideraci\u00f3n que estas coincidencias no se limitan a postulados generales, est\u00e1n presentes en los fundamentos que sustentan sus posiciones, los cuales aparecen tanto en el balance de sus objetos de la cr\u00edtica como en las alternativas. En concreto, al hablar del modelo extractivista o primario-exportador el enfoque compartido, con variaciones menores, es curiosamente el recurso a ciertos principios interpretativos del desarrollismo cepalino de los a\u00f1os 50. Esto es a\u00fan m\u00e1s evidente en la definici\u00f3n de alternativas, lo que nos ha llevado a identificar esta postura como un \u201creformismo ambientalista\u201d. Mientras tanto, en la perspectiva de la cr\u00edtica al desarrollo las coincidencias tienen que ver con la necesidad de superar el \u201cparadigma del desarrollo\u201d y situar en el horizonte de transformaci\u00f3n la noci\u00f3n de <em>sumak kawsay<\/em>. Entre varios de los enfoques que pueden identificarse como subyacentes a esta perspectiva compartida est\u00e1n ciertas consideraciones provenientes del postestructuralismo, la deconstrucci\u00f3n y la postcolonialidad.<\/p>\n<p>Las coincidencias establecen un primer problema relacionado con el car\u00e1cter del proceso de gobierno y el sentido de \u201cradicalidad\u201d que se presume como propio de la cr\u00edtica postdesarrollista. No obstante, implican tambi\u00e9n una serie de l\u00edmites, de \u201ccallejones sin salida\u201d\u00a0 que generan indeterminaciones en la propuesta de alternativas. Estos l\u00edmites ponen en relaci\u00f3n el modo de problematizaci\u00f3n, el diagn\u00f3stico por decirlo de alguna manera, y las opciones de transformaci\u00f3n que surgen de ese enfoque general. En ambas posiciones esos l\u00edmites muestran tanto tensiones internas como la repetici\u00f3n de propuestas que se aplicaron en otros momentos y sobre lo cual la discusi\u00f3n en ambas posiciones resulta inexistente.<\/p>\n<p>Los l\u00edmites se\u00f1alados se explican por la d\u00e9bil inclusi\u00f3n del problema del capital como un problema central. La ausencia de una problematizaci\u00f3n sobre la din\u00e1mica de acumulaci\u00f3n capitalista es la que conduce a los entrampamientos identificados en el campo de debate. En realidad, al interior de este campo no existe una real problematizaci\u00f3n de la acumulaci\u00f3n de capital, esto tiene un car\u00e1cter marginal o es objeto de menciones superficiales. La raz\u00f3n para ello tiene que ver con que la problematizaci\u00f3n que predomina en el campo de debate es otra, aquella que coloca en el centro al extractivismo y el desarrollo. Esta denegaci\u00f3n de la centralidad del problema del capital est\u00e1 precisamente relacionada con el modo en que se configura la pol\u00edtica postmoderna en tanto encubrimiento del capital como fundamento del orden social contempor\u00e1neo (Zizek, 1998). Por lo dem\u00e1s, esta denegaci\u00f3n hace dif\u00edcil una interpretaci\u00f3n materialista de la naturaleza, la civilizaci\u00f3n occidental y el <em>sumak kawsay<\/em>. En contrapartida se impone expl\u00edcita o impl\u00edcitamente cierto esencialismo culturalista que bloquea cualquier forma de interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Entonces el campo de debate analizado no puede romper de modo definitivo con el campo de la pol\u00edtica del consenso; se halla inmerso en \u00e9l y de ah\u00ed se derivan sus l\u00edmites y las paradojas en las que se ven inmersos tanto los defensores del neodesarrollismo como los cr\u00edticos postdesarrollistas. La ausencia del marxismo como una fuente para la construcci\u00f3n de esta nueva l\u00ednea cr\u00edtica puede entenderse como la causa principal de esa imposibilidad de superaci\u00f3n de la situaci\u00f3n de denegaci\u00f3n de la pol\u00edtica que se impuso en la \u00e9poca de hegemon\u00eda neoliberal y auge del postmodernismo. Sin embargo, las guerras de Medio Oriente, la primavera \u00e1rabe, la crisis financiera de 2008, el ascenso de los gobiernos \u201cprogresistas\u201d en Am\u00e9rica Latina y la emergencia de los BRICS nos han devuelto al mundo de la \u201cpol\u00edtica real\u201d, han abierto la posibilidad de un retorno a la pol\u00edtica como antagonismo radical y a la discusi\u00f3n de la universalidad. En estas condiciones, la necesidad de volver a colocar al capital en el centro de la discusi\u00f3n sobre las alternativas de transformaci\u00f3n es una tarea urgente tanto en el campo te\u00f3rico como en el pol\u00edtico.<\/p>\n<p>En definitiva, es posible observar que est\u00e1 abierta la opci\u00f3n de recuperar a la pol\u00edtica como lo que es en realidad: antagonismo radical y universalidad de la lucha por la igualdad. Por supuesto que esto obliga a una redefinici\u00f3n de la izquierda, sobre todo, en funci\u00f3n de la necesidad de articular esa repolitizaci\u00f3n del campo del debate sobre la base de lo ya avanzado como cr\u00edtica desde el ecologismo y el culturalismo. Sin embargo, no hay que llamarse a enga\u00f1o, no se puede caer precisamente en la trampa de la pol\u00edtica consensual; esto supone un ejercicio de cr\u00edtica implacable que haga posible liberar a estos discursos de sus engarzamientos con la denegaci\u00f3n de la pol\u00edtica, no se trata de una \u201cecolog\u00eda de saberes\u201d o cualquier otro modo de metaforizar la pol\u00edtica del consenso, se trata de obligar al discurso del ecologismo y el culturalismo a dar todo de s\u00ed, de llevarlo al extremo de su pretensi\u00f3n de superaci\u00f3n del materialismo hist\u00f3rico, hasta que este pueda reconstruirse sobre la base de la interpretaci\u00f3n radical del capital como el eje del orden social contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1><a name=\"_Toc373742425\"><\/a>Bibliograf\u00eda<\/h1>\n<p>Acosta, A. (2000). <em>El Ecuador post petrolero.<\/em> Quito: Acci\u00f3n Ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Acosta, A. (2009). <em>La maldici\u00f3nd de la abundancia.<\/em> Quito: Abya-Yala.<\/p>\n<p>Acosta, A. (2010). Maldiciones que amenazan la democracia. <em>Nueva Sociedad<\/em>.<\/p>\n<p>Acosta, A. (2011). Extractivismo y neoextractivismo: Dos caras de la misma maldici\u00f3n. En M. Lang, &amp; D. c. Mokrani, <em>M\u00e1s all\u00e1 del desarrollo<\/em> (p\u00e1gs. 83-118). Quito: Abya-Yala \/ Fundaci\u00f3n Rosa Luxemburg.<\/p>\n<p>Acosta, A., Mart\u00ednez, E., &amp; Sacher, W. (2012). <em>Salir del extractivismo: una condici\u00f3n para el Sumak Kawsay. Propuestas sobre petr\u00f3leo, miner\u00eda y energ\u00eda en Ecuador.<\/em> mimeo.<\/p>\n<p>Amin, S. (2010). <em>Escritos para la transici\u00f3n.<\/em> La Paz: Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia.<\/p>\n<p>Arrighi, G. (1999). <em>El largo siglo XX. Dinero y poder en los or\u00edgenes de nuestra \u00e9poca.<\/em> Madrid: Akal.<\/p>\n<p>Bebbington, A. (2007). Elementos para una ecolog\u00eda pol\u00edtica de los movimiento sociales y el desarrollo territorial en zonas mineras. En A. Bebbington, <em>Miner\u00eda, movimientos sociales y respuestas campesinas: una ecolog\u00eda pol\u00edtica de las transformaciones territoriales<\/em> (p\u00e1gs. 23-46). Lima: IEP \/ CEPES.<\/p>\n<p>Bravo, E. (2007). <em>Los impactos de la explotaci\u00f3n petrolera en ecosistemas tropicales y la biodiversidad.<\/em> Quito: Acci\u00f3n Ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Bresser-Pereira, L. C. (2007). Estado y mercado en el nuevo desarrollismo. <em>Nueva Sociedad<\/em>(210), 110-125.<\/p>\n<p>Burkett, P. (1999). <em>Marx and nature : a red and green perspective.<\/em> New York: St. Martin&#8217;s Press.<\/p>\n<p>Burkett, P. (2006). <em>Marxism and Ecological Economics. Toward a Red and Green Political Economy.<\/em> Brill: Boston.<\/p>\n<p>Bustamante , T., &amp; Jarr\u00edn , M. (Enero de 2005). Impactos sociales de la actividad petrolera en Ecuador: un an\u00e1lisis de los indicadores . <em>Iconos. Revista de Ciencias Sociales,<\/em>(21).<\/p>\n<p>Cardoso, F. H., &amp; Faletto, E. (2002). <em>Dependencia y desarrollo.<\/em> M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n<p>Carrasco, C. (2005). Pol\u00edticas nuevas para viejos problemas. En A. Acosta, &amp; F. Falcon\u00ed (Edits.), <em>Asedios a lo imposible. Propuestas econ\u00f3micas en construcci\u00f3n<\/em> (p\u00e1gs. 145-166). Quito: FLACSO-Sede Ecuador \/ ILDIS-FES.<\/p>\n<p>Correa, R. (2005). Otra econom\u00eda es posible. En A. Acosta, &amp; F. Falcon\u00ed (Edits.), <em>Asedios a lo imposible. Propuestas econ\u00f3micas en construcci\u00f3n.<\/em> Quito: FLACSO-Sede Ecuador \/ ILDIS-FES.<\/p>\n<p>Cueva, A. (2001). <em>El desarrollo del capitalismo en Am\u00e9rica Latina.<\/em> M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n<p>Eagleton, T. (1997). <em>Ideolog\u00eda. Una introducci\u00f3n.<\/em> Buenos Aires : Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>Echeverr\u00eda , B. (2010b). <em>Modernidad y blanquitud.<\/em> M\u00e9xico: Era.<\/p>\n<p>Echeverr\u00eda, B. (1995). <em>Las ilusiones de la modernidad.<\/em> M\u00e9xico: UNAM \/ El Equilibrista.<\/p>\n<p>Echeverr\u00eda, B. (2010a). <em>Definici\u00f3n de la cultura.<\/em> M\u00e9xico: FCE \/ Itaca.<\/p>\n<p>Falcon\u00ed, F. (2002). <em>Econom\u00eda y desarrollo sostenible. \u00bfMatrimonio feliz o divorcio anunciado? El caso de Ecuador, .<\/em> Quito: FLACSO-Sede Ecuador.<\/p>\n<p>Falcon\u00ed, F., &amp; Larrea, C. (2003). <em>Impactos ambientales de las pol\u00edticas de Liberalizaci\u00f3n externa y los flujos de capital: El caso de Ecuador.<\/em> Quito: FLACSO-Sede Ecuador.<\/p>\n<p>Fontaine, G. (Ed.). (2003). <em>Petr\u00f3leo y desarrollo sostenible. 1. Las reglas de juego.<\/em> Quito: FLACSO-Sede Ecuador.<\/p>\n<p>Fontaine, G. (2003b). <em>El precio del petr\u00f3leo. Conflictos socio-ambientales y gobernabilidad en la Regi\u00f3n Amaz\u00f3nica.<\/em> Quito: FLACSO-Sede Ecuador \/IFEA.<\/p>\n<p>Fontaine, G. (2003c). Apuntes a una sociolog\u00eda del conflicto socio-ambiental. En G. Fontaine (Ed.), <em>Petr\u00f3leo y desarrollo sostenible. 1. Las reglas de juego<\/em> (p\u00e1gs. 69-104). Quito: FLACSO-Sede Ecuador \/ PETROECUADOR.<\/p>\n<p>Fontaine, G. (2003e). <em>Informe final. Proyecto FLACSO \u2013 PETROECUADOR. Segunda fase. Estudio sobre los conflictos socio ambientales en los campos Sacha y Shushufindi (1994-2002).<\/em> Quito: FLACSO \/ PETROECUADOR.<\/p>\n<p>Foster, J. B. (2000). <em>Marx&#8217;s Ecology. Materialism and Nature.<\/em> New York: Monthly Review Press.<\/p>\n<p>Frank, A. G. (1966 [2005]). El desarrollo del subdesarrollo. <em>Monthly Review Selecciones en Castellano<\/em>, 145-157.<\/p>\n<p>Gramsci, A. (1977). Quaderni 13. Noterelle sulla politica del Machiavelli. En A. Gramsci, <em>Quaderni del carcere<\/em> (p\u00e1gs. 1553-1652). Torino: Giulio Einaudi.<\/p>\n<p>Gudynas, E. (2009). Diez tesis urgentes sobre el nuevo extractivismo. Contextos y demandas bajo el progresismo sudamericano actual. En J. Sculdt, <em>Extractivismo, pol\u00edtica y sociedad<\/em> (p\u00e1gs. 187-225). Quito: CAAP \/ CLAES.<\/p>\n<p>Gudynas, E. (2011). M\u00e1s all\u00e1 del nuevo extractivismo: transiciones sostenibles y alternativas al desarrollo. En F. Wanderley, <em>El desarrollo en cuesti\u00f3n. Reflexiones desde Am\u00e9rica Latina<\/em> (p\u00e1gs. 379-410). La Paz: Oxfam y CIDES UMSA.<\/p>\n<p>Gudynas, E. (2011a). Sentidos, opciones y \u00e1mbitos de las transiciones al postextractivismo. En M. Lang, &amp; D. Mokrani, <em>M\u00e1s all\u00e1 del desarrollo<\/em> (p\u00e1gs. 265-298). Quito: Abya-Yala \/ Fundaci\u00f3n Rosa Luxemburg.<\/p>\n<p>Gudynas, E. (2011c). Alcances y contenidos de las transiciones al Post-Extractivismo. <em>Ecuador debate<\/em>, 61-80.<\/p>\n<p>Huanacuni Mamani, F. (2010). <em>Buen Vivir \/ Vivir Bien. Filosof\u00eda, pol\u00edticas, estrategias y experiencias regionales andinas.<\/em> Lima: CAOI.<\/p>\n<p>Jochnick, C. e. (1994). <em>Violaciones de derechos en la Amazon\u00eda ecuatoriana: consecuencias humanas del desarrollo petrolero.<\/em> Quito: CDES \/ Abya-Yala.<\/p>\n<p>Kay, C. (1991). Teor\u00edas latinoamericanas del desarrollo. <em>Nueva Sociedad<\/em>, 101-113.<\/p>\n<p>Kimerling, J. (1993). <em>Crudo Amaz\u00f3nico.<\/em> Quito: Abya-Yala.<\/p>\n<p>Lander, E. (Ed.). (1996). <em>El l\u00edmite de la civilizaci\u00f3n industrial. Perspectivas latinoamericanas en torno al postdesarrollo.<\/em> Caracas: Faces.<\/p>\n<p>Lang, M. (2011). Pr\u00f3logo. Crisis civilizatoria y desaf\u00edos para la izquierdas. En M. Lang , &amp; D. Mokrani, <em>M\u00e1s all\u00e1 del desarrollo<\/em> (p\u00e1gs. 7-18). Quito: Abya-Yala \/ Fundaci\u00f3n Rosa Luxemburg.<\/p>\n<p>Larrea, C. (2006). Petr\u00f3leo y estrategias de desarrollo en el Ecuador. En G. Fontaine (Ed.), <em>Petr\u00f3leo y desarrollo sostenible. 3. Las ganancias y las p\u00e9rdidas<\/em> (p\u00e1gs. 57-68). Quito: FLACSO-Sede Ecuador \/ ILDIS \/ PETROBRAS.<\/p>\n<p>L\u00f3pez, V. (2002). Amazon\u00eda centro-sur: Pueblos ind\u00edgenas, estado y petr\u00f3leo en el Ecuador. En M. Melo, <em>Petr\u00f3leo, Ambiente y Derechos en la Amazon\u00eda Centro Sur.<\/em> Quito: CDES \/ OPIP \/ IACYT-A.<\/p>\n<p>Maldonado, A., &amp; Narv\u00e1ez, A. (2003). <em>Ecuador ni es ni ser\u00e1 pa\u00eds amaz\u00f3nico. Inventario de impactos petroleros 1.<\/em> Quito: Acci\u00f3n Ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Marini, R. (1991). <em>Dial\u00e9ctica de la dependencia.<\/em> M\u00e9xico: Era.<\/p>\n<p>Marini, R. M. (2008). Las razones del neodesarrollismo (respuesta a F.H. Cardoso y J. Serra). En R. M. Marini, <em>Am\u00e9rica Latina, dependencia y globalizaci\u00f3n<\/em> (p\u00e1gs. 165-233). Bogot\u00e1: CLACSO.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez Alier, J. (1995). <em>De la econom\u00eda ecol\u00f3gica al ecologismo popular.<\/em> Barcelona: Icaria.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez Alier, J. (1998). <em>Curso de econom\u00eda ecol\u00f3gica.<\/em> M\u00e9xico: PNUMA.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez Alier, J., &amp; S\u00e1nchez, J. (2004). Cuestiones distributivas de econom\u00eda ecol\u00f3gica. En F. Falcon\u00ed, &amp; J. Oleas Montalvo (Edits.), <em>Antolog\u00eda. Econom\u00eda ecuatoriana<\/em> (p\u00e1gs. 205-229). Quito: FLACSO-Sede Ecuado.<\/p>\n<p>Marx, K. (1987). <em>Miseria de la filosof\u00eda. Respuesta a la \u00abFilosof\u00eda de la miseria\u00bb de Proudhon<\/em> (10ma. ed.). M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n<p>MCPEC. (s\/f). <em>Agenda de transformaci\u00f3n productiva.<\/em> Quito: MCPEC.<\/p>\n<p>Moreano, A. (1991). El sistema pol\u00edtico en el Ecuador contempor\u00e1neo. En E. Ayala Mora (Ed.), <em>Nueva Historia del Ecuador<\/em> (Vol. 11, p\u00e1gs. 181-219). Quito: Corporaci\u00f3n Editora Nacional.<\/p>\n<p>Ortiz, P. (2002). Explotaci\u00f3n petrolera y pueblos ind\u00edgenas en el Centro de la Amazon\u00eda Ecuatoriana, provincia de Pastaza. En M. Melo, <em>Petr\u00f3leo, Ambiente y derechos en la Amazon\u00eda Centro Sur.<\/em> Quito: CDES \/ OPIP \/ IACYT-A.<\/p>\n<p>Ortiz, P. (2011).<\/p>\n<p>Pachano, S. (2003). Ciudadan\u00eda e identidad. En S. Pachano (Ed.), <em>Antolog\u00eda. Ciudadan\u00eda e identidad<\/em> (p\u00e1gs. 13-66). Quito: FLACSO-Sede Ecuador.<\/p>\n<p>Prebisch, R. (1950 (1986)). El desarrollo econ\u00f3mico de la Am\u00e9rica Latina y algunos de sus principales problemas. <em>Desarrollo econ\u00f3mico<\/em>, 480-502.<\/p>\n<p>Ram\u00edrez, R. (s\/f). <em>Socialismo del Sumak Kawsay o biosocialismo republicano.<\/em> s\/l: SENPLADES.<\/p>\n<p>Ranci\u00e8re, J. (1995). <em>On the Shores of Politics.<\/em> London &#8211; New York: Verso.<\/p>\n<p>Ranci\u00e8re, J. (1996). <em>El desacuerdo. Pol\u00edtica y filosof\u00eda.<\/em> Buenos Aires: Nueva Visi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ranci\u00e8re, J. (2005). <em>Sobre pol\u00edticas est\u00e9ticas.<\/em> Barcelona: Muse u d&#8217; Art Cor\u00edtempqrani de Barcelona y Servei de Publicacions de la Universitat Autonoma de Barcelona.<\/p>\n<p>Ruiz Acosta, M. (2012). <em>Industrias extractivas y acumulaci\u00f3n de capital en el Ecuador contempor\u00e1neo.<\/em> Quito: mimeo.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez Parga, J. (2011). Discursos retrovolucionarios: sumak kawsay, derechos de la naturaleza y otros pachamamismos. <em>Ecuador debate<\/em>(84), 31-50.<\/p>\n<p>S\u00e1nchez, J. (2005). La cuesti\u00f3n soial y la pol\u00edtica p\u00fablica: algunas sugerencias para el caso ecuatoriano. En A. Acosta, &amp; F. Falcon\u00ed (Edits.), <em>Asedios a lo imposible. Propuestas econ\u00f3micas en construcci\u00f3n<\/em> (p\u00e1gs. 79-97). Quito: FLACSO-Sede Ecuador \/ ILDIS-FES.<\/p>\n<p>Santos, B. d. (2010). <em>Refundaci\u00f3n del Estado en Am\u00e9rica Latina. Perspectivas desde una epistemolog\u00eda del Sur.<\/em> Quito: Abya-Yala.<\/p>\n<p>Schuldt, J. e. (2009). <em>Extractivismo, pol\u00edtica y sociedad.<\/em> Quito: CAAP \/ CLAES.<\/p>\n<p>Schuldt, J., &amp; Acosta, A. (2009). Petr\u00f3leo, rentismo y subdesarrollo \u00bfUna maldici\u00f3n sin soluci\u00f3n? En J. Schuldt, <em>Extractivismo, pol\u00edtica y sociedad<\/em> (p\u00e1gs. 9-40). Quito: CAAP \/ CLAES.<\/p>\n<p>SENPLADES. (2009). <em>Plan Nacional del Buen Vivir 2009-2013.<\/em> Quito: SENPLADES.<\/p>\n<p>Simba\u00f1a, F. (2011). El sumak kawsay como proyecto pol\u00edtico. En M. Lang, &amp; D. Mokrani (Edits.), <em>M\u00e1s all\u00e1 del desarrollo<\/em> (p\u00e1gs. 219-226). Quito: Abya-Yala \/ Fundaci\u00f3n Rosa Luxemburg.<\/p>\n<p>Svampa , M., &amp; Sola \u00c1lvarez, M. (2010). Modelo minero, resistencias sociales y estilos de desarrollo: los marcos de discusi\u00f3n en la Argentina. <em>Ecuador debate<\/em>, 105-126.<\/p>\n<p>Tortosa, J. M. (2011). <em>Mal desarrollo y mal vivir. Pobreza y violencia a escala mundial.<\/em> Quito: Abya-Yala \/ .<\/p>\n<p>Unceta, K. (2009). <em>Desarrollo, subdesarrollo, maldesarrollo y postdesarrollo.Una mirada transdisciplinar sobre el debate y sus implicaciones.<\/em> CLAES.<\/p>\n<p>Vallejo, M. C. (2010). Perfil socio-metab\u00f3lico de la Econom\u00eda Ecuatoriana. <em>Ecuador debate<\/em>(79), 47-60.<\/p>\n<p>Wallerstein, I. (1974). <em>The Modern World-System. Capitalist agriculture and the Origins of European World-Economy in the Sixteethn Century .<\/em> New York: Academic Press.<\/p>\n<p>Walsh, C. (2002). (De) Construir la interculturalidad. Consideraciones cr\u00edticas desde la pol\u00edtica, la colonialidad y los movimientos ind\u00edgenas y negros del Ecuador. En N. Fuller (Ed.), <em>Interculturalidad y Pol\u00edtica: desaf\u00edos y posibillidades<\/em> (p\u00e1gs. 115-141). Lima: Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Per\u00fa.<\/p>\n<p>Zizek, S. (1998). Multiculturalismo o la l\u00f3gica cultural del capitalismo multinacional. En F. Jameson, &amp; S. Zizek, <em>Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo<\/em> (p\u00e1gs. 137-188). Buenos Aires &#8211; Barcelona &#8211; M\u00e9xico: Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>\u017di\u017eek, S. (2001). Un alegato izquierdista contra el eurocentrismo. En <em>Capitalismo y geopol\u00edtica del conocimiento: El eurocentrismo y la filosof\u00eda de la liberaci\u00f3n en el debate intelectual contempor\u00e1neo<\/em> (p\u00e1gs. 173-200). Buenos Aires: Ediciones del Signo.<\/p>\n<p>\u017di\u017eek, S. (2008). <em>Violence. Six Sideways Reflections.<\/em> New York: Picador.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Esta denominaci\u00f3n hace referencia al descubrimiento de varios yacimientos de importancia en la Amazonia ecuatoriana a finales de los a\u00f1os 60 e inicios de los 70; y, sobre todo, al inicio de las exportaciones de petr\u00f3leo ocurrida en 1972. El efecto del petr\u00f3leo transform\u00f3 radicalmente la econom\u00eda ecuatoriana dando lugar a un significativo crecimiento econ\u00f3mico, una ampliaci\u00f3n de los sectores medios y una acelerada urbanizaci\u00f3n (Larrea, 2006). La dictadura militar encabezada por Guillermo Rodr\u00edguez Lara ejecut\u00f3 con mayor solvencia un programa dirigido a la superaci\u00f3n de la dependencia de la exportaci\u00f3n primaria mediante un modelo de industrializaci\u00f3n por sustituci\u00f3n de importaciones (ISI) y otras medidas de tipo desarrollista con el Estado como eje de la inversi\u00f3n. Este antecedente es fundamental para comprender mejor el momento actual; en definitiva, estamos frente a una re-edici\u00f3n o actualizaci\u00f3n de aquel programa luego del nefasto interludio neoliberal. En aquel tiempo se ech\u00f3 mano de la manida f\u00f3rmula que hablaba de \u201csembrar el petr\u00f3leo\u201d para dar cuenta de que esa actividad primaria servir\u00eda para financiar el \u201cgran salto hacia adelante\u201d que llevar\u00eda al pa\u00eds a convertirse en una econom\u00eda desarrollada, fundada en la productividad y no en la renta. Discurso que guarda enormes semejanzas con el programa gubernamental actual. Por otro lado, como un dato interesante conviene mencionar que varios de los proyectos estrat\u00e9gicos que se impulsan por parte del gobierno de Rafael Correa fueron concebidos y proyectados originalmente en el gobierno militar de aquella \u00e9poca (refiner\u00edas, hidroel\u00e9ctricas, carreteras, etc.)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Siguiendo a Gramsci (1977) la hegemon\u00eda debe darse en dos \u00e1mbitos: al interior de las clases dominantes, cuando un sector logra constituir su direcci\u00f3n como la que engloba a todas las clases dominantes; y, hacia los sectores subalternos que asumen tambi\u00e9n esa direcci\u00f3n como suya a trav\u00e9s del consenso. Retomando esta perspectiva, Moreano (1991) propone que el problema de la hegemon\u00eda en el Ecuador halla su explicaci\u00f3n en la imposibilidad de las clases dominantes por resolver el primer problema de direcci\u00f3n, el cual es indispensable para conseguir el segundo. La fragmentaci\u00f3n regional de las clases dominantes habr\u00eda impedido un proceso de esa naturaleza.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Por citar un ejemplo paradigm\u00e1tico de estas disputas, entre 1992 y 1996 estuvo en el poder un \u201cpartido de ocasi\u00f3n\u201d creado para las elecciones de ese per\u00edodo y para aglutinar a ciertos sectores de la derecha: Unidad Republicana. Este partido condujo a la presidencia a Sixto Dur\u00e1n Ball\u00e9n, un destilado representante de la derecha m\u00e1s conservadora que se hab\u00eda separado del derechista Partido Social Cristiano, organizaci\u00f3n con la cual disput\u00f3 la segunda vuelta electoral. Una final electoral entre dos representantes de la m\u00e1s rancia derecha ecuatoriana da la medida de c\u00f3mo andaban las cosas en esos a\u00f1os en el Ecuador. El punto es que el gobierno de Dur\u00e1n Ball\u00e9n es \u2013sin lugar a dudas- el gobierno que se plante\u00f3 con mayor claridad y decisi\u00f3n un programa neoliberal propiamente dicho, m\u00e1s que medidas sueltas hab\u00eda todo un plan de liberalizaci\u00f3n econ\u00f3mica y privatizaciones. Sin embargo, este programa no pudo llevarse a cabo, entre otros factores, por la intransigente oposici\u00f3n de los socialcristianos en el Congreso, quienes sabotearon permanentemente al gobierno en su intento privatizador. Esto se convirti\u00f3, en rigor, en un <em>modus operandi<\/em> socialcristiano, este partido pod\u00eda desde el parlamento subordinar a los gobiernos y bloquear cualquier intento de pol\u00edtica aut\u00f3noma de estos.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Es indudable que los intentos por definir el car\u00e1cter de los actuales gobiernos latinoamericanos no dejan de ser confusos. Etiquetas como \u201cprogresistas\u201d, \u201cpostneoliberales\u201d, \u201cneopopulistas\u201d e inclusive \u201cneoextractivistas\u201d se convierten en conceptos descriptivos con escasa capacidad explicativa y cuyo significado se torna excesivamente general. Si se considera que, con diferencias importantes, estos gobiernos recuperan buena parte de los postulados centrales del desarrollismo latinoamericano de otras \u00e9pocas, resulta m\u00e1s apropiado definirlos como neodesarrollistas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> De modo general, se puede se\u00f1alar que el postdesarrollo incluye al postextractivismo. En el debate ecuatoriano el postdesarrollo estar\u00eda m\u00e1s vinculado con la noci\u00f3n de <em>sumak kawsay.<\/em> En este trabajo tratamos de aproximarnos a ambas perspectivas, aunque, en ocasiones, propendamos a englobarlas en el concepto de postdesarrollismo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Una de las referencias m\u00e1s recurrentes del gobierno sobre lo que ser\u00eda su \u201cmodelo a seguir\u201d es el caso de los \u201ctigres asi\u00e1ticos\u201d. En un extravagante exceso el gobierno difundi\u00f3 la idea de que el Ecuador era el \u201cjaguar latinoamericano\u201d. Este pintoresco ejemplo pone en evidencia la concepci\u00f3n desarrollista que anima su programa pol\u00edtico.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Hay que aclarar que no es tan f\u00e1cil la clasificaci\u00f3n de las posturas que pueden definirse con esta tendencia general. Por ejemplo, vinculadas con el postdesarrollo aparecen perspectivas como las del \u201cetnodesarrollo\u201d o las que critican el \u201cmaldesarrollo\u201d. En sentido estricto, posiciones como estas supondr\u00edan que se trata de \u201ccorregir\u201d \u2013radicalmente si se quiere- la forma actual del desarrollo, pero no necesariamente abandonarlo. No obstante, incluimos estas perspectivas en el postdesarrollismo porque identificamos como elemento b\u00e1sico de esta tendencia la cr\u00edtica radical al concepto de desarrollo sobre la base de las teor\u00edas post y decoloniales, as\u00ed como la que proviene de la ecolog\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Incluso sobre esto hay ciertas discrepancias. En el contexto regional del debate, por ejemplo, Bebbington (2007) se refiere, sin necesariamente discutir demasiado el concepto, a \u201cindustrias extractivas\u201d; mientras que, desde otros puntos de vista se sostiene que no es posible definirlas como industrias porque \u201csolo extraen\u201d un recurso natural y no lo procesan industrialmente o lo hacen con una muy baja \u201cagregaci\u00f3n de valor\u201d, por lo que sostienen que es correcto hablar de \u201cactividades\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Un buen ejemplo de este modo de abordaje se encuentra en el trabajo <em>El Ecuador post petrolero<\/em>\u00a0 publicado por Acci\u00f3n Ecol\u00f3gica (Acosta, et. al., 2000). El enfoque se limita a una discusi\u00f3n de la actividad petrolera y la problematizaci\u00f3n del extractivismo como un fen\u00f3meno m\u00e1s amplio relacionado con la din\u00e1mica conjunta de un sector econ\u00f3mico compuesto por varias actividades similares, o como un modelo econ\u00f3mico se halla completamente ausente. De hecho, en un trabajo de varios autores, mucho m\u00e1s cercano en el tiempo, el tratamiento que se hace del extractivismo restringe claramente su tratamiento al petr\u00f3leo y la miner\u00eda (Schuldt, et. al., 2009). Es m\u00e1s, solo en uno de los ensayos ah\u00ed presentados se hace expl\u00edcito el concepto de extractivismo (Gudynas, 2009), el cual se refiere principalmente a esas actividades, aunque muy marginalmente plantea la extensi\u00f3n de esta definici\u00f3n a otras actividades.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Formulada en los mismos t\u00e9rminos esta misma definici\u00f3n aparece en otros contextos anal\u00edticos referidos a la \u201cparadoja de la abundancia\u201d o la \u201cmaldici\u00f3n de la abundancia\u201d\u00a0(Schuldt &amp; Acosta, 2009; Acosta A. , 2009).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> De entre algunos de los trabajos m\u00e1s importantes ver Kimerling (1993), Jochnick (1994), Fontaine (2003b; 2003c; 2003e), Bustamante &amp; Jarr\u00edn (2005), Falcon\u00ed (2002), Falcon\u00ed &amp; Larrea, (2003), L\u00f3pez (2002).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> Estas consideraciones ponen de manifiesto uno de los nudos cr\u00edticos del postextractivismo, y de la econom\u00eda ecol\u00f3gica en general, su ac\u00e9rrima cr\u00edtica a las perspectivas neocl\u00e1sicas de valoraci\u00f3n de la naturaleza terminan, luego de un largo rodeo, volviendo a discutir la posibilidad de que un \u201cmercado corregido\u201d asigne \u201cprecios reales\u201d a los bienes naturales que son objeto de las actividades extractivas. M\u00e1s adelante retomaremos, con algo m\u00e1s de detalle, algunos de los puntos centrales de la larga discusi\u00f3n existente al respecto, en la cual es posible encontrar una de las fuentes m\u00e1s importantes de la argumentaci\u00f3n postextractivista ecuatoriana. Por el momento es importante tener en cuenta el se\u00f1alamiento que Burkett (2006) hace en relaci\u00f3n a esta contradicci\u00f3n de la econom\u00eda ecol\u00f3gica: m\u00e1s all\u00e1 de la cr\u00edtica que esta se propone, termina bloqueando sus posibilidades de ruptura con la \u201ceconom\u00eda ambiental\u201d y el sustrato te\u00f3rico neocl\u00e1sico que la sustenta, esto se debe \u2013en buena medida- a la destituci\u00f3n de una comprensi\u00f3n m\u00e1s precisa del capitalismo desde el enfoque marxista.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> Como se ha mencionado, estos son elementos constitutivos de la modalidad extractivista o primario exportadora en el an\u00e1lisis de los cr\u00edticos postextractivistas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> Aqu\u00ed no tratamos en absoluto las contundentes cr\u00edticas que se hicieron al concepto y al esquema de clasificaci\u00f3n de las econom\u00edas exportadoras primarias planteado por Cardoso y Faletto. Procuraremos retomarlo m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> Esto es m\u00e1s cr\u00edtico si se considera que la discusi\u00f3n al respecto en Am\u00e9rica Latina fue de enorme riqueza y profundidad, pero de ning\u00fan modo qued\u00f3 enteramente saldada. Por mencionar dos de las m\u00e1s sugerentes posturas al respecto. Mientras para autores como Gunder Frank (Frank, 1966 [2005]), efectivamente nuestro continente pas\u00f3 a formar parte del capitalismo mundial desde la imposici\u00f3n de los reg\u00edmenes coloniales; para otros como Ruy Mauro Marini (Marini R. , 1991) o Agust\u00edn Cueva (Cueva, 2001) en realidad se puede hablar de capitalismo en Am\u00e9rica Latina desde aproximadamente la segunda mitad del siglo XIX debido a la definitiva vinculaci\u00f3n de las econom\u00edas latinoamericanas al mercado capitalista mundial como resultado de la expansi\u00f3n que este experimenta como efecto de la revoluci\u00f3n industrial. De otro lado, y muy estrechamente vinculada a este debate, est\u00e1 toda la discusi\u00f3n sobre el capitalismo entendido como \u201csistema-mundo\u201d (Wallerstein, 1974; Arrighi, 1999) que podr\u00eda abonar significativamente en la discusi\u00f3n de la viabilidad de ciertas alternativas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref16\" name=\"_ftn16\">[16]<\/a> Entre otras cosas no vamos a entrar en la discusi\u00f3n de si la modernidad es una sola o hay distintas versiones hist\u00f3ricas de ella, de si siempre se ha sustentado \u2013siendo una o varias- en la idea de progreso, de si hay una sola noci\u00f3n de progreso, de si efectivamente el desarrollo no es otra cosa que un suced\u00e1neo del progreso, etc.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref17\" name=\"_ftn17\">[17]<\/a> Al referirse a la cr\u00edtica al desarrollo con la que se identifica, Gudynas se\u00f1ala expl\u00edcitamente que te\u00f3ricos como Arturo Escobar se nutren directamente del posestructuralismo de tipo foucaultiano (p\u00e1g. 45). No obstante, dado el peso que en las perspectivas postcolonial y decolonial tiene el registro \u201cnarrativo\u201d y \u201cdiscursivo\u201d, estas parecen aproximarse m\u00e1s al deconstruccionismo derridiano que a la noci\u00f3n de discurso como \u201cdispositivo\u201d o \u201ctecnolog\u00eda\u201d de poder tal como la entiende Foucault.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref18\" name=\"_ftn18\">[18]<\/a> Con esto no queremos decir que haya una preocupaci\u00f3n central por establecer fuentes conceptuales sobre tales consideraciones. Entendiendo el sentido y el contexto de estos trabajos, no tiene por qu\u00e9 haberlo; pero, en funci\u00f3n de la necesidad de trazar un \u201cmapa\u201d de las l\u00edneas de interpretaci\u00f3n ensayadas por la cr\u00edtica al desarrollo y al extractivismo hacemos este esfuerzo por darles ciertas coordenadas te\u00f3ricas que, al final y sobre todo, terminan siendo pol\u00edticas. Por lo dem\u00e1s, no evaluamos posiciones declarativas, tratamos de ubicar las distintas variaciones que puede tener la cr\u00edtica postdesarrollista en el orden de su argumentaci\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref19\" name=\"_ftn19\">[19]<\/a> La discusi\u00f3n sobre el sentido \u201crelativo\u201d de la pobreza es muy amplia, pero ilustra muy bien la esencia del problema planteado por estas formas distintas de enfocarlo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref20\" name=\"_ftn20\">[20]<\/a> De hecho, justamente una de las cr\u00edticas m\u00e1s repetidas que se hace al modelo de reforma de la educaci\u00f3n superior es que se piensa crear una \u201cmasa de tecn\u00f3cratas\u201d articulados a las necesidades de las empresas privadas. Si bien la reforma es cuestionable en muchos sentidos, esta cr\u00edtica pone de manifiesto la intenci\u00f3n de promover pol\u00edticas que aseguren el tr\u00e1nsito que propone el gobierno hacia una econom\u00eda m\u00e1s diversificada y, por tanto, menos dependiente del extractivismo, en el sentido estricto, y la agroexportaci\u00f3n, tal como lo establece el programa contenido en el PNBV.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref21\" name=\"_ftn21\">[21]<\/a> En su trabajo sobre alternativas hacia el <em>sumak kawsay<\/em>, Acosta, Mart\u00ednez y Sacher (2012) se\u00f1alan expl\u00edcitamente que se distancian del PNBV, pero esto solo es una menci\u00f3n puntual que no es sustentada.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref22\" name=\"_ftn22\">[22]<\/a> Hay que apuntar que entre los primeros esfuerzos por relativizar el concepto de pobreza se cuenta al Banco Mundial que intent\u00f3 posicionar en su lugar el concepto de vulnerabilidad social (Moser, 1998; Pizarro, 2002). No deja de ser l\u00f3gico que esto haya ocurrido en la \u00e9poca neoliberal, la relativizaci\u00f3n del concepto, relativiza a su vez las responsabilidades de pol\u00edtica social del Estado y reduce las necesidades de intervenciones universales. La contraparte filos\u00f3fica de esta perspectiva fue la del \u201crelativismo cultural\u201d; vinculadas ambas constituyen algo as\u00ed como una \u201cobra maestra\u201d de la ideolog\u00eda.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref23\" name=\"_ftn23\">[23]<\/a> No deja de llamar poderosamente la atenci\u00f3n este hecho. Si las medidas que se proponen en estos intentos por establecer un programa de acciones para la transici\u00f3n son las urgentes y b\u00e1sicas hacia el postextractivismo y el <em>sumak kawsay, <\/em>es realmente preocupante que estos temas no se incluyan con la minuciosidad con la que se tratan otros. No es dif\u00edcil colegir que la preocupaci\u00f3n mayor de estos programas es la disminuci\u00f3n de las presiones sobre los recursos naturales y los impactos ambientales. Dram\u00e1tico resultado final de la cr\u00edtica al \u201cantropocentrismo\u201d.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref24\" name=\"_ftn24\">[24]<\/a> Solo para puntualizar c\u00f3mo el progreso puede significar cosas distintas, en el contexto latinoamericano del siglo XIX, una es la posici\u00f3n de Sarmiento que considera que el progreso es la riqueza material encarnada en el modelo de la sociedad estadounidense; otra, significativamente distinta es la de Rod\u00f3 o Vasconcelos que miran el progreso como un \u201ccrecimiento cultural\u201d que recupere las ra\u00edces grecolatinas o las del mestizaje respectivamente; adem\u00e1s, para ambos era del todo cuestionable esa \u201calienaci\u00f3n\u201d materialista reducida al mejoramiento econ\u00f3mico que pod\u00eda verse en Estados Unidos.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref25\" name=\"_ftn25\">[25]<\/a> Quiz\u00e1 se debe aclarar que cuando decimos \u201cdar cuenta\u201d no nos referimos a asumir sin m\u00e1s la cr\u00edtica de Marx, sino a discutirla y \u2013de ser el caso- proponer un enfoque te\u00f3rico distinto. Creemos que en cierto modo esto es lo que ha intentado la econom\u00eda ecol\u00f3gica al inscribir al marxismo en el \u201cparadigma economicista\u201d (Mart\u00ednez Alier, 1998); no obstante esto dista mucho de ser el resultado de una consistente discusi\u00f3n con los fundamentos de la cr\u00edtica de Marx que aqu\u00ed exponemos.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref26\" name=\"_ftn26\">[26]<\/a> Es recomendable revisar el segundo de los ensayos publicados en la obra mencionada (\u201cLa mediaci\u00f3n hist\u00f3rica de la naturaleza y la mediaci\u00f3n natural de la sociedad\u201d), en el que Schmidt se aproxima a lo que podemos llamar la \u201cmediaci\u00f3n dial\u00e9ctica\u201d existente entre sociedad y naturaleza a partir del examen de la mercanc\u00eda efectuado por Marx. Por lo dem\u00e1s, es significativo que Mart\u00ednez Alier, en su intento por demostrar la \u201cceguera\u201d marxista, ni siquiera mencione, peor a\u00fan discuta, este importante trabajo.    \t<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Centro de Derechos Econ\u00f3micos y Sociales &#8211; CDES El estado [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_siteseo_robots_primary_cat":"","_joinchat":[],"footnotes":""},"categories":[12],"tags":[21],"class_list":["post-5122","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-justiciaambiental","tag-modelo-de-acumulacion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5122","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5122"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5122\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7347,"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5122\/revisions\/7347"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5122"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5122"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/cdes.org.ec\/webantigua\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5122"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}